
“Más marica el que no ama”: al tomar un término que en ocasiones se usa de manera peyorativa, los sectores LGBTI resignifican el lenguaje para darle una nueva connotación de reconocimiento.
Jairo Ordóñez (2018).Colombia es, en materia legal, uno de los países más avanzados en el mundo en cuanto a asuntos LGBTI (Lesbianas, Gais, Bisexuales, Transgénero e Intersexuales), tal y como lo reconoce la científica y activista trans Brigitte Baptiste, actual rectora de la Universidad EAN de Bogotá: “Legalmente hemos avanzado muchísimo, sobre todo, con la afirmación constante de las Cortes en Colombia de los derechos de todas las personas independientemente de sus preferencias sexuales, de sus expresiones de género y de sus formas de organizar familia” (El Tiempo, 2019, p. 5). Sin embargo, aún persiste desde el Estado, los sistemas cultural y educativo, y la sociedad en general, una fuerte homofobia, según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Los Andes y de la Uniminuto (Bohórquez, Martínez, Jaramillo y Restrepo, 2020). La homofobia es asumida en el sentido amplio del término, tal y como lo concibe Mercado (2009), para quien hay un componente social, determinado por el sistema patriarcal y autoritario que condena las sexualidades diversas, reflejada en instituciones como la iglesia Católica, la escuela, la familia y, de manera particular, en los medios de comunicación. De ahí que la Alcaldía Mayor de Bogotá, la Dirección Distrital de Diversidad Sexual y los mismos sectores LGBTI reclamen una recuperación histórica de lo que han sido las marchas, escenario de grandes luchas políticas y de derechos, y de cómo estas han sido miradas por los medios de comunicación, que, sin duda, son actores sociales de gran influencia.
Por lo anterior, es pertinente analizar cómo los medios de comunicación cubren uno de los eventos más importantes de los sectores LGBTI de Colombia: la Marcha de la Diversidad Sexual y de Género de la ciudad de Bogotá, que cada año reúne a más de 100 000 personas (Secretaría Distrital de la Mujer, 2017) y que constituye una de las manifestaciones más multitudinarias del país, aunque recibe muy poca atención mediática. De igual manera, cobra gran importancia reconocer y aportar a la documentación de la historia de un movimiento que ha logrado ampliar los principios básicos de la democracia, como la igualdad de todos ante la ley y la celebración de la diferencia y la diversidad.
Después de analizar las piezas periodísticas, es claro que la escasa cobertura se debe al desconocimiento de la diversidad sexual, de las victorias políticas y legales que, en las últimas décadas, han tenido los sectores LGBTI en Colombia, algunas de ellas de tal trascendencia que, incluso, han transformado el concepto de familia que se encuentra tan arraigado en las estructuras sociales, para dar paso a nuevas formas de familia, derivadas de las relaciones entre parejas del mismo sexo (De León, 2012).
Pese a que, en 2019, salió electa una alcaldesa lesbiana en Bogotá (el segundo cargo político más importante de Colombia), la investigación evidenció que, no obstante este panorama de liberalidad, los medios tradicionales, en su inmensa mayoría de tendencias derechistas, son prejuiciosos frente a la diversidad sexual, entendida desde su carácter de minoría, así como por su carácter transgresor de las convenciones sociales.
Cabe anotar que, en un período de observación de casi cuatro décadas, y con una muestra de diez periódicos, los artículos hallados fueron solo 116. Y, aunque entre 1985 y 1996 no se realizaron marchas, la baja cantidad de publicaciones reitera la poca visibilización que la marcha y los temas LGBTI han tenido en los medios de comunicación colombianos. De cualquier forma, lo cierto es que, en las décadas de los ochenta y noventa, las manifestaciones de homofobia eran recurrentes, en un marco legal que, de cierta forma, permitía el abuso contra los sectores LGBTI, así como un conflicto armado intenso, cuyos protagonistas también atacaban a lo que consideraban indeseable: gais, lesbianas, personas con VIH, transexuales, travestis, prostitutas, drogadictos, habitantes de calle, etc. (Ordóñez, 1996). Tal realidad invita a la reflexión y a una revisión del carácter histórico y del trasegar del activismo de los grupos de diversidad sexual, desde un ejercicio de recuperación de memoria en varios frentes. En ese sentido, esta investigación abarcó la cobertura mediática de la marcha desde medios de circulación nacional, local, y también de los especializados en los sectores LGBTI.
Están inspiradas en la lucha contra la exclusión y en la consecución de derechos plenos para los sectores LGBTI. El referente fundacional de las marchas fue lo sucedido en el bar Stonewall Inn, el 28 de junio de 1969 en Nueva York, cuando personas LGBTI decidieron protestar contra el hostigamiento policial y exigir un trato digno, sin miramientos en su condición de gay, lesbiana, transexual o travesti. Posteriormente, se inició un movimiento de lucha política global que demandaba los mismos derechos de cualquier otro ciudadano: “el verdadero legado de los disturbios de Stonewall es que la lucha continúa por la igualdad de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales” (Carter, 2010, p. 266). En España y muchas otras naciones (Enguix, 2017), estas marchas se han convertido en una celebración a la diversidad, en un espacio político para el reconocimiento de la diferencia y la exigibilidad de los derechos, así como en una plataforma para transformar realidades de orden legal que persisten en algunos países, como la pena de muerte a personas LGBTI en naciones musulmanas, entre otras (Gross, 2001; Johnston y Waitt, 2015). En Colombia, durante la década de los ochenta, las movilizaciones estuvieron vinculadas a cambios sociales relacionados con la liberación sexual y, con el tiempo, sus consignas han transitado hacia la generación de espacios de actuación ciudadana y algunas desmitificaciones de los sectores LGBTI en esferas públicas (Hurtado, 2010; Caro, 2020).
En Colombia, son reconocidos, formalmente, como organizaciones colectivos y agrupaciones de personas, que iniciaron su proceso organizativo en 1994, motivados por el premio de la International Gay and Lesbian Human Rights Commission (IGLHRC) a raíz de una investigación sobre homicidios de hombres gais. Así mismo, es importante destacar que la política pública para la garantía plena de los derechos de las personas lesbianas, gais, bisexuales y transgénero surgió a partir de 2009, respondiendo al espíritu y dictámenes de la Constitución de 1991. Según algunos investigadores, son cuatro los periodos que han marcado las conquistas de estos sectores: 1994 a 2000, reconocimiento de la orientación sexual; 2000 a 2007, acercamiento en materia legal-colectiva; 2007 a 2011, logros de derechos patrimoniales; y 2011 a 2017, logros relativos al matrimonio y la adopción (Lizcano, 2016). Estos sectores han incidido en los cambios sociales y jurídicos a través de la movilización colectiva, las marchas, las protestas y una serie de manifestaciones simbólicas que buscan la transformación cultural en la sociedad colombiana (Sánchez, 2017).
En la presente investigación se usó el acrónimo LGBTI, aprobado por la política pública colombiana en el año 2000, para abarcar con este a todas aquellas personas que no son heterosexuales; es decir, todas aquellas personas que se pueden considerar disidentes sexuales frente a la heteronormatividad: gais, lesbianas, transgeneristas, transexuales (tanto hombres como mujeres), drag queens, drag kings, bisexuales e intersexuales.
Esta investigación es de enfoque cuantitativo y de carácter longitudinal, con elementos cualitativos, algunos del análisis del discurso (la opinión o prejuicio claramente expresado, particularmente en las notas extensas, los editoriales, las columnas de opinión y adjetivos y sustantivos específicos), y otros del análisis crítico del discurso como perspectiva de estudio que permitió identificar estructuras de poder presentes en las categorías (Van Dijk, 2002), así como los contenidos que se visibilizan y se invisibilizan. El método utilizado fue el análisis de contenido con unas categorías predeterminadas (enfoque elitista, tipo de artículo, protagonista del artículo, denominación de género, fuentes consultadas y estatus ciudadano).
Estas categorías se han usado en otros estudios hechos por los autores de esta investigación y nacieron a partir del ejercicio académico del Observatorio de Medios de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Santo Tomás (Lizarralde, Lizcano y Ordóñez, 2016), ya que han demostrado su efectividad en el análisis de medios de comunicación escritos. No obstante, la categoría de enfoque elitista fue construida desde los aportes ofrecidos por Hume (1997), quien señala que: “el problema con el periodismo de élite es que carece de una visión constructiva de la transformación del conflicto, así como de un análisis de las raíces políticas y sociales” (p. 123).
Se consultaron tanto archivos impresos como digitales, debido a que algunos medios dejaron de circular hace años y solo quedan archivos físicos, algunos incompletos, en las hemerotecas de Bogotá. Se analizó el 100% de los artículos disponibles y encontrados, 116, luego de una revisión de más de 1200 ediciones de periódicos y revistas. Esto quiere decir que se incluyeron para la investigación todos los artículos encontrados, aunque se desecharon los que se repetían (por ejemplo, alguno publicado a las 11:00 am y luego vuelto a publicar con una palabra cambiada o corregida a las 12:30 pm, pero exactamente igual en todo lo demás. En dichos casos se seleccionó el artículo más completo o el corregido). También se desecharon medios de comunicación que tenían menos de dos notas (para lo cual no contaron las fotogalerías y las fotonoticias) a lo largo de todo el período de observación (1982-2020) como criterio de selección de la muestra, como en el caso de la revista Cromos, con más de 100 años de historia. En otros medios de mucha trayectoria no se publicaron notas al respecto, como el periódico El Siglo, de clara tendencia ultraderechista, pese a su tradición e importancia en la prensa nacional y bogotana. Al final se seleccionaron 10 medios de los cuales ocho son tradicionales y dos especializados en temas LGBTI (Sentiido y Revista LGBT). Se seleccionaron todos los medios que informaran sobre la marcha, independientemente de su periodicidad, pues en una temporalidad tan amplia algunos medios desaparecen y otros se crean. Por eso, lo importante, como criterio de selección, no fue la periodicidad o tradición del medio, sino que tuviera mínimo una nota sobre una marcha, con el fin de analizar cómo fue la cobertura de estas y encontrar tendencias generales en el corpus recolectado. Posteriormente, se analizaron los medios con mayor número de notas para ver las particularidades de cada caso.
Respecto al alcance, esta investigación es exploratoria y descriptiva, pues, de acuerdo con la indagación, se estableció que ninguna otra investigación había tomado como objeto de análisis todas las marchas realizadas en Bogotá y con representación mediática en 10 medios de comunicación. No obstante, se pueden encontrar algunas investigaciones sobre las marchas en Bogotá (limitadas a períodos cortos, pero no en su totalidad temporal) que se han enfocado en su historia, sentido y alcances, mas no en la cobertura mediática, como es el caso de Claudia Hurtado (2010) con su tesis de maestría La marcha LGBT para ampliar el canon de la ciudadanía con las diversidades sexuales, que se centra en el concepto de inclusión, más no en la cobertura mediática.
Por ausencia de registros, no hay en la muestra ninguna nota de los años ochenta, aspecto que evidencia un gran vacío en el trasegar histórico del movimiento LGBTI en Colombia desde el punto de vista de la cobertura de la prensa.
De igual manera, cabe anotar que, adicionalmente a la escasa información registrada en torno a las marchas, estas se centran en aspectos circunstanciales ligados al espectáculo visual y a los actos de apertura y cierre de índole artístico y musical (se destaca, sobre todo, el caso de la marcha del año de 2019), por lo que el análisis del contenido político no se incluyó, puesto que este es prácticamente inexistente en los registros encontrados. No se contempló la marcha de 2019 en el presente análisis, pues fue suspendida por tormenta y solo se pudo realizar el concierto de cierre. En cuanto a la marcha de 2020, no se realizó, debido a la cuarentena por COVID-19.
Uno de los más importantes hallazgos es la total invisibilización de las marchas y su total marginalización por parte de los medios durante el período 1982-1996, ya que no se encontraron registros en medios informativos, a pesar de que activistas entrevistados para esta investigación como Manuel Velandia, Elizabeth Castillo y Germán Rincón Perfetti referencian la realización de marchas entre 1982 y 1985. Luego, entre 1985 y 1996, aunque no hubo marchas formales, sí hubo presencia de los sectores LGBTI en manifestaciones que emulaban la marcha del Orgullo Gay de otros países, pero que, por cuestiones de seguridad y logística, se adherían a marchas ampliamente concurridas, particularmente a las del Día del Trabajo del primero de mayo, que, en Bogotá, es una de las manifestaciones ciudadanas más multitudinarias con movilización de sectores obreros, movimientos y partidos políticos afectos a la causa sindical. A pesar de la presencia constante de los sectores LGBTI en este tipo de eventos, los medios nunca informaron sobre esta participación. Mediáticamente hablando, es como si nunca hubieran existido, ni hubieran tenido nunca la intención de realizar marchas, tal y como sí se hacían en México y muchos otros lugares del mundo.
Por lo anterior, todos los resultados a continuación corresponden a marchas realizadas a partir de 1997, año en el que los medios comienzan a hablar de las marchas de la Diversidad Sexual y de Género, aunque refiriéndose a ellas como “marchas del Orgullo Gay”. Y es justamente en el año 1997 cuando se retoman formalmente las marchas en Bogotá gracias al apoyo de la Alcaldía Mayor, lo que seguramente llamó la atención de los medios de comunicación, ya que la Alcaldía es una fuente importante para ellos.
En general, se observa que los medios de comunicación dedican muy poco espacio y notas para cubrir la marcha, lo cual, en el ámbito periodístico, se relaciona con criterios excluyentes de selección de la agenda noticiosa, así como de la apuesta editorial (política) del medio. A continuación, se presentan los medios analizados y el tipo de información encontrado. En total, como ya se señaló, se encontraron 116 artículos distribuidos como se indica en la Tabla 1.
| Medio | Número de artículos | Porcentaje |
| El Tiempo | 24 | 21 |
| Sentiido | 22 | 19 |
| El Espacio | 21 | 18 |
| El Espectador | 17 | 15 |
| Revista Semana | 9 | 8 |
| Revista LGBT | 9 | 8 |
| Publimetro | 7 | 6 |
| ADN | 4 | 3 |
| Diario Extra | 2 | 2 |
| Q’Hubo | 1 | 1 |
| Total | 116 | 100% |
Número de artículos por medio
Elaboración propia (2019).Es de resaltar que el 58 % de los artículos encontrados se concentran en solo tres de los diez medios de la muestra (El Tiempo, Sentiido y El Espacio), lo que evidencia que del total de medios examinados (10), en la mayoría (6) el tema de las marchas es marginal dentro de la agenda informativa. Los medios con poca tradición y trayectoria en el contexto del periodismo bogotano, como Q’Hubo, Diario Extra, Publimetro, ADN y Revista LGBT, publicaron escasas notas, debido a su corta trayectoria y al limitado conocimiento e interés en el tratamiento de la marcha. Sin embargo, es de resaltar que medios con mucha tradición, como la Revista Semana, fundada en 1946, tengan un número similar de artículos, comparados con medios que llevan, hasta la actualidad, ocho años circulando, como Publimetro. Esta comparación es mucho más llamativa si se tiene en cuenta que medios como El Nuevo Siglo (fundado en 1936 y publicado hasta la fecha sin interrupción) y la Revista Cambio (fundada en 1993 y editada hasta el 2010) tuvieron cero artículos.
Este número reducido de artículos, así como la ausencia de publicaciones reitera la marginalidad del tema (León Santaella, 2011; Triviño, 2020), la baja producción periodística y la clara exclusión de un sector social en medios como Revista Cambio, El Nuevo Siglo, Diario Extra y Q’Hubo. De acuerdo con estos datos, se puede afirmar que, para la prensa bogotana y nacional, la cobertura de las marchas no hace parte de la agenda informativa o se considera como información poco relevante, tal como se observa en la Tabla 2. Contrariamente, los medios analizados consideran muy relevante los deportes, las declaraciones del gobierno y, en general, los hechos políticos tradicionales (sesiones del congreso, las declaraciones de un senador, el texto de una nueva ley, etc.).
| Tipo de espacio | Número de veces encontrado | Porcentaje |
| Artículo noticioso (se entiende como una noticia de extensión media) | 56 | 48 |
| Fotonoticia | 18 | 16 |
| Notícula | 3 | 3 |
| Fotogalería | 8 | 7 |
| Micronoticia | 6 | 5 |
| Editorial | 5 | 4 |
| Informe especial | 2 | 2 |
| Artículo de opinión | 12 | 10 |
| Entrevista | 2 | 2 |
| Encuesta | 1 | 1 |
| Crónica | 3 | 3 |
| Total | 116 | 100 |
Tipo de espacios informativos
Elaboración propia (2019).De acuerdo con el carácter de la información, se evidencia que el 79% de los artículos sobre las marchas corresponde a trabajos periodísticos en los que no se profundiza mucho, porque están presentados en formatos que no permiten mayor profundización (noticia, fotonoticia, notícula, fotogalería y micronoticia). Se trata de textos con escasa extensión, en los que muchas veces el peso informativo recae sobre lo visual, y sobre aspectos que el medio considera exóticos (el 23% de los artículos corresponde a fotonoticias y fotogalerías).
Solo en el 14% de las ocasiones se registra la marcha en los espacios más importantes y trascendentes del periódico: el Editorial y la sección de Opinión. Del total de estos artículos (17), 10 (59%) corresponden a la publicación LGBTI Sentiido. Y tan solo en el 2% de los casos hay una clara intención de profundizar a través de informes especiales.
No obstante, respecto a si los artículos informan, desinforman o presentan información incompleta, el 72% de los artículos se ubicó en la categoría Informa. Desde los criterios de abordaje informativo, se considera que un artículo “informa” cuando ofrece contenido suficiente que responda a las seis preguntas básicas de un hecho noticioso (quién, qué, cómo, cuándo, dónde, por qué o para qué). En segundo lugar, se contempló la categoría Desinforma (11%), si tergiversa o desenfoca el hecho central y presenta aspectos secundarios o aleatorios. Y la categoría Información incompleta (17%) correspondería a los casos en que el artículo no responde al menos a tres de las preguntas de las seis antes señaladas.
De cualquier forma, pese a que el 72% de los artículos quedó categorizado en Informa, no se presenta un hipoinformación, sino una ausencia de información caracterizada por datos tangenciales, circunstanciales, episódicos y breves (Martini y Luchessi, 2004), tales como su recorrido, las organizaciones, los espectáculos artísticos y musicales, así como la recurrencia visual de las mujeres transexuales, dando mínima representación al aspecto político del evento y a la diversidad sexual (comunidades de osos, familias, abuelos, abuelas y nietos, aliados heterosexuales, asexuales, hombres transexuales, discapacitados, indígenas, etc.).
Resalta, de todos modos, que casi una tercera parte de ellos (28%) desinforman o dan información incompleta en aspectos relacionados con el tema de la marcha, las organizaciones vinculadas y las demandas que la enmarcan.
Por su parte, la Figura 2 muestra quién es el protagonista de la nota, según la misma denominación dada por los medios de comunicación.

Protagonista de la nota
Esta simplificación de la diversidad, centrada en la letra T de la sigla LGBTI y que incluye lo que los medios denominaron como transgénero, transexual, travesti y drag queen (42% de los artículos), si bien muestra una parte de la diversidad, la limita al excluir a otros sectores como los intersexuales, completamente ausentes, y a los aliados heterosexuales que se han sumado a la causa de la defensa de la diversidad sexual.
De igual manera, esta reducción de la diversidad invisibiliza la heterogeneidad que enriquece a cada letra del acrónimo, pues, si bien los medios también muestran a los hombres gais, a las lesbianas y a los bisexuales, se evidencia la limitación frente a la diversidad y a las identidades. A manera de ejemplo, la Figura 3 muestra un grupo muy tradicional dentro de la comunidad gay y que cuenta con miles de miembros en la ciudad de Bogotá: los “osos”, quienes se alejan del muy usado estereotipo de hombre gay esbelto, depilado o musculoso, para identificarse con una figura física robusta, con sobrepeso y con mucho vello corporal. Se evidencia así que dentro la letra G de la sigla hay varios y muy diversos conceptos de belleza, estética y masculinidad.

Osos bogotanos. Marcha de 2014.
El Espectador (2014).La Figura 3 correspondiente a los “osos” es casi una excepción en los registros visuales que suelen acompañar las notas periodísticas analizadas, pues los medios casi siempre optan por mostrar hombres jóvenes luciendo sus músculos y tatuajes, tal y como en la Figura 5. Aunque en este aspecto los medios son reservados, ya que, mientras las mujeres transexuales se muestran con sus cuerpos semidesnudos y en poses sensuales y provocativas, el tratamiento de los hombres es muy distinto, en el sentido de que son pocas las fotos (menos del 3%) las que los muestran de esa forma, pese a que en las marchas los hombres con cuerpos masculinos altamente erotizados son un grupo con una presencia permanente desde hace décadas. Esto evidencia un manejo tradicional de los cuerpos: el de las mujeres se muestra muy sexualizado, mientras que el del hombre es mirado las más de las veces con reserva y, cuando se muestra, como se ve en la Figura 4, se hace mayormente en el contexto del disfraz o alguna alusión a lo femenino (bailarinas, por ejemplo). No obstante, como lo deja ver también la Figura 4, sí se advierte que hay una transgresión respecto a lo tradicional masculino y, aunque se puede caer en lo meramente espectacular, también se evidencia algo que era impensable en los años ochenta e inicios de los noventa: un hombre en abierto desafío a los estereotipos de género, resguardado por la policía, otrora uno de los agentes represores más fuertes con los que debieron lidiar miles de gais y mujeres transexuales, que fueron víctimas de torturas y asesinatos por parte de la fuerza pública (Guerrero, 2019).

Marcha del año 2014.
Foto de AFP publicada por El Espectador (2014).

Marcha de 2015.
El Espectador (2015).Otro ejemplo que ilustra la simplificación de la diversidad en los medios seleccionados es el caso de las familias, incluso en su versión tradicional, que casi nunca se muestran, como si la diversidad sexual fuera una cuestión exclusiva de adultos o de parejas, o de sujetos, pero no de familias que tienen hijos, hermanos, padres, abuelos, nietos, etc. Del total de fotografías revisadas, las que muestran familias no alcanzan ni al 3% del total.
A pesar de que desde siempre han existido familias diversas (aunque hace poco reconocidas por la ley), los medios tienden a disociar particularmente a los niños y a la diversidad sexual. En muchos casos, aquellos esgrimen los principios de la legislación de medios y protección a menores. Sin embargo, existen mecanismos que permiten la divulgación de imágenes, como se identifica en la Figura 6.

Marcha de 2014.
Jairo Ordóñez (2014).En contraste con esta práctica invisibilizadora, las fotos de familias diversas sí aparecen en páginas de organizaciones LGBTI como Colombia Diversa (Figura 7).

Marcha de 2015.
Colombia Diversa (2015).De igual manera, las personas heterosexuales no son presentadas, salvo en muy escasas ocasiones, como participantes de la marcha, aunque se trate de personas reconocidas, como es el caso de Alba Reyes, madre de Sergio Urrego, el adolescente que se suicidó en 2014, luego de ser perseguido en su colegio por ser gay. En ese sentido, el fotorreportaje publicado en la web de la organización Colombia Diversa recoge lo que los medios dejaron de mostrar en la marcha del año 2015, con el título “Lo que no se vio de la marcha del orgullo LGBT 2015” (Colombia Diversa, 2015). La Figura 8, tomada del fotorreportaje en mención, capta a la madre de Urrego marchando.

Alba Reyes, directora de la Fundación Sergio Urrego.
Marcha de 2015. Colombia Diversa (2015).Las Figuras 6, 7 y 8 contrastan con las imágenes que suelen acompañar las notas de las marchas, de las cuales un ejemplo representativo es la Figura 9, en la que la sobrerrepresentación habitual de los sectores T invisibiliza a otros sectores y acentúa los clichés visuales de la marcha, pues otorga al colorido (banderas, trajes, máscaras, cadenas, plumas, lentejuelas, cuero, etc.) todo el peso iconográfico para visibilizar una pequeña parte de la diversidad y privilegiar una mirada impregnada de espectáculo en la representación mediática (Triviño, 2020).

Marcha de 2013.
El Espectador (2013).De igual manera, pese a que los artículos centran sus fotos en las mujeres transexuales, suelen mostrar casi que exclusivamente la bandera arcoíris, ignorando que varios sectores y subsectores dentro de los LGBTI tienen su propia bandera (bisexuales, intersexuales, transgénero, osos, pansexuales, asexuales, etc.). La Figura 10 es un claro ejemplo y resulta ser muy representativa del corpus revisado.

Marcha de 2017.
Publimetro (2017).Esta omnipresencia de la bandera arcoíris y las mujeres transexuales en imágenes altamente sexualizadas son emblematizadas por los medios tradicionales. En contraste con lo anterior, los medios LGBTI publican fotografías de los diversos sectores y símbolos que se abarcan dentro de la sigla LGBTI. La Figura 11 es prueba de ello, al mostrar a una mujer transexual sin espectacularidades y con la bandera del movimiento transgenerista.

Foto de Silvia Forero. Marcha de 2017.
Sentiido (2017).Además de las pocas notas, la brevedad y la simplificación de la diversidad sexual, los medios evidencian usos erróneos e inexactos en las denominaciones, tal como sucede en una nota de 2012, publicada en el periódico El Tiempo y titulada: “Reinas de la noche celebran orgullo gay. En Theatron y otros sitios LGBT, Gigi, la Negra y la Lupe rematan la marcha de esta comunidad”.
Hay varios asuntos importantes en esta nota. En primer lugar, en el 2012 ya no se trataba del Orgullo Gay, sino de la Diversidad Sexual y de Género. En segundo lugar, la sigla LGBTI está incompleta: falta la I. En tercer lugar, se establece una asociación entre reina y “gay”, dando a entender que ser femenino y gay es algo simultáneo. Y, en cuarto lugar, no se trata de una “comunidad”, sino de “sectores”, ya que comunidad implica la convivencia directa (compartir espacios, una muy clara delimitación geográfica, desarrollar actividades cotidianas juntos, lo cual no se da, pues las personas LGBTI todo el tiempo conviven con personas heterosexuales y están presentes en todas las localidades y barrios de Bogotá).
En este orden de ideas, se identifica la falsa denominación de género (situación en la que se rotula de manera equivocada a una persona de los sectores LGBTI. Por ejemplo, decirle “gay” a una mujer transexual).
Aunque es un indicador positivo que la denominación de género sea adecuada en la mayoría de los casos (57%), en casi una tercera parte de los artículos, 28%, la denominación es errónea. En un 15% es ambigua; lo que sucede en los casos en los que no se da ninguna indicación sobre el género de quienes aparecen en el artículo periodístico, lo cual, aunque no es una carencia en sí misma, pues en una fotogalería no se necesita especificar la identidad de género de cada persona que aparece, sí puede propiciar confusión e, incluso, favorecer un contexto de falsa denominación de género. Además, la sobreexposición de las mujeres transexuales y la asociación de la Marcha de la Diversidad Sexual y de Género con el Orgullo Gay (la G de la sigla LGBTI) puede llevar también a confundir al lector.
Se suma a lo anterior el mal uso del lenguaje, ya que en el 36% de los artículos (42 artículos) hay presencia de lenguaje folklorizante; es decir, la recurrencia a expresiones coloquiales o regionales de extracción popular, que dan un toque humorístico al tema tratado, lo que permite afirmar que este es uno de los aspectos que más debe mejorarse, si se quiere cubrir la marcha con un periodismo de calidad, respetuoso y comprensivo con la diversidad.
En cuanto al enfoque, se observa que, a la hora de dar voz a los sujetos, hay un enfoque no élite, entendiendo por élite a quien tiene poder político o económico (Kempf y Gutiérrez, 2001), pero, de todas maneras, la participación de las personas élite es bastante alta. El enfoque no elitista en cuanto a las personas puede explicarse debido a que se tiende a dar mayor protagonismo a las mujeres transexuales.
En cuanto a la estructuras (organizaciones), predomina el enfoque elitista con un 25%, mientras que las estructuras no élite llegan a un 20%, lo que evidencia una tendencia elitista cuando se mira la globalidad de los artículos. Esto concuerda con una tendencia general en el periodismo mundial y contrasta con la intención de la marcha de visibilizar a los que han sido históricamente excluidos. La Tabla 3 resume este enfoque.
| Personas no élite | Personas élite | Estructuras no élite | Estructuras élite |
| 56 | 39 | 34 | 42 |
| 33% | 23% | 20% | 25% |
Enfoque de los artículos
Elaboración propia (2019).En lo referente al manejo de las fuentes, es clara la tendencia de tomar a los sectores LGBTI como principal fuente (56%), dado que son los protagonistas del evento. Así mismo, se destaca el hecho de darle voz al ciudadano del común (19%) para que exprese su opinión, y esto es muy relevante, ya que la marcha tiene como una de sus intenciones la incidencia política. La tercera fuente en importancia son los representantes del Estado (16%), lo cual se explica por el apoyo que este brinda a la marcha y el reciente involucramiento de senadores y diversos funcionarios que participan y la apoyan, con el interés de mostrar su compromiso con la diversidad y conquistar a los sectores LGBTI que, en Bogotá, aportan un importante caudal de votos. Como las fuentes menos importantes se cuentan la academia (7%) y la iglesia católica (3%).
El estatus ciudadano se entiende como el reconocimiento del lugar que se le otorga al sujeto en ejercicio pleno de la ciudadanía o eficacia gubernamental (Martini, 2006). Frente al reconocimiento de los sectores LGBTI como ciudadanos se identifica aceptación, ya que en el 68% de los artículos se considera a los marchantes como ciudadanos iguales y con derecho a manifestarse y expresarse, aunque en una tercera parte de los artículos este reconocimiento no es medible o no se alude a él directamente. En este sentido, se clasificó en la categoría Neutral (31%), ya que no se manifiesta a favor o en contra del reconocimiento y tan solo en un caso (1%) hay una clara negación del estatus ciudadano. Este caso se dio en una nota de El Espacio en el año 2008.
Lo anterior indica que la homofobia directa y la negación del derecho a la libre expresión, al libre desarrollo de la personalidad, a la protesta y a marchar, al menos de manera expresa y publicada en medios, son prácticamente inexistentes, y no se han vuelto a producir en los últimos diez años en cuanto a la cobertura mediática, aunque en el caso de derechos específicos —como el matrimonio, la adopción y otros— han existido claras posiciones en contra y a favor (Ordóñez, 2016).
Este diario cuenta con el mayor número de artículos sobre el tema, 24, lo que corresponde al 21% del total de artículos encontrados. Por género periodístico, la distribución es aquella que aparece en la Tabla 4.
| Tipo de espacio | Número de veces encontrado | Porcentaje |
| Fotonoticia | 8 | 33% |
| Notícula | 7 | 29% |
| Artículo noticioso | 5 | 21% |
| Micronoticia | 2 | 8% |
| Editorial | 1 | 4% |
| Artículo de opinión | 1 | 4% |
| Total | 24 | 100% |
Tipos de artículo en El Tiempo
Elaboración propia (2019).De acuerdo con la Tabla 4, el 62% de los artículos publicados en El Tiempo son textos cortos, bien sean fotonoticias o notículas. Y apenas en el 8% de las ocasiones se le da al tema un espacio relevante a través de una editorial y un artículo de opinión.
En cuanto a la calidad de los artículos, el 71% informa (da información clara, aunque en un espacio muy limitado), mientras que en el 29% de los casos la información es incompleta. Respecto al protagonista del artículo, se distribuyen según lo indica la Tabla 5.
| Protagonista | Apariciones | Porcentaje |
| Gay | 18 | 27% |
| Lesbiana | 16 | 24% |
| Transgénero | 9 | 13% |
| Transexual | 7 | 10% |
| Travesti | 6 | 9% |
| Drag queen | 2 | 3% |
| Bisexual | 9 | 13% |
Protagonista del artículo en El Tiempo
Elaboración propia (2019).En el 35% de las ocasiones, el protagonismo recae en lo que, en esta investigación, se ha definido como letra T, y un 27% en los hombres gay. Sumando estas dos letras de la sigla, tenemos el 62% de los artículos, casi las dos terceras partes de lo publicado, lo que corresponde a un cubrimiento mediático sesgado, centrado principalmente en las personas transexuales (mujeres, particularmente) y los hombres gay, seguidos por las lesbianas y los bisexuales.
En cuanto a la denominación de género, aunque en el 50% de las ocasiones es adecuada, en la otra mitad de los casos la denominación es inadecuada (29%) o ambigua (21%). Dentro de lo ambiguo se incluye la ausencia de descripción, ya que no siempre se menciona, aunque no es obligación describir la orientación sexual o la identidad de género de quien habla o aparece en el artículo. No obstante, si se mencionan estas características, se debe hacer de la manera adecuada para no crear confusiones o agredir la identidad de la persona. Es destacable que, en casi una tercera parte de las ocasiones, la denominación de género sea inadecuada (llamar “gay” a todos los sectores LGBTI, por ejemplo, fue uno de los casos recurrentes en El Tiempo).
En concordancia con esta tendencia de una inadecuada denominación de género, se presentan elementos folklorizantes en el 54% de los artículos publicados por El Tiempo.
Respecto al enfoque, predomina un enfoque elitista en cuanto al registro de las fuentes, aunque las estructuras no élite predominan cuando se trata de colectivos.
| Personas no élite | Personas élite | Estructuras no élite | Estructuras élite |
| Presentes en 6 artículos | Presentes en 8 artículos | Presentes en 12 artículos | Presentes en 8 artículos |
| 18% | 24% | 35% | 24% |
Enfoque elitista en El Tiempo.
Elaboración propia (2019).En contraste, el manejo de fuentes demuestra un gran énfasis en los sectores LGBTI (66%) y, en mucha menor medida, en el ciudadano del común (14%) y los representantes del Estado (14%), con uso de fuentes eclesiásticas (6%) en detrimento de las académicas (0%) en temas que se relacionan con el ejercicio de la ciudadanía y el Estado Social de Derecho.
En cuanto al estatus ciudadano, El Tiempo asume una posición neutral (54%), lo que corresponde al cubrimiento de las marchas con artículos de breve extensión con énfasis en las fotografías, con un aparente desconocimiento de los términos, lo cual es espacio abonado para la folklorización y la desinformación frente a la diversidad. En cuanto el reconocimiento del estatus ciudadano se alcanzó un 46%.
Esta publicación tiene 22 artículos, lo cual la ubica como el medio con más artículos después de El Tiempo. Los artículos están distribuidos como consta en la Tabla 7.
| Tipo de espacio | Número de veces encontrado | Porcentaje |
| Artículo de opinión | 10 | 45,5% |
| Artículo noticioso | 4 | 18% |
| Micronoticia | 3 | 14% |
| Crónica | 2 | 9% |
| Entrevista | 1 | 4,5% |
| Editorial | 1 | 4,5% |
| Fotogalería | 1 | 4,5% |
| Total | 22 | 100% |
Tipo de artículo en Sentiido.com
Elaboración propia (2019).A diferencia de los medios tradicionales, en Sentiido predominan los artículos de opinión (45,5%), lo cual permite reflexionar y profundizar en diferentes aspectos de las marchas. Aunado a lo anterior, se encontró una entrevista (de nueve páginas), dos crónicas y una editorial, lo que totaliza un 63,5% de artículos con intención de profundidad. Ello marca una gran diferencia con los demás medios detallados aquí (El Tiempo, El Espacio y El Espectador). Por su parte, las notas breves (fotogalería y micronoticias) suman el 18,5%.
En cuanto a la calidad de los artículos, 86% informan y el 14% tienen información incompleta. No se encontraron artículos que desinformen. Respecto al protagonista de los artículos, están distribuidos según lo muestra la Tabla 8.
| Protagonista | Apariciones | Porcentaje |
| Gay | 12 | 23,5% |
| Lesbiana | 9 | 18% |
| Transgénero | 6 | 12% |
| Transexual | 9 | 18% |
| Travesti | 5 | 10% |
| Drag queen | 5 | 10% |
| Bisexual | 5 | 10% |
Protagonista del artículo en Sentiido.com
Elaboración propia (2019).Siguiendo la línea de los grandes medios, el enfoque estuvo en lo que se ha denominado la letra T (25%), aunque seguido muy de cerca por los hombres gay (23,5%), mientras que en el tercer lugar se encuentran las lesbianas, con el 18% y, en último lugar, como es común a todos los medios analizados, están los bisexuales, con un 10%.
En cuanto a la denominación de género, por tratarse en gran medida de textos de opinión, no se específica la orientación sexual o la identidad de género de quien habla o protagoniza la nota. Sin embargo, a través de las fotos y de las referencias encontradas dentro de los textos se pudo establecer en algunos casos la identidad de las personas protagonistas del artículo y determinar si dicha denominación fue adecuada (45%), representando la identidad ambigua el 55%.
Es de resaltar que el medio no se enfoca en identificar la orientación e identidad sexual, pues se centra más en los debates que interesan a los sectores LGBTI. En este sentido, como en los demás medios, la ambigüedad está relacionada con la imposibilidad de categorizar a todos y cada uno de los que protagonizan un texto periodístico.
En los 22 artículos se presentan cuatro casos de folklorización, pero son usados con ironía para mostrar cómo otras personas descalifican las marchas.
En lo relacionado con el enfoque, se encontró una clara orientación no elitista, como lo muestra la Tabla 9.
| Personas no élite | Personas élite | Estructuras no élite | Estructuras élite |
| 19 | 8 | 8 | 1 |
| 53% | 22% | 22% | 3% |
Enfoque en Sentiido.com
Elaboración propia (2019).Se puede observar que predomina un enfoque no elitista tanto en lo relacionado con las personas, como con las estructuras. Se trata del único medio de los cuatro analizados en detalle que no tiene una orientación elitista. De hecho, el espacio otorgado a las estructuras élite es marginal.
En lo pertinente al manejo de fuentes, hay una marcada tendencia a tomar a los propios sectores LGBTI (68%). La segunda fuente en importancia es la academia (18%). Algo atípico, pues, en ninguno de los otros medios analizados, la academia ocupa el segundo lugar. Como fuentes menos importantes encontramos al ciudadano del común (11%) y a los representantes del Estado (3%). La iglesia no es consultada como fuente.
En lo concerniente el estatus ciudadano, en el 86% de los artículos se reconoce a la marcha como un escenario legítimo de reclamación de derechos, mientras que, en el 14% restante (tres artículos), se cuestiona este escenario y se dan razones en pro y en contra, lo que deja que sea el lector quien establezca su propio criterio.
De este diario se encontraron 21 artículos, que corresponden al 18% del total de artículos analizados. El Espacio exhibe poca variedad de géneros periodísticos sobre el tema de las marchas: tan solo tres. En cuanto al tipo de artículo, el 52% corresponde a artículos cortos (fotonoticia y notícula), lo que se enmarca en la tendencia general de notas cortas y con énfasis en lo visual. El resto de las notas (48%) corresponde a artículos de tipo noticioso que solo dicen lo esencial. No hay artículos de profundidad o extensos.
Sobre la calidad de los artículos, el 62% informa (da información clara, aunque en un espacio muy limitado), mientras que, en el 29% de los casos, se desinforma (información poco clara, no verificable o contraria a los hechos) y en el 9% de las ocasiones la información es incompleta. En general, esto da cuenta de una calidad baja en los artículos, pues menos de dos terceras partes de los artículos informan.
Respecto al protagonista del artículo, hay un énfasis en la letra T: es el diario que más usa el término travesti, aunque la mayoría de las veces de manera equivocada. Luego, siguen en orden de aparición los hombres gais, las lesbianas y los bisexuales, en concordancia con la tendencia general de los medios analizados. La Tabla 10 detalla las apariciones de los protagonistas.
| Protagonista | Apariciones | Porcentaje |
| Gay | 17 | 28% |
| Lesbiana | 12 | 20% |
| Transgénero | 4 | 6,5% |
| Transexual | 6 | 10% |
| Travesti | 7 | 11% |
| Drag queen | 4 | 6,5% |
| Bisexual | 11 | 18% |
Protagonista del artículo en El Espacio.
Elaboración propia (2019).Debido al mal uso de los términos, encontramos que, en el 19% de los casos, la denominación de género es adecuada, en el 14% ambigua y el 66% de las ocasiones es inadecuada (por lo general, llaman a las mujeres transexuales como “travestis”), lo que, aunado al alto número de artículos que desinforman, permite establecer que este diario puede confundir al lector y dar una idea errónea de lo que es la marcha y de quiénes participan en ella.
En cuanto al enfoque, predomina una orientación no elitista en lo referente a las personas (44% no élite y 11% élite), pero, en lo referente a las estructuras, se les da espacio por igual a las estructuras élite y no élite (22%), lo que se desmarca del carácter popular y de prensa amarilla de este diario, pues las organizaciones comunitarias tienen la misma participación que aquellas con poder económico y político.
En lo concerniente al manejo de fuentes, solo hay tres fuentes. En primer lugar, y con casi tres cuartas partes del total de citaciones, se encuentran los sectores LGBTI (72,5%); la segunda fuente son los ciudadanos (24%), y la tercera, los representantes del Estado con un porcentaje marginal (3,5%), lo que nos revela una intención de darles voz a los participantes de la marcha, aunque muchas veces sea para exotizarlos.
En cuanto al estatus ciudadano, El Espacio es el único medio que niega este estatus, aunque en un porcentaje marginal (5%). Predomina la posición neutral (55%), dado que las notas cortas y fotonoticias no permiten una clara toma de posición, y en el 40% de los casos se reconoce el estatus ciudadano de los sectores LGBTI para reclamar sus derechos.
Con un total de 17 artículos, lo publicado en El Espectador representa el 18% del total de artículos periodísticos encontrados.
En cuanto a los tipos de artículo, en El Espectador se rompe la tendencia general de los medios examinados, ya que no predominan las notículas, ni los artículos centrados en fotografías (fotonoticias y fotogalerías). Por el contrario, las noticias de extensión media son la mayoría (70%), mientras que las micronoticias (12%) y las fotogalerías (6%) son minoría. Y, aunque los artículos editoriales (12%) tienen el mismo porcentaje que las micronoticias, hay que tener en cuenta que la editorial es la sección más importante del periódico y, por tanto, el hecho de que le hayan dado ese espacio es un indicador de que se quiso profundizar en el tema y se le dio gran atención.
Este mayor espacio y la importancia que se les da a las marchas se relaciona con el hecho de que los artículos que desinforman son nulos y solo en un caso (la fotogalería) se da una información incompleta, por lo que en el 94% de las ocasiones este diario informa.
En cuanto a la identidad del protagonista de la nota, el 39% corresponde a la letra T, con particular énfasis en los transexuales, lo que deja una presencia mínima para las drag queens. Como segundos protagonistas aparecen, por igual, gais y lesbianas: es el único medio en presentar tal equilibrio entre las letras G y L. Por último, y como sucede en todos los medios analizados, los bisexuales son los que menos protagonismo alcanzan.
| Protagonista | Apariciones | Porcentaje |
| Gay | 16 | 21% |
| Lesbiana | 16 | 21% |
| Transgénero | 9 | 12% |
| Transexual | 11 | 15% |
| Travesti | 7 | 9% |
| Drag queen | 2 | 3% |
| Bisexual | 14 | 19% |
Protagonista del artículo en El Espectador
Elaboración propia (2019).En cuanto a la denominación de género, predomina ampliamente la denominación adecuada (82%), mientras que la denominación inadecuada no se da y la ambigüedad (18%) se presenta en la fotogalería y la micronoticia que enuncian, pero no detallan la identidad de quienes aparecen en el artículo periodístico.
En cuanto al enfoque, predomina un enfoque elitista en lo que se refiere a estructuras. En lo relacionado con las personas, hay una orientación por igual hacia las élites y las no élites, lo que indica en líneas generales que se le da más voz e importancia a la élite, a pesar de que la marcha tiene un componente comunitario y de personas no élite. La Tabla 12 resume la orientación elitista del medio.
| Personas no élite | Personas élite | Estructuras no élite | Estructuras élite |
| 9 | 9 | 5 | 10 |
| 27,3% | 27,3% | 15,2% | 30,3% |
Enfoque en El Espectador
Elaboración propia (2019).Sobre el manejo de fuentes, se prioriza a los sectores LGBTI (44%); luego a los representantes del Estado (26%). En tercer lugar, al ciudadano (21%) y, en cuarto lugar, a la academia que, aunque solo tiene un 8% de participación, se puede considerar como una presencia importante, ya que tanto El Tiempo como El Espacio le dieron nula participación. La iglesia tiene el quinto lugar con una presencia marginal (3%).
En lo ateniente al estatus ciudadano, El Espectador lo reconoce en 16 de sus 17 artículos, 94%, cifra muy superior al reconocimiento otorgado por El Tiempo y El Espectador. Lo neutral corresponde a un 6% en casos en los que no se asocia marcha con reivindicación de derechos ciudadanos.
En síntesis, desde el análisis cuantitativo, y al examinar las 116 notas periodísticas recolectadas, se evidencia la poca cobertura y el poco espacio que ocupa la marcha en la agenda informativa de los medios de comunicación colombianos. Así mismo, se identifica la banalización del evento, particularmente en los medios tradicionales, que tienden a despolitizarlo, folklorizarlo y hacer énfasis únicamente en su componente festivo y referentes de orden estético. Esta tendencia se mantuvo constante durante todo el período de observación en todos los medios observados, a excepción de Sentiido, que es un medio especializado en temas LGBTI. Sin embargo, en los últimos cinco años también fue posible detectar un ligero cambio en El Espectador con algunas notas de mayor profundidad. Para una siguiente etapa de la investigación, habría que seguir observando a El Espectador para ver si esta tendencia se mantiene, se afianza o desaparece.
En general, en Colombia, solo en la última década se ha detectado en los medios de comunicación una apertura para tratar de manera más abierta y directa los temas LGBTI, pero ello no ha desprejuiciado la cobertura de la marcha, que sigue acudiendo a representaciones despectivas y reduccionistas o a visiones parcializadas de su sentido. En países como México, ya desde 2001, según una investigación de Porfirio Hernández (2001), había evidencias de una apertura hacia la diversidad sexual en los modos de informar precisamente sobre la marcha del Orgullo Gay, aunque todavía no había un desprendimiento de las imágenes festivamente estigmatizadoras, que opacan su carácter más sustancialmente político y, como en Colombia, dan protagonismo a lo anecdótico:
la Marcha del Orgullo llama la atención por sus connotaciones “carnavalescas”, por la “rareza” y lo “estrafalario” de los personajes que desfilan, circunscribiendo la información básicamente a crónicas del recorrido realizado y sus aconteceres durante el “desfile”. Además, dentro de este tratamiento cronicado del suceso, se desdeña la información sobre las declaraciones, discursos, intervenciones y demandas expresadas en el acto final de la Marcha. Así, para los/as reporteros/as la Marcha termina al llegar al Zócalo, no después del mitin. (Hernández, 2001, p. 28)
En Argentina, una investigación sobre el cubrimiento de las marchas de los años 2008 y 2009 daba cuenta de dos categorías a través de las cuales los medios, especialmente televisivos, las visibilizaban: hipersexualización (como en algunos medios colombianos) y despolitización del otro (Settanni, 2013). La hipersexualización se verificaba a través de la indagación al azar de aspectos de la vida sexual de los marchantes, los primeros planos de las partes genitales, las medidas de los pechos de las trans y los detalles de las fiestas postmarcha, entre otros. La despolitización del otro, a través de la desestimación de las demandas políticas: “es posible observar situaciones singulares y sumamente llamativas debido a que, en ocasiones, en las entrevistas se suspende el diálogo cuando se entremezcla un discurso político, el cual es abiertamente ignorado” (Settanni, 2013, p.66).
También en Argentina, una investigación más reciente analizó el cubrimiento de temas LGBTIQ (incluida la marcha del Orgullo Gay) en medios digitales, durante tres meses de 2016, y volvió a resaltar la ausencia de un enfoque político, más centrado en derechos:
Falta aún que Clarín y La Nación amplíen el registro de voces, que tomen más historias de vida de personas LGBTIQ y que colaboren en la divulgación de derechos del colectivo. Que no sean los hechos de actualidad los que determinen la agenda periodística, sino que estos medios construyan agenda a partir de la producción y el relevamiento propios. (FOPEA, 2017, p. 41)
Un estudio con un grupo focal conformado por miembros de colectivos LGBTI en Ecuador ofreció varios aspectos coincidentes con la presente investigación y con las ya anotadas en México y Argentina: se concluyó que los medios ecuatorianos tienden a caricaturizar los temas y las personas LGBTI; homogenizan al colectivo LGBTI, pasando por alto la diversidad de identidades y orientaciones; exotizan y estigmatizan a las personas LGBTI, hasta considerarlas incluso como “peligrosas”, pero, a diferencia de Colombia, se resaltó el mejor trato y accesibilidad de los medios de provincia a las temáticas de estos colectivos, respecto de los medios nacionales (Oller y Chavero, 2016).
Volviendo al caso de la marcha bogotana, pese a ser uno de los eventos masivos más importantes de Bogotá y a los cuestionamientos sociales, políticos, económicos y culturales que genera, los medios no le otorgan mucha importancia. Ello se deduce del poco espacio informativo sobre su sentido y motivaciones. Además, en lo referente a fotografías y textos, ningún medio de comunicación da cuenta de la enorme riqueza de personas, colectivos, arengas, eslóganes y causas sociales, políticas, culturales, académicas y económicas que inspiran la marcha.
Entre los medios tradicionales, El Espectador, como ya se afirmó, parece ser el único que tiende a hacer un cubrimiento de calidad, aunque con muy pocas notas.
En cuanto a las diferencias entre los medios tradicionales y los medios LGBTI, puede afirmarse que son muy notorias, pues solo los segundos abren marcadamente el espacio orientado a reflexionar, dar contexto, argumentar y recoger diversas voces para hablar con profundidad sobre las marchas.
Hay un aspecto que resulta particularmente significativo respecto de la poca visibilidad en los medios tradicionales ya no solo de las marchas, sino de los sectores LGBTI en general: se pasan por alto las posturas de los sectores LGBTI frente a diversas problemáticas de la realidad nacional (conflicto armado, acuerdos de paz, asesinatos de líderes sociales), que también se hacen presentes en la marcha a través de consignas y manifiestos.
En consonancia con lo anterior, los medios no ilustran el respaldo a la marcha de sectores distintos a los LGBTI y su presencia en ella. Se representa la marcha como un acto al que acuden únicamente personas de los sectores LGBTI. En particular, no se visibiliza la presencia de los heterosexuales marchando en favor de los LGBTI. Ni siquiera se menciona la presencia de figuras públicas, en especial representantes de movimientos y partidos políticos que asisten al evento y respaldan las reivindicaciones LGBTI.
Aunque los medios de comunicación tradicionales en el siglo XXI han presentado avances respecto al cubrimiento hecho en el siglo XX, tales como una mayor cantidad de artículos con una adecuada denominación de género y el reconocimiento del estatus ciudadano de las personas LGBTI, siguen existiendo falencias en el manejo de la información frente a algunos sectores como transexuales, transgeneristas, travestis, drag queens, bisexuales, “osos”, intergéneros, etc.
Por su parte, los medios de comunicación de los sectores LGBTI han hecho importantes esfuerzos por educar, contextualizar la información, ofrecer notas más elaboradas y trabajadas con un manejo de fuentes amplio que refleja rigurosidad en el contenido y en los enfoques. Sin embargo, su impacto es reducido, debido a que tienen una audiencia muy específica. Esto hace imperioso que los medios tradicionales den mayor alcance y mejoren su cubrimiento.
Si bien es cierto que las apuestas y las puestas en escena de las marchas con tinte transgresor, estético, artístico y lúdico hacen parte de la movilización y tienen un trasfondo político más allá del “espectáculo”, es necesario que los medios apunten a ese sentido político, no solo con la vocería sobre los propios sectores LGBTI, sino con la de otros actores con los cuales se establezca un diálogo amplio, más allá de las temáticas de estos sectores. Y, a su vez, es necesario visualizar a las personas LGBTI como cualquier otro actor sociopolítico que quiere pronunciarse frente a distintos aspectos de la realidad, pues, como lo señala Serrano (2003), la marcha es útil a este sector para ilustrar como “un uso del cuerpo, la sexualidad y el género sirven para crear narrativas de lo que es o puede ser como sujeto social y político para desde allí demandar y crear un cambio en las relaciones de poder que producen y reproducen la discriminación.” (p. 25).
El cubrimiento de la marcha se ha realizado con base en representaciones espectacularizantes, acudiendo a imágenes que documentan lo colorido, lo curioso, lo raro, con una mirada de estupor, más que de aceptación e inclusión. Por tanto, hay una clara postura de exclusión e incluso discriminación frente a las marchas y frente a los temas LGBTI. Se cubren sin un criterio atento a la complejidad de la diversidad que expresan y se limitan a mostrar lo LGBTI como algo exótico, raro, como si fuera un entretenimiento para quienes no son LGBTI.
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