La política en la era de la globalización. Crisis de la política tradicional.

Pablo Lorenzini

Diputado de la República de Chile

plorenzini@congreso.cl

Es bueno comenzar a reflexionar sobre el sentido y la práctica de la política en una era de cambios vertiginosos que han puesto en duda el quehacer de la política y de los políticos, acentuando la desafección que esta actividad tiene en la sociedad contemporánea. Esta nueva época de cambios nos va mostrando que una determinada manera de hacer la política ha concluido; la sociedad de la información, las redes sociales, la inmediatez de los conflictos, hacen que surja una nueva forma de enfrentar el problema del poder y su encausamiento racional en decisiones eficaces y compartidas. A eso apuntan estas reflexiones que siguen.

Los Caminos del Poder

Cualquiera sea el estado de desarrollo de una sociedad, sea desde la organización patriarcal hasta los más modernos estadios de desarrollo institucional, aparece con fuerza permanente el problema de la toma de decisiones respecto del conjunto de la sociedad. Una extensa tradición politológica ha intentado definir el objeto y formas de la política, ya desde la antigua Grecia hasta nuestros días. Es que el fenómeno político está siempre presente en la sociedad, bajo distintos aspectos, con énfasis nuevos, con acentos locales, respondiendo a arraigadas tradiciones, cuando no a acuerdos normativos.

Todo esto ha llevado a una profunda meditación sobre el sentido y forma de la política. Si el objetivo de la política es el logro del poder para desde él diseñar y conducir una sociedad ¿cómo administrar ese poder para que no se vuelva despótico y cruel? Lo propio de una sociedad democrática es la toma de decisiones dentro de un sistema participativo en el que manda la mayoría, pero con el respeto irrestricto a los derechos de la minoría que puede eventualmente transformarse en una nueva mayoría asumiendo la alternancia en el poder.

La Constelación del Poder

Surge así la moderna noción de representación política, la que unida a las funciones legislativas y fiscalizadoras serán el sustento de la actividad parlamentaria. La política que antes se hacía en la Corte, ahora tendrá al Parlamento como eje fundamental de su acción.

Junto a este proceso de distribución del poder, la línea que separaba a la sociedad política y a la sociedad civil se fue haciendo cada vez más tenue hasta casi desaparecer en nuestros días. Pero al mismo tiempo ya no sólo existe el poder político como tal, que antes monopolizaba el quehacer de la sociedad y el cual formalmente se dividió en ejecutivo, legislativo y judicial, como una manera de desconcentrarlo. En las modernas sociedades aparecen junto al Poder Político, el Poder Económico, el Poder Militar y el Poder Moral. Cada uno de ellos con una relativa autonomía e íntimamente relacionados con los otros poderes dando origen así a la llamada "constelación del poder".

El Poder Económico en las sociedades modernas goza de gran autonomía toda vez que el Estado ha iniciado una importante labor privatizadora respecto de unidades económicas que antes le pertenecían. Las organizaciones empresariales son, en nuestros días, tan importantes como lo eran otrora las instituciones del Estado.

El Poder Militar, que representa el poder y coacción del Estado, aun cuando se encuentre supeditado al Poder Político representa un poder con la autonomía que da la posesión del monopolio de las armas y ser eventualmente la "última ratio" en las crisis de legitimidad.

El Poder Moral, está constituido por todas aquellas instituciones que producen valores, y por eso no sólo forman parte de él las Iglesias, sino también el sistema educacional en su conjunto y todos los medios de comunicación social.

Todos estos cuatro poderes: Político, Económico, Militar y Moral, interactúan entre ellos, produciendo una determinada "constelación del poder", y caracterizan una sociedad en un momento histórico determinado. En ocasiones podrá primar el Poder Político, en otras el Poder Militar subsume al poder político, como es el caso de los regímenes militares. En otras, el Poder Moral puede adquirir preponderancia sobre los demás poderes, como es el caso de Irán. En nuestros días es innegable el relevante papel que juega el Poder Económico en nuestra sociedad y por los efectos de la globalización, el Poder Económico trasciende las fronteras, imponiendo condiciones planetarias como es el caso de la crisis energética, o el de la crisis "subprime" que ha producido un efecto dominó en los sistemas financieros.

Hacia una Nueva Política

Lo que acabamos de expresar respecto de la legitimidad de la interacción de los distintos poderes que componen una sociedad, nos lleva a reflexionar respecto del cambio que ha experimentado el quehacer político en las últimas décadas del siglo que termina.

La concepción de Estado de Bienestar que surgió tras la Primera Guerra Mundial, hizo de la solución de los problemas sociales la primera prioridad del Estado. Cuando ellos no se pudieron solucionar por la vía del acuerdo político, surgió la participación activa de las Fuerzas Armadas en la arena política. Es la fase en la que se concibe a la política como un combate y es lo que aconteció en varios países Sudamericanos.

Todo este cuadro cambia con la emergencia de la Democracia Cristiana que aspiraba a representar a toda la nación acorralando a izquierdas y derechas. Es la época de los cambios estructurales auspiciados por la Administración Kennedy, bajo la Alianza para el Progreso como una forma de neutralizar el triunfo de la Revolución Cubana. Surge de este modo, la política de bloques que plantean proyectos políticos omnicomprensivos que privilegian el enfrentamiento por sobre el entendimiento en un contexto de Guerra Fría.

A lo anterior hay que añadir el hecho de la creciente desafección de los jóvenes por la política y en general de la sociedad que percibe a los políticos y al Congreso como corruptos. Al respecto es preciso señalar que los políticos no son más virtuosos o menos probos que cualquier otro ciudadano. Se les debe exigir lo que todo ciudadano espera de sus representantes: probidad, eficiencia y espíritu de servicio público. El punto de fondo es que la forma de hacer política ha cambiado con la emergencia de la nueva "constelación del poder" de que hemos hablado anteriormente, y en el cual la sociedad civil participa en forma cada vez más evidente.

Con todo, el problema central es que la política como actividad no puede desaparecer en la sociedad porque ella está llamada a regular el conflicto que existen en toda comunidad humana que busca perfeccionarse.

Al escribir este ensayo hemos querido hacer una reflexión sobre el estado de la política en nuestros días, entendida como una disciplina que tiene un profundo sentido ético toda vez que ella tiene por finalidad trazar las líneas y conducir a los seres humanos hacia mejores estados de vida en sociedad. En esta tarea, el político tiene un papel fundamental de atender, escuchar y encausar el sentir de sus representados. Si esta tarea es incomprendida por unos y rechazada por otros, se debe en gran medida al desencanto que ha producido esta actividad pública en la medida en que ella se ha desentendido de la ética quedándose sólo en un utilitarismo muy estrecho. Para los que profesan la fe cristiana, los políticos son constructores de sociedad que anticipan en su actuar el Reino de Dios, elaborando políticas propositivas. Si algo es preciso rescatar de los antiguos políticos que honraron nuestra historia, es su consecuencia moral entre el decir y el actuar, dentro del marco de la actividad pública la cual siempre estará signada como el arte de lo posible.