Reinventando la crónica: el uso del género en narrativas interculturales digitales.

1. Introducción: La crónica, un género latinoamericano por excelencia

La crónica es el epítome de fusión entre noticia y literatura. Es un género complejo, que surge a partir de los recuentos históricos de grandes acontecimientos sucedidos en el pasado, y se ancla al periodismo como una vía para contar historias. Sus cualidades esenciales se manifiestan mediante el desarrollo de una redacción creativa y literaria de los textos, además de constituir una perspicaz e inmutable oportunidad de reportería inmersiva en el campo. En Latinoamérica, la crónica llega a tomar un componente de retrato importante de las sociedades de la región y se configura como una escritura introspectiva e ingeniosa, que indaga a profundidad acerca de realidades no exploradas y las presenta mediante formatos que penetran en el núcleo humano de las historias, de tal manera que se la llegó a considerar como “el género latinoamericano por excelencia” (Puerta, 2016, p. 213).

En los últimos años, sin embargo, se ha visto víctima del yugo y la prevalencia de los hard news y la inmediatez. El espacio en las columnas y los hábitos de consumo de noticias, cada vez más rápidos y ligeros, se contraponen al trabajo de producción editorial e investigación en campo que demanda elaborar una crónica de calidad (Jimeno, como se citó en Jordán, 2016, p. 38). Afortunadamente, en la última década, el nacimiento de medios de comunicación alternativos, nativos digitales, sumado a una generación sincrónica de cronistas latinoamericanos, han brindado un panorama esperanzador para el desarrollo de un nuevo formato y el rescate y resurgimiento de la esencia del anterior. Compaginando los atributos prístinos del género con las herramientas multimedia que la era digital tiene para ofrecer, estos nuevos medios volcaron su atención a la crónica y lograron acercarla a un público más familiarizado con las pantallas que con el papel y, así, se reinvindicó su existencia (De Assis, 2018).

Por concepto, la crónica periodística es “el relato de un acontecimiento pasado pero que se toma como presente informativo” (González, 2004, p. 30). Dado su origen en la literatura de no ficción, esta se manifiesta como un formato hábil para el relato de historias crudas, terrenales, reflejos de la realidad palpable que viven los lectores. Desde los hechos factuales hasta la magia arrebatada de las letras, en esencia, es un género eminentemente híbrido. Combina elementos medulares del ejercicio periodístico, como la función referencial e informativa; y los elementos de carácter poético y subjetivo de la literatura (Checa, 2014, p. 18). Partiendo de su procedencia popular en los siglos XVIII y XIX, cuando se la señalaba como crónica modernista, se caracteriza por enfocarse en los detalles del acontecer social para constituirse como un “análisis del devenir”, que, además de recrear los acontecimientos, se atreve a recabar los motivos, generar reflexión, pintar escenarios y fabricar conclusiones (González, 1983, p. 73). Su nacimiento, ya como género prominente del periodismo durante los años sesenta, pináculo del denominado “Nuevo periodismo” en Occidente (Fernández, 2004, p.2), induce un fenómeno y su inserción directa en América Latina.

Cuanto más, en el boom latinoamericano de literatura germinan figuras emblemáticas que encontraron en el periodismo y la crónica una cuna para desarrollar sus escritos y estilos narrativos.

Así es como se catapulta

la voluntad de descubrir y mostrar el universo perplejo, la vida cotidiana de los sectores populares, con sus estrategias de lucha y la supervivencia, contando historias que conmueven, asombran e indignan, en un diálogo permanente con la literatura y el análisis social. (López y Sierra, 2016, p. 923)

Es necesario incorporar el surgimiento de un proceso crucial para el ejercicio periodístico en este contexto histórico, para ayuda de este recuento alrededor de la crónica: la llegada del Internet y, con él, el nacimiento de los primeros medios digitales en los años noventa. Con este hito, los formatos se fueron adaptando al nuevo ecosistema mediático en la web, y recursos como la hipertextualidad, la interactividad, y la multimedialidad se integraron progresivamente a la producción de contenido periodístico. No obstante, la crónica, al tratarse de un género muy anclado a la voz del narrador (Salaverría y Cores, 2005, p. 169), además de portar una secuencialidad focalizada en diálogos, descripciones y detalles rigurosos, conflictúa con el desarrollo de “rutas propias” en la historia (Gómez, 2018, p. 153). De esa manera, por su propia particularidad, interfiere con la integración de estas herramientas web a su estructura, lo que obstaculiza ese impulso 2.0 y dificulta su evolución como un formato propiamente digital.

En Ecuador, el caso no es diferente de esta uniformidad mediática. El país no posee un ecosistema periodístico heterogéneo, donde se encuentren diversos medios de comunicación que le apuesten a la crónica. En la actualidad, solo existen tres medios impresos que la perpetúan como género y factor diferenciador en su contenido, Mundo Diners, Gatopardo y Soho; estas tres revistas son de procedencia extranjera y la última, hoy por hoy, ya no circula en Ecuador (Castro, 2019, p. 54).

Entretanto, sí se hallan varios proyectos nativos digitales, de propuesta alternativa, que se han enfocado netamente en investigación periodística, donde la crónica podría constituirse como herramienta fructífera para publicar ciertas historias. De acuerdo con Rivera (2013), existen 34 medios nativos digitales en el país: 16 periódicos, 14 radios y 4 revistas. Proyectos como GK, Plan V y La Barra Espaciadora solo conforman una pequeña parte del espectro digital de medios periodísticos que nacieron en la web, pero son propuestas independientes que vale la pena visibilizar debido a sus virtudes de periodismo de profundidad. Pese a ello, no existe investigación alguna que advierta sobre cuáles son los medios que producen crónica digital pura y dura, y que la potencien mediante la versatilidad de herramientas web para lograr una narrativa más completa.

2. Marco teórico: La crónica multimedia y el enfoque intercultural

Ahora, al haber expuesto la naturaleza de función social de la crónica, es relevante anclarla al segundo eje sobre el cual se fundamenta esta investigación: las narrativas interculturales. Para ello, es importante esclarecer el concepto de interculturalidad. Este se determina como “la presencia e interacción equitativa de diversas culturas y la posibilidad de generar expresiones culturales compartidas, a través del diálogo y del respeto mutuo” (Unesco, s. f.).

Como parte de una praxis sana de democracia, la comunicación social debe un interés vital a la visibilidad intercultural duradera, ratificando la existencia de múltiples realidades, personajes e historias. Según Israel Garzón (2000), de eso se trata el pluralismo comunicativo: de “cuestionar las barreras que se han levantado entre nosotros” y a quienes consideramos como “ellos” o “los otros”, es decir, los ajenos a nuestros propios seres y entornos (p. 1). Esto comporta conectarse con conceptos como diversidad, identidad e intercambio (Israel Garzón, 2000, p. 1), tomando en cuenta a la comunicación “como un eje transversal de la vida cotidiana de todos los pueblos” (Lozano, 2013, p. 47).

Consecuentemente, el periodismo intercultural, como rama de la comunicación social, toma una “postura activa con respecto a la existencia y reconocimiento de la diversidad individual, grupal y cultural y del derecho a la diferencia para propiciar campos comunes para el diálogo y la solidaridad” (Aneas y De Santos, 2007, p. 17). En un respeto al “otro” se levanta el ejercicio consciente y responsable del periodismo intercultural, de modo que se lo utilice como una herramienta para unir a los pueblos y crear una sociedad reflexiva y de ojos y mente abiertos.

El promover un ejercicio periodístico inclusivo, representativo y alejado del etnocentrismo requiere, en primer lugar, de una autocrítica a partir de los periodistas, obreros de este oficio, y, más aún, de los medios de comunicación como instituciones promulgadoras de la información (Rodrigo-Alsina y Medina, 2009, p. 30). Uno de los factores adecuados de análisis dentro de este contexto es la construcción social de la noticia, concebida como un espejo de la realidad o como un constructo de la misma (Rodrigo-Alsina, 1989, p. 88). El papel del periodista siempre ha sido manifiesto: ser un intermediario entre los hechos y la ciudadanía, ejerciendo un rol en los “imaginarios de las personas, su entorno (…) y en el desarrollo de las culturas y la forma que tienen estas de relacionarse entre sí” (Browne e Inzunza, 2010, p. 4). Es por ello que el discurso periodístico enmarca una responsabilidad tan fundamental como considerable, pues la opinión popular se asienta en los mensajes provenientes de medios y periodistas; si es que se propagan mensajes donde “brotan etiquetas, temáticas, estereotipos, asociaciones negativas en la medida que no coinciden con el patrón cultural dominante” (Browne e Inzunza, 2010, p.7), se corre el riesgo de un mal entendimiento del “otro”, sujetándolo eventualmente a su inminente anulación como miembro válido de la sociedad. Por consiguiente, el ejercicio del periodismo se encuentra en la obligación de sostener un mensaje en favor de aquellos “otros”, quienes conforman una minoría ostensible y que son proclives a ser víctimas de un sistema que, por su misma condición, los quiere marginalizados.

En este sentido, el “otro”, históricamente en Ecuador, se ha aglutinado en las minorías étnicas, especialmente en poblaciones indígenas y afrodescendientes. Su personificación en los medios de comunicación no ha sido prolija, y su conceptualización en diversos escenarios informativos no se adhiere a la objetividad que suele proclamarse en el periodismo independiente. Considerando que la amalgama cultural en el país es mayoritariamente mestiza, la representatividad étnica se reduce meramente a una exotización desgastada. Así pues, es preciso generar un panorama mediático que refleje la multiplicidad cultural que, incluso, está definida en la Constitución de la República del Ecuador (2008, art. 1).

La crónica multimedia entra ahí, puede emplearse para impulsar narrativas conscientes y perceptivas sobre interculturalidad. En su hibridación armónica de periodismo y literatura, supone “una inmersión/intervención en y sobre la realidad (…): la selección de un fragmento del mundo para convertirlo en objeto de reflexión y escritura” (Ortega, 2014, p. 88). La presencia de componentes digitales interactivos y de carácter multimedia dentro de su lógica narrativa aporta a generar una inserción del lector en la realidad del “otro” para suscitar una afinidad y darle cuenta de entornos distintos al suyo, en este caso, aquellos de las minorías étnicas y culturales. Es aquí cuando el cometido social histórico de la crónica, referido en las páginas previas, debe ponerse en acción y prevalecer dentro de los relatos; la tradición de crónica latinoamericana lo ha perpetuado desde su origen. Por consiguiente, es importante instaurar la necesidad de reivindicar la funcionalidad de la crónica como un comportamiento de denuncia social y vínculo e inserción pluricultural.

La crónica no se debe dejar morir. Aunque enfrenta una actualidad cuando el periodismo se orienta hacia un camino de celeridad e información simplificada a través de las pantallas y redes sociales, su narrativa ofrece al público algo más que información: les propone una experiencia. Es un género eterno que, si bien tiene apogeos y a veces ocasos, se alimenta de relatos reales, de personajes que son propios y ajenos; de sentidos; de los más hermosos paisajes y los más grotescos cuadros; de emociones que existen y que, en algún momento, un semejante sintió a flor de piel; “estimula la imaginación, bascula entre la información y la emoción, y por eso es la antítesis del periodismo neutro y aséptico” (Blixen, 2014, p. 82).

Por lo explicado, es importante que, para que exista una permanencia de producción de crónicas en los medios, el género se adapte a ellos y su transformación constante. Los públicos jóvenes emplean Internet para ver noticias hoy más que nunca en la historia (Catalina-García, García Jiménez y Montes Vozmediano, 2016, p. 616), de tal forma que es imperativo adecuarse a esos modos de consumo de información. Al comprender historias que se apuntalan en los detalles, la crónica posee una facultad de adecuación con posibilidades casi infinitas: reemplazar un diálogo por un podcast, un párrafo descriptivo por una infografía, un texto de ambientación por un video 360, etc. Todo con una lógica narrativa, el potencial es monumental.

3. Metodología

Esta investigación se asentó sobre un análisis cuantitativo de contenido. Debido a su índole de exploración de la producción de ciertas publicaciones periodísticas, es necesario establecer el concepto de este método de investigación y, a su vez, describir cómo se lo aplicó a esta temática de estudio. Berelson (1952) puntualizó al análisis de contenido como “una técnica de investigación para la descripción objetiva, sistemática y cuantitativa del contenido manifiesto en la comunicación” (p. 147). Es decir, este implica un procedimiento de examinación de carácter descriptivo y metódico, el cual se enfoca exclusivamente en el mensaje como elemento de estudio dentro del proceso universal de comunicación. A partir de ahí, la noción del análisis de contenido como técnica investigativa ha transmutado hasta abarcar diversas fórmulas, las cuales engloban una exposición objetiva y táctica del material comunicacional, además de incluir una ilación entre las variables de análisis (Rodrigo-Mendizábal, 1999, p.106).

La metodología utilizada en esta investigación derivó de un estudio pragmático e interdisciplinario de contenidos, debido a que se enfoca en el análisis de características generales y propiedades distintivas de una crónica multimedia. En páginas anteriores, se aludió a un estudio de Gómez (2018) en el que establece a la definición de crónica multimedia o crónica 2.0 como un “modelo de crónica” que se reinventa en función de los requerimientos informativos actuales; conserva su esencia construida en el pasado, es decir, elementos como un narrador analítico, personajes, acciones, diálogos y una estructura descriptivamente sucesiva; e implementa en su relato a las tecnologías del presente, tales como la hipertextualidad, la multimedialidad y la interactividad, sin desestimarlas ni sobrevalorarlas (p. 154).

Haciendo uso de matrices que ayudaron a desglosar las categorías de análisis, propios del material de examinación, se utilizó un sistema de cuantificación y puntuación de los componentes de crónicas publicadas en medios de comunicación digitales ecuatorianos. Estas se analizaron en cuatro niveles. El primero, denominado Datos de identificación, abarcó los datos generales de identificación de la publicación: el autor, la sección, la fecha, la extensión, y etiquetas o tags . Asimismo, se consideraron factores interculturales (posturas activas con respecto a la existencia y reconocimiento de la diversidad individual, grupal y cultural de los protagonistas de dichas crónicas) (Aneas y De Santos, 2007, p.17) que forman parte del contenido de las publicaciones, debido a su anclaje temático. Esto se evaluó en el segundo nivel, designado Contenido especializado en interculturalidad ; se analizaron tipos de fuentes (testimoniales, oficiales, expertas y documentales), el lenguaje intercultural utilizado, y las propuestas temáticas comprendidas. El tercer nivel se enfocó en el Contenido multimedial , cuantificando la frecuencia del uso de elementos visuales (fotografías, infografías, ilustraciones, gráficos, gifs ), de audio ( podcasts , playlists , reproductores de sonido), audiovisuales (videos, animaciones, streams , 360, VR), interactivos (comentarios, likes , encuestas), y de hipertextualidad (enlaces dentro y fuera de la página). Finalmente, el cuarto nivel evaluó los Componentes básicos del género : la narrativa y estructura, y el hecho en el tiempo.

El resultado fue una valorización numérica de la crónica sobre la legitimidad de su contenido en cuanto a su configuración, el acatamiento a narrativas interculturales y su utilización de herramientas 2.0 para amenizar y dinamizar los relatos en su plataforma. Se resultó en una calificación total de 100 puntos de acuerdo a los valores atribuidos a cada indicador. Finalmente, se ubicó a la publicación en una nueva matriz, que la categorizó de acuerdo a cuántos puntos logró acumular.

Asimismo, se expusieron los resultados a través de gráficos lineales, de barras y circulares que aportaron a un entendimiento más visual de los números obtenidos. Y, de la misma manera, se analizó el uso de vocablos dentro de los textos y sus titulares mediante la construcción de nubes de palabras por intermedio del software online nubedepalabras.es.

Se escogieron tres medios de comunicación, nativos digitales, independientes y de propuesta alternativa, basándose en la inherencia de sus líneas editoriales y su relevancia dentro del espectro mediático digital ecuatoriano. El eje alrededor del cual estos fueron inspeccionados proviene acerca de la cuantía de producción y publicación de crónicas multimedia en sus plataformas. Estos son GK, Plan V y La Barra Espaciadora.

Los números no mienten. El argumento tras seleccionar dichos medios de comunicación se basó, en gran parte, en las cifras que estos obtienen. Al realizar un análisis de métricas, se advirtió que solamente dos de ellos presentan estadísticas; La Barra Espaciadora no presenta información en la base de datos de Alexa, el medidor de tráfico más grande en Internet. Este no registra números de páginas con menos de 100 000 visitas en los últimos seis meses. A pesar de esto, La Barra estuvo nominada en 2019 al Premio Gabo en la categoría de texto, dando cuenta de la gran calidad periodística de su contenido. Mientras tanto, GK y Plan V se encuentran posicionados en los rankings de visitas en el nro. 325 y el nro. 1734, respectivamente a nivel del Ecuador.

Así pues, es importante evidenciar la autoidentificación de cada uno de estos medios, en función de cómo se diferencian de los demás. GK se reconoce como un “periodismo [que] no da las noticias, sino que trata de explicarlas, dar su contexto y analizar por qué sucedieron. Produce ensayos, reportajes, perfiles, y crónicas de largo aliento”. Por su parte, Plan Vse pronuncia acerca de su trabajo como “una mirada profunda en historias que buscan sacudir la conciencia social, para contribuir con la construcción de una sociedad con sólidos valores democráticos, crítica y vigilante”. La Barra Espaciadora se define como “una revista de periodismo narrativo”. Por tanto, estas afirmaciones demuestran que los tres se consideran como contrapropuestas a un sistema mediático digital estático y producen piezas periodísticas prevalentes en el tiempo y de alto impacto.

Al tratarse de contenido de largo aliento, se escogió el año 2019 como período de estudio. En el caso de Plan V se eligió sus secciones Multimedia, Historias y Sociedad; para GK, sus secciones Profundidad, Portada y La vida de los otros; y, para La Barra Espaciadora, sus secciones Culturas, Derechos y Especiales. Esto, debido al enfoque de relatos interculturales sobre el cual se quiso profundizar. La recuperación del material a analizar fue sencilla, al encontrarse disponible en los sitios web correspondientes. En total, se estudiaron 27 crónicas: 9 por cada medio escogido.

Adicionalmente, se utilizaron entrevistas etnográficas como un método de acercamiento más terrenal a la realización de crónicas multimedia. Esto a causa de la necesidad de tener una aproximación humana, pues el análisis de contenido, previamente explicado, solamente abarca una mirada fría, apática de los contenidos, mas no profundiza en los procesos que tienen por detrás periodistas, personas. De acuerdo con Guber (2001), “el sentido de la vida social se expresa particularmente a través de discursos que emergen constantemente en la vida diaria, de manera informal por comentarios, anécdotas, términos de trato y conversaciones” (p. 3). La técnica de entrevista etnográfica ha transformado y reunido varias de estas instancias en un artefacto técnico para uso y aplicación en investigación académica y científica (Guber, 2001, p. 3). Por aquello, se entrevistó a tres editores de los medios anteriormente aludidos: José María León (GK), Susana Morán (Plan V) , y Diego Cazar (La Barra Espaciadora) . Asimismo, por motivo de precisar de un análisis de producción de crónica multimedia general en Ecuador, se recurrió a entrevistar a expertos en el género como Xavier Gómez Muñoz, periodista, y Santiago Rosero, escritor de gran trayectoria en crónica. Igualmente, se efectuó una entrevista a una experta en interculturalidad, debido al anclaje a esa temática en esta investigación, María Amelia Viteri, Ph. D. en Antropología Cultural con una concentración en Raza, Género y Justicia Social.

4. Análisis de resultados

De acuerdo con los niveles de análisis explicados previamente, se obtuvieron los resultados de la ponderación de las matrices, desarrollados de la siguiente manera.

En el primer nivel, el cual abarca datos genéricos de identificación de cada artículo, fue posible evidenciar la existencia de dicha información en la mayoría de los contenidos de los tres medios de comunicación. Tanto autor, como fecha y sección se ubicaban fácilmente en las primeras líneas del contenido. Fue posible precisar la periodicidad con la cual cada uno de los medios considerados para este estudio publicó crónicas con anclajes a temáticas interculturales a lo largo de 2019, tomando en cuenta la fecha de publicación de cada uno de los contenidos seleccionados como indicador. Así pues, en la Figura 1, se evidencian, mes a mes, picos y valles, conforme a dicha frecuencia. La Barra Espaciadora se destaca de inmediato, al demostrar un período coherente de profusión de crónicas multimedia en los primeros meses del año. Esto se explica gracias a su serie de largo aliento acerca de la explotación laboral en los campos de abacá en el país. Asimismo, se constatan cúspides temporales de GK en los meses de marzo, julio y octubre; y de Plan V en enero, mayo y septiembre. De acuerdo con entrevistas sostenidas con los editores de los medios estudiados, se halló que para ninguno de los tres existen políticas editoriales específicas que determinen la producción temporal de crónica multimedia. En su lugar, se designa el uso del género dependiendo de la prominencia de las investigaciones, y del alcance de las historias (D. Cazar, J. León y S. Morán, comunicación personal, 2020).

Frecuencia de publicación de crónicas.

Figura 1. Frecuencia de publicación de crónicas.

Al mismo tiempo, se encontró que dos de los medios examinados sí hacían una utilización relevante de etiquetas en las publicaciones, como se muestra en la Figura 2. La crónica que más abarcó tags es aquella titulada “En Carchi se exige que la minería no dé la espalda a las comunidades”, de Plan V, contando 24 de ellas con términos como “indígenas”, “derechos humanos” y “justicia”, vocablos coherentes con el contenido del texto. Este, sin embargo, es un caso singular, pues el resto de publicaciones comprendieron entre 1 a 4 etiquetas solamente. En total, se contaron 24 etiquetas en los 9 textos. En las crónicas de La Barra, a su vez, se evidenció una mayor consistencia, pues la mayoría contiene 3 tags , (todas tienen de 1 a 3), de igual manera utilizando palabras pertinentes con el contenido. En total se contaron 22 etiquetas en los 9 textos. GK por su parte no empleó etiquetas en ninguna de sus crónicas publicadas.

Frecuencia de uso de etiquetas o tags en crónicas.

Figura 2. Frecuencia de uso de etiquetas o tags en crónicas.

Para el resto de indicadores, se pudo advertir que los tres medios presentaban, en la mayoría de los casos, el nombre del autor de la crónica y, además, esta formaba parte de una sección adecuadamente identificada dentro de la página web. No se pudo indicar lo mismo sobre la extensión de las piezas (ya sea en número de palabras, caracteres, o tiempo aproximado de lectura), pues absolutamente todos los textos analizados carecían de este elemento, como se demuestra en la Figura 3.

Existencia de elementos autor, sección y extensión.

Figura 3. Existencia de elementos autor, sección y extensión.

Entretanto, en el segundo nivel, dedicado a valorar el contenido especializado en interculturalidad, se hicieron varios hallazgos interesantes. Para objeto de este escrutinio, se produjeron nubes de palabras con los titulares —la carta de presentación de un texto periodístico— de cada crónica, con el propósito de establecer qué términos fueron los más empleados por los medios de comunicación analizados. De este modo, se logró deducir cuáles temáticas dentro de un decálogo de enfoques interculturales orbitan mucho más a un medio que a otro.

En el caso de La Barra Espaciadora, las palabras que más se repetían fueron “esclavitud”, “abacá”, “Ecuador” y “Furukawa”, lo que evidencia la serie previamente aludida que se analizó para esta investigación. También hubo variedad en el contenido recopilado, como tradiciones afrodescendientes en Esmeraldas, indígenas contra la minería en Girón o el apoyo artístico a la protesta indígena en el paro nacional de octubre de 2019. No obstante, son temáticas que no se retomaron después en otros trabajos, por lo cual no se consideran reiterativas dentro de un decálogo (ver Figura 4).