La posibilidad de construir la humanidad que merecemos: reflexiones clínico-sociales acerca de la crisis mundial contemporánea

Jaime Costales Peñaherrera
Profesor de la USFQ

RESUMEN

El comunismo y el socialismo "real”, han sido de los sistemas más absurdos, criminales, incompetentes y destructivos que ha inventado la especie humana. Así mismo, el mundo unipolar de la "victoriosa” sociedad de mercado ha generado patologías y daños muy graves como: la psicopatología del consumo, la banalización de la vida, el cinismo, el daño ecológico extremo y el culto fanático por la violencia. Una solución alternativa puede ser el Personalismo Sinérgico y la Planetarización, en los cuales el individuo ha de ejercer su libertad y su creatividad a plenitud, en interacción empática e inteligente con los otros y con el medio natural, sustentándolas en el valor fundamental: el Amor a la Vida


¿Es necesario y posible ver con esperanza el tsunami económico que está viviendo la humanidad desde fines de 2008, mismo que tiene por epicentro la economía más poderosa del mundo, los EEUU, y ha provocado un fuerte efecto dominó en Europa Occidental, Asia, y el resto del mundo, al punto que nuestra Latinoamérica siente ya algunas repercusiones importantes?

A mi juicio, es un momento histórico que, -en medio del caos- nos brinda una brecha brillante para procurar acciones creativas a escala local e internacional, que nos permitan hallar algunas soluciones a los dilemas básicos de nuestro tiempo. Creo incluso, con optimismo sereno, que es un gran momento que nos exige actuar con ingenio, sabiduría, eficacia, sinergia y prontitud, apelando a nuestros poderes humanos superiores, y al mismo tiempo siendo conscientes del enorme riesgo que afrontamos, lo cual exige asumir serenamente nuestra humana fragilidad. El tsunami al que nos referimos también está desplomado sistemas de creencias, valores y actitudes que se han mostrado inadecuados, peligrosos y destructivos para nosotros mismos y para la naturaleza, y casi a gritos nos está pidiendo reaccionar con otra clase de maneras de pensar y de obrar, mucho más sanas y sabias que las predominantes.

Dejo en manos de los especialistas en el tema, el análisis económico de causas y efectos, así como de posibles soluciones en el orden financiero y económico. Dada mi vocación y formación científica en el estudio clínico de las sociedades, puedo aportar con algunas reflexiones en el campo del comportamiento humano, explorando aspectos de la psicología humana internacional de inicios del Tercer Milenio, que puede arrojar luz sobre los hechos, en el afán de contribuir a una comprensión inter y transdisciplinaria de los eventos que estamos viviendo actualmente.

Cuando en 1989 el fin de la Alemania comunista, expresado simbólica y palpablemente en el derrumbe del muro de Berlín, fue la antesala del desvanecimiento casi pacífico de los gobiernos dictatoriales comunistas de Europa del Este, y casi de inmediato, de la mismísima Unión Soviética, los ideólogos del mundo capitalista cantaban loas y victorias, pues en el horizonte parecía que su sistema había triunfado para la eternidad. La sociedad de libre mercado aparecía como triunfadora y en condición del arquetipo de la sociedad superior y exitosa, digna de ser imitada en todos los países del orbe. Sin embargo, paradójicamente, gran parte de la fortaleza de los EEUU y del bloque capitalista, se debía precisamente a la existencia de un adversario peligroso, al menos militarmente, que amenazaba con enfrentarles cara a cara. Una vez que la Guerra Fría concluyó por medio de la revolución de terciopelo guiada por Gorbachov, y más tarde aprovechada maliciosamente por el populista Yeltsin -demagogos que bailan en las tarimas hay en todo lado, no solo en Ecuador-, parecía que la sociedad de mercado se expandiría incontenible y triunfal. También hay que reconocer importantes avances que el comunismo y el socialismo "real" hicieron en algunos planos: mejorando en cierto grado el nivel de vida de la mayoría, desarrollos significativos en la educación, la ciencia, la medicina pública, la literatura y el arte, dando también espacio en la sociedad a los grupos tradicionalmente desaventajados, entre otros.

Sin embargo, los graves errores y procesos inhumanos del comunismo, tienen su contraparte en graves errores y procesos inhumanos de la sociedad de mercado. Los excesos del capitalismo desaforado, por ejemplo, la falta de controles y regulaciones eficaces y sabias, dejaron desatada la avidez por la acumulación ilimitada de riqueza, y ello está empezando a cobrar los costos de sus efectos nocivos a la humanidad entera. Ha reventado la burbuja financiera y una crisis extrema aparece en el horizonte estadounidense, contagiando a buena parte de los países del mundo. La influenza del descalabro financiero mundial, asusta mucho más que la posible pandemia de la gripe "porcina" que se ha presentado como riesgo cierto, en las últimas semanas. La pandemia ya general, es el temor a que el castillo de naipes de la sociedad de mercado, se desplome. Tal extremo difícilmente ocurrirá, porque los países capitalistas cuentan con recursos económicos inmensos (la riqueza material más grande de la historia) y capacidades adaptativas muy notorias, pero el sacudón es suficientemente fuerte para llevar a la bancarrota a transnacionales emblemáticas, como algunas del sector automotriz, y deja bastante maltrechas a economías que parecían todopoderosas.

Basándome en el análisis clínico de la sociedad actual, opino que así como la perestroika, (la reforma gorbachoviana de la ex URSS, que produjo el fin de la tiranía comunista en la mayoría de países que la implantaron), y la transparencia, la glasnost, lograron quitar el velo de falsedades y apariencias de ese brutal sistema de esclavitud contemporánea que fue el comunismo, considero, insisto, que es igualmente imprescindible una perestroika de la sociedad de mercado, y una transparencia radical para dejar visibles las falsedades, inconsistencias, crímenes y daños que ella produce al expandirse de forma fanática y descontrolada.

¿Significa esto el retorno al socialismo como alternativa? De ningún modo: el socialismo se demostró notablemente ineficaz para alcanzar los ideales que sus dirigentes proclamaban -aunque, por supuesto, no los vivían-. No solo eso, sino que a nombre de la justicia, la igualdad y la finalización de la explotación de unas clases sobre otras, la dictadura socialista, la tristemente célebre dictadura del proletariado construyó enormes sociedades masificadas, que vivían en una condición de esclavitud mental, ideológica (por tanto psicológica, y hasta material) tan brutal, que en realidad no eran países sino gigantescos campos de concentración, países- cárcel en todo caso, donde la gente vivía una represión sin barrera, acoso, manipulación, amenaza, persecución y exterminio, si no obedecía ciegamente a los "revolucionarios salvadores".

El comunismo y el socialismo "real", en la mayoría abrumadora de los casos de los países que lo adoptaron, han sido de los sistemas más absurdos, criminales, incompetentes y destructivos que ha inventado la especie humana. Psicológicamente se han basado en la sumisión absoluta de la mayoría de la población, que entregaba su vida entera, literalmente, a la voluntad de los que controlaban el poder. El partido único y la camarilla del gobierno, a nombre de la justicia y de la igualdad, se convirtieron en una mafia de explotadores extremos de la población, en todos los órdenes. Este sistema fue y es uno de los inventos más perversos y sofisticados para anular la libertad y la conciencia de millones de personas, a nombre de la libertad y de la justicia, un truco enfermo pero muy eficaz. La era Gorbachov tuvo el mérito de desvelar ante el mundo tamaños fracasos y farsas del comunismo y lo puso en evidencia, y luego en retirada. Pero el desplome del bloque comunista que trajo la unipolaridad como efecto geopolítico, -el dominio de un solo país superpoderoso sobre el resto- volvió paradójicamente vulnerable al capitalismo irrefrenado, consecuencia de lo cual estamos cosechando la ruda crisis mundial del presente.

En el mundo unipolar de la "victoriosa" sociedad de mercado, se produjeron -en el plano psicológico- social- distintos aspectos o síntomas relevantes que quiero mencionar, para usarlos en la comprensión de la crisis que estamos viviendo:

1. Agudización y expansión mundial de la psicopatología del consumo: la sociedad de libre mercado, triunfante tras el fin de la Guerra Fría, se transformó en algo así como la nueva y predominante religión mundial: la religión del consumo, exacerbando todas las formas posibles de avidez, de modo que ello ha empeorado significativamente la crisis ecológica, por el daño ambiental severo: trastornos del sistema climático y contaminación expansiva de mares, ríos y continentes, tala de bosques, etc.

2. Banalización de la vida: las metas prevalecientes se convirtieron en la acumulación desenfrenada de fortuna material, en detrimento del significado de la vida, de la profundidad de las relaciones con las personas y con la naturaleza. Todo se ha trivializado, hasta lo más significativo y sagrado, todo se ha vuelto banal, el planeta entero ha sido convertido en un supermercado gigantesco, y el Gran Hermano ordena consumir sin freno. El ideal de este mundo banaliza- do, se sintetiza en un carrito de supermercado que se pueda llenar sin límite. Y la pérdida de significado profundo de la vida humana, es una forma de patología psicológica y psiquiátrica expresada a nivel de pandemia mundial

3. El cinismo ha pasado a ser una modalidad prevaleciente de actitud frente a los demás y ante los hechos sociales, económicos y políticos. Cinismo crudo, acompañado de una apatía crónica hacia los conflictos e indiferencia nihilista ante el dolor de los seres vivientes.

4. La guerra termonuclear que amenazaba darse entre EEUU y URSS, más sus respectivos bloques de aliados, se ha transformado en un ramillete de guerras menos globales, pero suficientemente destructivas como las de Afganistán, Yugoslavia, Irak (primera y Segunda guerras del Golfo), Ruanda, Kosovo. Etc. El fin de la Guerra Fría trajo aparejado el afloramiento de distintas guerras regionales y focalizadas, con lo cual la ilusión de alcanzar una verdadera paz mundial ha sido truncada. El culto internacional por la violencia se ha incrementado, en sus diversas vertientes: guerras, delincuencia, narcotráfico, maltrato doméstico, etc.

En un enfoque ecuánime, es necesario señalar que entre los aspectos positivos de la sociedad de mercado, están la expansión de la democracia formal y el ordenamiento jurídico de las sociedades, la reducción de casos de dictaduras y regímenes autoritarios, la disminución de formas de discriminación, el crecimiento de los emprendimientos en capas sociales de bajos recursos, la salida de la pobreza de millones de personas en los países más exitosos, el mejoramiento de los niveles de la educación, el despunte impresionante de la ciencia, el desarrollo informático y tecnológico acelerado, el mejoramiento de la tecnología médica, entre otros aspectos dignos de mención. Entre los logros más valiosos de la democracia liberal, uno que quiero subrayar es la maduración de sistemas políticos y de liderazgo que han fortalecido la búsqueda de acuerdos nacionales y regionales pacíficos, mismos que han incrementado el éxito económico y social, como son los paradigmáticos casos de España o de Chile, para poner dos ejemplos en el tapete, o los avances lentos pero significativos de la Unión Europea.

En mi visión de psicólogo clínico social, tanto el fanatismo o religión del Estado todopoderoso y omnipresente, dueño de vida y riqueza de todos los ciudadanos, manipulador de conciencias, como, así mismo, el fanatismo del mercado que desprecia del todo al Estado y afirma ilusamente que el mercado auto regula perfectamente de modo automático y suficiente las relaciones interpersonales y entre la naciones, han demostrado ser insostenibles y altamente destructivos para la humanidad y para el Planeta. Corolario de aquello: actualmente se nos presenta nada más y nada menos que el enorme desafío de estructurar un sistema político y económico internacional que sea genuinamente democrático, ecológicamente sabio y sustentable, y financieramente exitoso, para que sea también humanamente adecuado a fin de reducir la pobreza en proporciones gigantes y de forma acelerada. Tenemos la obligación y la ocasión de empezar a desmontar los extremismos de Estado y de Mercado, vistos equivocadamente como la solución mágica y única para todo tipo de problemas y conflictos humanos, construyendo en sustitución de ello un sistema internacional que aprenda de los grandes errores, crímenes y fallos de estos dos fanatismos.

Los fanatismos son formas de psicopatología social severa, por lo mismo, como clínico social, especializado en la interpretación psiquiátrica de las sociedades y de los sistemas políticos, busco denodadamente alternativas de organización social, económica y política, que manifiesten altos grados de salud mental. El fin del siglo XX y el inicio del XXI, han marcado la declinación de dos delirios muy peligrosos: el delirio del Estado y el delirio del Mercado, vistos hasta hace poco como dioses todopoderosos, omnisapientes y omnipresentes. En ambos casos, gran parte de la humanidad ha sido enajenada al someterse ciega y fanáticamente a esos falsos dioses, miles de millones de personas han aprendido a vivir esclavizadas psicológicamente bajo esos dos sistemas, creyendo que eran caminos infalibles para la felicidad, y por ello cedieron su libertad y su conciencia en manos de los mangoneadores de ambos sistemas, que sacaron nutrida ventaja de tal enajenación colectiva.

Alternativas al socialismo autoritario y al "capitalismo salvaje"

¿Cuál es la alternativa psicológicamente sana, entonces? Primero, necesitamos reconocer con humildad y serena sabiduría, que la humanidad jamás podrá edificar sociedades y sistemas políticos y económicos perfectos, pues la propia naturaleza falible y compleja de los humanos, nos hará cometer errores y abusos de diversa índole. Sin embargo, estoy convencido de que sí es posible alcanzar democracias genuinas y maduras, que produzcan altos niveles de prosperidad para sus ciudadanos, y a la vez puedan manejar sustentablemente el medio ambiente, de modo de protegerlo, regenerarlo y preservarlo para los milenios y las generaciones posteriores.

El sistema que propongo construir podría denominarse, provisionalmente, Personalismo Sinérgico, pues implica la defensa inequívoca y radical del ser individual y de los derechos y responsabilidades que emanan del individuo. La libertad, la dignidad personal, y el proyecto personal de cada vida, han de ser protegidos y respetados a cabalidad, sin restricciones que no sean las de las leyes que permiten convivir en comunidad. El individuo no puede ser objeto sojuzgado a ningún sistema, porque de lo contrario termina siendo manipulado, utilizado y esclavizado de diversas formas, en condición de burro de carga de los que se creen dueños de los países y del planeta.

Pero el individuo ha de ejercer su libertad y su creatividad en interacción empática e inteligente con los otros y con el medio natural, por lo cual necesitamos el impecable cumplimiento de regulaciones legales claras que nos permitan coexistir pacífica y respetuosamente entre los seres humanos, y entre los seres humanos y la naturaleza. Alguien podría afirmar que esto ya se vive en las democracias más avanzadas estables y prósperas de Europa Occidental, o en Norteamérica (especialmente en Canadá) y en importante medida es así, pero el daño ecológico y el aislamiento social, entre otros males, están presentes en esos países con significativa fuerza, y no se han visto libres de los abusos de especuladores enfermos que han provocado graves trastornos financieros, como los vividos en 2008 y 2009.

Por lo tanto, propongo un paso más allá del socialismo democrático y la democracia liberal europeas y norteamericanas, y ello implica sostener el sistema en valores democráticos, éticos y espirituales superiores, enraizados, como lo creía firmemente Erich Fromm, en el valor fundamental: el Amor a la Vida. ¿Hacia dónde apunta el Personalismo Sinérgico? Se dirige a la construcción de un sistema internacional unitario en cuanto a los valores éticos y espirituales que han de guiarlo. Lo había anticipado genialmente Pierre Teilhard de Chardin cuando propuso la Planetización, como esa convergencia de la especie humana de todo el mundo, en la tarea de construir una sociedad internacional que cumpliera la misión de nuestra especie que, según Teilhard, es la de ser la conciencia viva del planeta Tierra, defensora por tanto de la totalidad de la vida en nuestro mundo. La Planetización sería una etapa superior de la evolución histórica y psicológica de nuestra especie, al reconocerse ésta como una sola, por encima de las diferencias nacionales, regionales, raciales, políticas, religiosas, etc., pero a la vez implica el respeto profundo a esas diferencias, como parte de la riqueza cultural e idiosincrásica del mundo.

La Planetización, a la que propongo llamar Planetarización, porque es un término más claro y expresivo, implica la convergencia sinérgica de los mayores valores y esfuerzos humanos, así mismo la aproximación de ciencia, religión, filosofía, tal como lo anunciaba Teilhard, no en el sentido de mezclarlas, sino en cuanto pueden trabajar colaborativa- mente para el fin superior del planeta unificado. Igual que Teilhard, Fromm proponía que a fines del siglo XX estábamos testificando la concreción inicial de lo que el llamaba el Planeta Uno, es decir la unificación de la humanidad en un sistema social internacional, pacífico y sustentado en un humanismo radical.

La unificación, el Planeta Uno, la Planetarización, constituyen a mi juicio la meta supraordianaria (ideal superior que conviene a la mayoría de la humanidad) principal del tercer milenio, y eso exige reconocer con humildad los grandes fracasos de los sistemas previos, para aprender de ellos, sabiamente, los errores que no podemos darnos el lujo de repetir.

El socialismo autoritario, la dictadura del partido único, no son el camino psicológicamente sano, porque construyen sociedades gobernadas por machos alfa abusivos y alharaquientos, que quieren imponer su delirio a la sociedad entera, por las buenas, y especialmente por las malas. Toda dictadura, todo autoritarismo, todo gobierno de partido único, encabezado por caudillos "predestinados" que se creen dueños de la verdad, y acolitados por camarillas de esbirros e incondicionales que los adoran y santifican, -sea de ideología derechista o izquierdista-, son una receta para la opresión y el fracaso global, una garantía para el sufrimiento y la pobreza masivos. Sobran los ejemplos que lo demuestran.

La sociedad de "libre mercado" asumida y endiosada fanáticamente, carente de controles, tampoco es el camino, porque produce abusos económicos, políticos y ecológicos enormes, y esclaviza a la muchedumbre a un delirio de enriquecimiento ilimitado, sin barrera éticas ni legales, lo cual lleva al colapso, por un principio que en psicología social se denomina “tragedia de los comunes", que es, en sencillo, la destrucción de los sistemas sociales y naturales, por el uso abusivo y enloquecido de los recursos, lo que termina afectando severamente a la mayoría.

La libertad individual ha de ser protegida como el tesoro esencial de una sociedad genuinamente democrática y sabia, pero a la vez tiene que ser regulada impecablemente por leyes sociales y ecológicas, porque no somos ángeles, sino seres increíblemente dotados para abusar y explotar a otros seres. En el Tercer Milenio, o aprendemos a construir una sociedad Planetaria sabia, libre, tolerante, próspera y ecológicamente inteligente, o iremos degradando nuestras sociedades, en formas de gobiernos y tiranías abusivas, o de democracias débiles y aburridas, decayendo en maneras de nueva esclavitud y fanatismo, en modos de vida cada vez más enfermos, psicóticos y nocivos.

Como clínico social apunto a la esperanza activa, defiendo la resiliencia como la forma de enfrentar sabiamente y con valentía el dilema presente, y quiero apostarlo todo a la construcción de la Planetarización inherente al Personalismo Sinérgico. Mi vida ha sido entregada a ese ideal, y lo que me reste de ella proseguiré en el empeño. Más temprano que tarde pasarán de moda los caudillos alharaquientos, debido a sus abusos, mentiras, crímenes y fracasos, y es de extrema urgencia que la sabiduría entregue sus mayores frutos al Planeta y a la humanidad: La libertad, la creatividad, son síntomas superiores de genuina salud mental. Junto a ellos, la tolerancia, la paz, la alegría, la sinergia y la resiliencia. Sueño con una sociedad internacional, planetaria, que entre sus mayores atributos colectivos tenga el de una intensa salud mental, base de la salud democrática.

El desafío actual es ser los suficientemente creativos para hallar soluciones factibles a los graves problemas económicos, políticos, ambientales y mentales que adolecemos. Incrementar la creatividad es algo simultáneo a incrementar la salud mental colectiva, como lo demostrara Maslow. Salud mental y creatividad se alimentan mutuamente. Se nos está dando, en medio de esta inmensa crisis, la brillante ocasión de crear un modelo planetario de organización social, económica y política, basado en la salud mental superior y en los valores éticos y espirituales superiores.

Contamos con medios de comunicación extraordinarios que pueden ser los vehículos eficientes de una psicopedagogía y una psicoterapia planetarias, que cambien la mentalidad prevaleciente por una más honda, sabia y pacífica. Hay los recursos tecnológicos y científicos suficientes para lograrlo. Y sobre todo, la urgencia de nuestros problemas y del sufrimiento de miles de millones de personas, junto al daño ecológico brutal que estamos causando, nos obligan a encontrar respuesta, ya no en los viejos y degradados, -además de psicológicamente enfermos- caminos del socialismo autoritario y del capitalismo salvaje, sino en nuevas posibilidades de construir verdadera democracia, intensa pero sana prosperidad, y una paz sólida entre las naciones, los pueblos y las especies.

¿No va siendo hora ya de que seamos capaces de curar la psicología enferma de la humanidad, sacándola de estos dos delirios (socialismo y "capitalismo salvaje") que le han llevado al borde de lo catastrófico y de la esquizofrenia planetaria? El planeta y nosotros merecemos construir un sistema mundial al nivel de los mayores ideales. La crisis mundial paradójicamente nos pone al borde de un abismo, pero nos obliga a desplegar nuevas alas.