Las grandes empresas de tecnología y el cambio climático están transformando cómo y dónde vive y trabajan las personas. La inteligencia artificial, el internet y la búsqueda de combustibles sostenibles para el ambiente avanzan a la velocidad de la imaginación. Puede que no se sepa a exactamente cómo los avances en estos campos cambiarán nuestras vidas, nuestras comunidades y nuestro mundo, pero hay dos cosas que son seguras: (1) van a depender del agua y (2) las leyes y los sistemas de gobernanza que regulan el agua no están preparados para hacer frente a las demandas de estos sectores. Cada vez se presta más atención a los aspectos técnicos y de ingeniería para que estas actividades sean más amigables con los recursos hídricos, pero se ha prestado muy poca atención a las implicaciones jurídicas de la reubicación de nuevos usuarios de agua en zonas que ya sufren escasez de agua. Esto tiene que cambiar para que se materialicen los beneficios esperados de estas innovaciones y se eviten peores consecuencias.