¿Cómo ha cubierto la prensa ecuatoriana la frontera norte?

Una etnografía de 2018-2019 con enfoque de género

Introducción

La frontera norte de Ecuador por años ha sido un lugar de descanso, abastecimiento y tráfico de cocaína para los grupos armados. Colombia en la década de 1990, al ser considerado el primer país productor de coca del mundo y en un intento por erradicar las plantaciones ilícitas de su territorio y terminar el conflicto con la guerrilla, empezó un proceso de fumigaciones desplazando al grupo armado y a los cultivos de coca al sur, es decir cada vez más cerca de la divisoria con Ecuador, lo que a su vez acentuó las interacciones delictivas entre poblados fronterizos y guerrilla. Toda esta dinámica resultó de interés para los medios de comunicación ecuatorianos que llegaron a la zona para informar sobre los distintos tipos de crímenes transnacionales que se cometían. Históricamente, la respuesta de los gobiernos ecuatorianos al incremento de la violencia en frontera ha sido la militarización, generando que tanto los militares como policías desplegados a lo largo de frontera, se conviertan para muchas poblaciones en el único rostro del Estado en el tema de seguridad y justicia.

De una revisión hemerográfica de las portadas de los medios ecuatorianos, se observa que los diarios ecuatorianos dan cuenta de ataques, asesinatos, robos, compras de propiedades y estrategias de propaganda de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en territorio ecuatoriano. San Lorenzo, una localidad de la provincia de Esmeraldas a menos de 10 kilómetros de la frontera con Colombia, tuvo en 2008 el índice más alto de sicariatos por año, 80 en total. De forma similar las provincias fronterizas de Sucumbíos y Carchi elevaron sus índices de violencia. Para 2009, las tres provincias triplicaban la media nacional de homicidios por cada 100 000 habitantes.

Los pobladores de San Lorenzo viven del comercio, la administración pública, la pesca, la palmicultura y la recolección de conchas. Crédito: Karina Acosta.

Los pobladores de San Lorenzo viven del comercio, la administración pública, la pesca, la palmicultura y la recolección de conchas. Crédito: Karina Acosta.

 

Es posible observar que existe una concentración geográfica de las tasas de homicidio en aquellas provincias cuya población vive —al menos en su mayoría— en el área rural. En los casos de Esmeraldas y Sucumbíos, el 60 % de su población vive en zonas rurales, es decir, 20 % más que la media nacional. (Espín, 2013a, p. 41)

En 2012, según un reportaje del diario El Comercio, Esmeraldas tenía la tasa más alta de homicidios en el país. Desde enero a mayo de ese año, el medio daba cuenta de 32 crímenes lo que dejó como saldo 40 muertos (El Comercio, 2012). Para 2016, Colombia vivía el desarme de las FARC, tras la firma del acuerdo para la terminación definitiva del conflicto. Entre los puntos que se acordaron estaban la creación de la “Reforma Rural Integral” en las regiones, que debía contribuir a erradicar la pobreza y promover la igualdad. Se garantizaba el cese al fuego definitivo y la dejación de armas, el resarcimiento de las víctimas, la creación de una comisión que dé seguimiento y verificación del acuerdo de paz final. La paz en el vecino país tenía altas expectativas, pero del lado ecuatoriano la prensa daba cuenta de varios grupos irregulares disidentes de las FARC que se disputaban el territorio. (El Comercio, 2017)

Las fuerzas armadas disidentes en sus visitas a Ecuador se dedicaron a reclutar a jóvenes para sus delitos transnacionales. Los medios desplazaron a sus periodistas a la zona cuando se suscitaba un hecho que llegue a ser de interés nacional, como incautaciones de cocaína y juicios a delincuentes relacionados con estos grupos irregulares; pero la coyuntura dejaba de lado los temas relacionados con las necesidades de la población como la falta de empleo, salud o educación. En enero de 2018, no obstante, la violencia que siempre había tenido latidos frecuentes en frontera, subió significativamente con la explosión de un “coche bomba” en el retén de Policía de San Lorenzo; despertando el interés de todos los medios de comunicación que volcaron su mirada a la zona norte de país.

Periodistas hombres y, en menor número, periodistas mujeres, llegaron a la frontera para informar sobre los ataques de grupos insurgentes contra la infraestructura policial de San Lorenzo. Muchos de los grupos periodísticos llegaron a la zona sin tener completo conocimiento del problema que enfrentaba Ecuador con la penetración de grupos disidentes al territorio. El 26 de marzo de 2018, un grupo de prensa del diario ecuatoriano El Comercio1 fue secuestrado por disidentes armados. El 13 de abril del mismo año el Gobierno ecuatoriano confirmó la muerte de los periodistas, tras un proceso de negociaciones fallidas con los secuestradores.

Ese acontecimiento cambió la perspectiva de los medios de comunicación para cubrir la zona norte de Ecuador, fue cuando pudieron evidenciar el peligro, dimensionar la problemática en torno al conflicto armado que no se había terminado con el proceso de paz que Colombia firmó con las FARC en 2016. Muchos medios de comunicación de carácter nacional concluyeron que no podrían enviar periodistas a la zona debido a los peligros; por su parte los reporteros entendieron que no estaban preparados con protocolos para acudir a la zona.

En este artículo se registran los resultados de una investigación que llevó por título “Género y cobertura de delitos transnacionales en la frontera norte de Ecuador: una reconstrucción etnográfica de 2018-2019”, la cual buscó determinar el porqué la cobertura en frontera hecha por la prensa nacional entre 2018 y 2019 ha sido principalmente por hombres y cómo lo han hecho, cuáles han sido las temáticas y cuáles han sido sus fuentes, desde una perspectiva de género.

Esa investigación utilizó como metodología la etnografía y llegó a la conclusión de que en Ecuador los medios de comunicación no están pensando según el género para enviar a sus periodistas a coberturas de riesgo; a su vez los reporteros designados tampoco tienen un enfoque de género para cubrir una zona permeada por la violencia.

Por generaciones, las poblaciones de frontera repiten ciclos de pobreza. La  intervención del Estado en educación, salud o servicios básicos es escasa. Crédito: Karina Acosta.

Por generaciones, las poblaciones de frontera repiten ciclos de pobreza. La  intervención del Estado en educación, salud o servicios básicos es escasa. Crédito: Karina Acosta.

Las voces que integran una noticia en frontera, en su mayoría son masculinas, las fuentes oficiales son hombres, al igual que las testimoniales. Las problemáticas sociales en los grandes diarios pierden relevancia frente a los hechos violentos que se actualizan constantemente. La ola de violencia que la zona norte de Ecuador vivió en 2018, hizo que los medios y periodistas evalúen la forma en la que estaban cubriendo este lugar, pero también dio paso para que se cuestione la seguridad que tanto periodistas hombres como mujeres tenían cuando se desplazaban a coberturas de riesgo. Varios medios decidieron frenar la cobertura en  la zona porque no contaban con la seguridad necesaria para sus periodistas, quienes, a su vez, evidenciaron una despreocupación por parte de los medios para solventar a profundidad las falencias en seguridad.

1. Los trabajos académicos sobre cobertura de riesgo

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha reconocido que los periodistas se exponen a peligros concretos como intimidación, acoso y violencia en situaciones de conflicto armado. Por intermedio de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (en adelante, Unesco) ha creado manuales para las coberturas de riesgo como “Los medios de comunicación y el terrorismo”, instrumento que da cuenta de reglas básicas de disciplina, vocabulario, coberturas periodísticas en un atentado, interacciones con grupos terroristas, entre los principales temas (Unesco, 2017).

La Unesco también ha trabajado en conjunto con Reporteros sin Fronteras, para crear el Manual de seguridad para periodistas, guía en la cual se integra los peligros extras que las mujeres deben considerar, por ejemplo, el riesgo de que los soldados o rebeldes las acosen sexualmente. Sobre las precauciones en terreno, el manual sostiene que en los controles viales impuestos, tanto por fuerzas regulares como irregulares, las mujeres corren riesgos mayores al ser consideradas “presas fáciles”, por lo que se subraya “tener mayor cuidado” (Unesco y Reporteros sin Fronteras, 2017).

En Ecuador estos manuales no se han adaptado al contexto del país y ningún sector ligado a la comunicación ha estructurado guías similares para precautelar la seguridad de los periodistas en situaciones de riesgo. No obstante, se han realizado publicaciones que dan cuenta de la cobertura realizada en la frontera, la cual ha sido principalmente realizada por hombres. Desde el periodismo, el libro El juego del camaleón: los secretos de Angostura, del periodista Arturo Torres, explica los nexos de las FARC con funcionarios y diplomáticos del gobierno de Rafael Correa que tenían influencia directa sobre las dinámicas en la divisoria y al interior de Ecuador (Torres A., 2009). Por otra parte, el texto 20 años de cobertura en frontera, publicado por diario El Comercio, después del asesinato al grupo periodístico, recopila una serie de reportajes que el medio realizó en la zona; allí se evidencia que la mayoría de notas escritas en la zona fueron hechas por manos de hombres (El Comercio, 9 de junio de 2018). Posteriormente, Torres, junto con la periodista María Belén Arroyo, publicó Rehenes: ¿Por qué ejecutaron a los periodistas de El Comercio?, libro que describe una serie de inconsistencias por parte de los gobiernos de Ecuador y Colombia para recuperar a los periodistas de El Comerciocon vida (Torres y Arroyo, 2019).

Igualmente, la academia, ha hecho trabajos sobre frontera, medios y coberturas de riesgo. Jenny Pontón (2006), en su texto “Más que una frontera caliente”, apunta que la cobertura periodística en la zona norte necesita un enfoque de seguridad ciudadana.

Los medios de comunicación deben denunciar y reflexionar sobre las graves implicaciones del combate a la guerrilla colombiana al interior del territorio ecuatoriano, lo cual va más allá de lo que dicen las autoridades políticas, pues poco se conoce lo que piensan los/as habitantes de la frontera (p. 12).

En un estudio de la académica Johanna Espín (2013b) ya se evidenciaban las problemáticas resultantes de una cobertura mediática y de políticas gubernamentales que daban mayor prioridad a los aspectos diplomáticos e internacionales sobre la conflictividad en la frontera, que a las problemáticas locales.

Se está “virtualizando” la frontera, básicamente porque se la piensa en términos abstractos. Esto quiere decir que las poblaciones fronterizas, el espacio físico y los habitantes han sido reducidos a comodines mediáticos o, peor aún, han sido borrados como dinámica viva. Como consecuencia, las discusiones o propuestas sobre la frontera corren el riesgo de situarse, incluso a largo plazo, en términos ficcionales. Esto es particularmente cierto si pensamos en la evidente ausencia de Estado en los territorios de frontera, en contraste con los aspavientos mediáticos que distintos actores del gobierno realizan cada día. Además, la agenda de los medios suele —con frecuencia— separar la vida cotidiana de la vida económica y política, en un ejercicio no exento de maniqueísmo que, inclusive, parecería —sólo parecería— ser el correlato de las políticas de Estado al respecto. (Espín, 2013b, p. 36)

Del mismo modo, Fernando Carrión en “La violencia fronteriza requiere políticas específicas con acuerdos amplios” asevera que la violencia en la zona norte no puede ser únicamente asumida como una problemática de seguridad nacional, pues, a su criterio, se debe integrar el concepto de seguridad ciudadana. “Hay que descentralizar las políticas para que se ajusten a las dinámicas locales de la violencia y hay que priorizar las condiciones de vida de la población residente en la región” (Carrión, 2013, p. 62). El mismo autor hace hincapié en la importancia de “equilibrar las desigualdades socioeconómicas y legales entre los países” dando cabida a “políticas transfronterizas de seguridad ciudadana, así como políticas económicas, culturales y sociales” (Carrión, 2013, p. 62).

En 2012, la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) y el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (IDRC) realizaron un proyecto de investigación sobre el sistema de gobernanza de la seguridad ciudadana en las poblaciones de la frontera norte ecuatoriana, con el fin de conocer y entender con mayor profundidad las características de la violencia fronteriza. La investigación llegó a la conclusión de que “las fronteras han sido tradicionalmente pensadas desde el ámbito nacional, por lo que las demandas locales y las dinámicas transfronterizas han sido sistemáticamente ignoradas” (Ponce, 2013, p. 12), por lo que una mayor presencia Estatal, reduciría el margen de violencia y crimen en la zona norte.

William Aguilar y Fausto Tingo en “Violencia y Protección Internacional” explican los extremos con los cuales se estigmatiza a la población de frontera. Según los autores la cohesión y coerción, integra a las personas mediante la ilegalidad como narcotráfico, conflicto armado, comercio ilegal y separa desde lo legal intervención estatal en seguridad y militarización.

Los discursos hegemónicos que provienen de las elites han tendido a estigmatizar la zona de frontera (y han sobre dimensionado la situación de violencia en la frontera), y los discursos antagónicos de las personas que viven a diario la violencia para quienes hablar del tema resulta indecible “aquí la gente tiene que ver, oír y callar” (que a lo interno han tendido a invisibilizar las condiciones precarias y de fragilidad sobre la violencia), haciendo del silencio un dispositivo que les permite sobrevivir. (Aguilar y Tingo, 2016, p. 116.)

A partir de lo anterior, se evidencia que no hay trabajos académicos sobre el ejercicio periodístico en frontera y sus riesgos, desde un enfoque de género. De allí surge la interrogante de por qué la cobertura en frontera ha sido principalmente realizada por hombres y a su vez el interés en saber cómo lo han hecho, cuáles han sido las temáticas y fuentes, desde una perspectiva de género.

Mataje, un año después del secuestro y posterior asesinato del grupo periodístico del diario El Comercio. Crédito: Karina Acosta.

Mataje, un año después del secuestro y posterior asesinato del grupo periodístico del diario El Comercio. Crédito: Karina Acosta.

 

2. Metodología

La perspectiva metodológica que siguió esta investigación es la etnografía. Para Oscar Guasch (2002), este término se entiende como la descripción de los grupos humanos, que se consigue tras una determinada observación o trabajo de campo entre el grupo en cuestión, en la que mediante la observación participante y el empleo de informantes se obtienen los datos que se analizan posteriormente.

En el caso de esta investigación se observaron a los actores en dos momentos, el año 2018 y el año 2019. Para identificar a los actores de 2018 se hizo una revisión de las notas periodísticas que se publicaron sobre frontera norte mediante la búsqueda en portales web de los medios de comunicación nacionales. La revisión fue hecha tanto en prensa escrita, como en registros audiovisuales de canales de televisión, entre los principales que se observaron están: El Comercio, Diario Expreso, El Telégrafo, Revista Vistazo, Teleamazonas, Ecuavisa, Ecuador TV, Plan V.

Para complementar la información recopilada del monitoreo de medios se entrevistó a periodistas activos en la profesión con el objetivo de determinar cómo llevaron a cabo las coberturas tras la ola de violencia suscitada en la frontera que limitó en su mayoría las coberturas y desplazamientos a la zona norte. Así también para tener su perspectiva sobre el tratamiento a las fuentes y los enfoques que desde entonces se manejaron para cubrir esa zona de conflicto. Enfoque que responde al concepto de Guasch (2002) sobre el interés del etnógrafo en la búsqueda cualitativa de información.

En el año 2019, se repitió el proceso de observación, esta vez en el interior de las redacciones de los diarios El Comercio, Expreso y El Telégrafo. Allí se acompañó a los periodistas de los medios escogidos a las coberturas, también se participó de actividades internas como reuniones de planificación y edición. Los medios en los que se realizó la investigación —los dos primeros privados y el último público—, fueron escogidos por su trayectoria en la publicación de artículos en la zona, ya que desde la década de 1990 la prensa escrita ha realizado más coberturas en la zona que los medios de comunicación televisivos, radiales o digitales.

El Comercio, diario fundado en 1906 en Quito, bajo una ideología de derecha, ha cubierto la frontera dando seguimiento continuo a los hechos de violencia suscitado por el conflicto armado colombiano. En 2018, este diario publicó una recopilación de los reportajes sobre el lugar desde la década de 1990, en el cual se puede ver una evolución en la forma de cubrir los hechos y en los enfoques. El Telégrafo, fundado en 1884 en Guayaquil, es el primer diario público de Ecuador y uno de los diarios más antiguos en la actualidad; al ser un diario público vale la pena analizar su trabajo de cobertura en una zona tan necesitada de la mirada periodística. Finalmente, diario Expreso, fundado en 1973 bajo una ideología liberal, ha mantenido una cobertura permanente de la zona.

Se utilizaron varias técnicas: la observación participante, que de acuerdo a Guasch (2002) “busca describir los comportamientos de los seres vivos en su medio natural”. Dicha técnica se empleó por una semana en cada uno de los medios de comunicación. En los cinco días se observaron las reuniones de planificación, cómo los periodistas delimitaban sus temas, la preproducción para la reportería; se acompañó a los periodistas al trabajo de campo, se constató si se cumplía correctamente la cobertura planificada o si la cambiaron, el proceso de redacción de la nota y, por último, se observaron los alcances que la nota tuvo en la audiencia.

Esta observación participante fue específicamente para el momento de 2019 en las redacciones y el momento de las corresponsalías. Otro instrumento que se usó en los dos momentos es la entrevista en profundidad definida como una “técnica social que pone en relación de comunicación directa cara a cara a un investigador/entrevistador y a un individuo entrevistado con el cual se establece una relación peculiar de conocimiento que es dialógica, espontánea, concentrada y de intensidad variable (Canales, 2006, 219.). Para completar el análisis de las notas de 2018 se entrevistó a tres periodistas que cubrieron la zona en ese período y que ayudaron a reconstruir lo que pasó en dicho año: Arturo Torres, periodista con veinte años de experiencia en coberturas de frontera. Desde el año 2000, Torres fue editor de la sección judicial del diario El Comercio, luego editor de investigación y ejerció como macroeditor hasta 2018. Posteriormente Torres cofundó el portal Código Vidrio, el cual recibió una mención de honor por el caso Odebrecht en el concurso latinoamericano de periodismo de investigación, organizado por el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS) y Transparencia Internacional (TI). Torres también ha publicado dos libros que dan cuenta de la situación en frontera norte, El juego del camaleón: los secretos de Angostura (2009) y Rehenes: ¿Por qué ejecutaron a los periodistas de El Comercio? (2019), este último en coautoría con la periodista María Belén Arroyo.

Otro de los periodistas entrevistados fue Christian Torres, reportero del diario El Telégrafo, quien ha cubierto la zona por diecinueve años. Torres junto a la sección judicial de El Comercio en 2009 se adjudicó el premio Jorge Mantilla Ortega con el trabajo periodístico “Frontera caliente: El tour FARC acabó en tragedia”. Para finalizar, se entrevistó a Marieta Campaña, periodista con veinte años de experiencia en el área judicial, con estudios en medios de comunicación y conflicto. Campaña se ha desempeñado en medios impresos como el extinto diarioHoy, actualmente trabaja en diario Expreso.

Al ser tres periodistas con varios años de experiencia en coberturas del conflicto armado en la zona norte de Ecuador, aportaron interesantes puntos de vista sobre la evolución de la cobertura y los riesgos desde la década de 1990 hasta la actualidad. De igual manera, se hicieron entrevistas en el proceso de observación participante aplicada en los tres medios de comunicación y, finalmente, se hizo un monitoreo mediático con un barrido de notas y, luego, identificando a los periodistas y a las temáticas.

Todas las entrevistas fueron grabadas en audio; la observación participante fue documentada mediante fotografías y notas realizadas en una libreta de campo. Todo el material recopilado por medio de los diferentes instrumentos fue transcrito fidedignamente y los resultados se detallan en el apartado siguiente.

3. Análisis de resultados

La frontera ecuatoriana se vio permeada por el conflicto armado colombiano, esto sucedió debido al mínimo trabajo conjunto de los gobiernos de Ecuador y Colombia para combatir efectivamente a los grupos armados. Las zonas fronterizas han sufrido un abandono de las autoridades lo que ha ocasionado que los grupos insurgentes se afiancen en estos lugares, solventando las necesidades básicas de estas poblaciones, carentes de servicios básicos, educación y empleo. Desde que Colombia empezó con la creación del Plan Colombia, la prensa ecuatoriana enmarcó las repercusiones que la nueva política iba a tener de lado ecuatoriano por lo que se acercó a frontera con más frecuencia; en este sentido Torres enumera los desencadenantes mundiales que motivaron a Colombia para luchar con fuerza contra los grupos irregulares.

El ataque en el 2001 a las Torres Gemelas dio un giro a la política global, que también tuvo repercusiones en América Latina [...] En el año 20003 hubo un giro en la política regional con el Comando Sur a la cabeza dictaminando las políticas frente al terrorismo [...] desde esa época se les empezó a llamar a las FARC como terroristas, con lo que cambió totalmente el enfoque de la seguridad en el país. (Torres A., entrevista personal, 23 de abril de 2019)

Las nuevas políticas en seguridad implementadas por Colombia, desplegaron a los grupos irregulares hacia la zona norte de Ecuador, donde llegaron a replicar acciones de violencia para legitimarse con la población fronteriza de las provincias de Sucumbíos, Carchi y Esmeraldas. Estas mismas provincias recibieron constantemente a ciudadanos colombianos en calidad de refugiados que huían de la violencia en su territorio. Según el censo poblacional de 2010, Ecuador en los años 2000 y 2005 acogió a 20 540 ciudadanos colombianos que buscaban el reconocimiento como refugiados. Entre 2009 y 2010 también se registró una cifra elevada, 18 285 personas, número relacionado con la política de libre movilidad implementada por Ecuador en ese período; al punto que en el país los migrantes colombianos representan el 98 % del total de personas extranjeras (OIM, 2013).

La población de Mataje vivió una militarización después del asesinato del grupo de prensa. Crédito: Karina Acosta.

La población de Mataje vivió una militarización después del asesinato del grupo de prensa. Crédito: Karina Acosta.

 

Hasta el año 2012, la prensa daba cuenta con regularidad de crímenes transnacionales cometidos en frontera. Por transnacional, “ofensas que tienen lugar en un Estado pero que son llevadas a cabo por grupos que operan en más de un Estado, así como delitos cometidos en un Estado pero que tienen un impacto substancial en otro Estado” (UNODC, s.f.).

Sin embargo, en los últimos diez años se redujo significativamente el trabajo periodístico desde la frontera. Torres considera que los grupos ligados al narcotráfico cambiaron su lógica para operar en estas zonas en los últimos años. “Vieron que era más fácil corromper a los funcionarios que entrar a matar. Antes se ajusticiaba, había crímenes muy violentos, sicariatos, y eso cambió dramáticamente desde el año 2012”. (Torres, A., entrevista personal, 23 de abril de 2019).

El experto sostiene que en la frontera hubo un silencio por parte de los grupos irregulares, silencio que no fue monitoreado por los medios. Para 2017, la prensa actualizaba la información de frontera con notas sobre detenciones, incautaciones de cocaína, y sobre minería ilegal relacionada con grupos armados. Los primeros días de 2018 la lógica de cobertura en frontera era semejante a 2017, hasta que el 27 de enero explotó un “coche bomba” en el retén de Policía de San Lorenzo, localidad al norte Esmeraldas ubicada a 80 kilómetros de Colombia. Dicha explosión fue atribuida a fuerzas insurgentes.

3.1. 2018: Monitoreo y entrevistas

El atentado del 27 de enero fue el primero de una serie de crímenes en la zona norte cometidos por un grupo irregular disidente de las FARC, autodenominado Oliver Sinisterra, crímenes que fueron cubiertos al detalle por los medios. “Desde que hubo la explosión lo primero que se hizo fue hablar con los heridos, entender por qué sucedió, tomando un lado muy humano; ver lo que le falta a San Lorenzo; por qué aumentaron los delitos y luego agregar todo lo investigativo: quién es el Frente Oliver Sinisterra, quién es su líder, para informar a las personas” (Torres, C., entrevista personal, 6 de mayo de 2019).

Sin embargo, para muchos medios de comunicación la dinámica de trabajo en frontera cambió el 26 de marzo cuando un equipo de prensa del diario El Comercio fue secuestrado y, posteriormente, asesinado por el grupo armado, al que en total se le atribuyó en 2018 la muerte de diez personas;2 además de una cadena de daños materiales a infraestructura gubernamental. Por la relevancia de la información que se producía en frontera, los medios y en especial la prensa enviaban esporádicamente a los periodistas a frontera; no obstante, San Lorenzo, al volverse una población militarizada, se tornó hermética hacia las personas que no eran del lugar. Así pues, los medios de comunicación informaban del incremento de la presencia militar en frontera, de los detenidos en operativos, de la droga incautada, del tráfico de armas, pero no tenían acceso a los habitantes del lugar.

Como resultado los medios tuvieron una agenda muy cercana a la que manejaba el Gobierno ecuatoriano. Sin embargo, Torres, considera que los medios no abandonaron la frontera y que las noticias salían escritas desde el terreno. “No se contaban hechos puntuales, sino que se hacía una investigación. Tal vez muchos no retomaron, pero de lo que yo vi el caso todos los periódicos daban una serie, no lo tomaban como hechos aislados, hubo coberturas continuas. Yo estuve [allí] siete veces luego del secuestro de lo que pasó con los periodistas” (Torres, C., entrevista personal, 6 de mayo de 2019).

Los temas de los que la prensa dio cuenta en el año 2018 estuvieron ligados a las acciones que el Gobierno implementaba para combatir al grupo terrorista, entre ellas el proceso de negociación fallido para recuperar a los periodistas con vida, el rescate de los cuerpos de la selva colombiana, el activismo de las familias para que su caso no pierda vigencia y los responsables del crimen asuman responsabilidades. En frontera la violencia no disminuía. Los medios en 2018 hablaron sobre las víctimas, tanto de los fallecidos como de la población de San Lorenzo, niños y adolescentes, que fueron reclutados constantemente por los grupos disidentes. Por otro lado, se encontraban los procesos judiciales que compartían las fiscalías de Ecuador y Colombia debido al incremento de detenidos en frontera producto del incremento de operativos. Y, por último, el desplazamiento poblacional de las zonas por los enfrentamientos entre autoridades gubernamentales y el grupo insurgente.

Autoridades militares y policiales realizan controles en la vía que conecta San Lorenzo con Mataje. Crédito: Karina Acosta.

Autoridades militares y policiales realizan controles en la vía que conecta San Lorenzo con Mataje. Crédito: Karina Acosta.

3.2. 2019: Monitoreo y observación participante

Para 2019, el periodismo en Ecuador estaba sobreponiéndose de la pérdida del grupo de prensa que fue asesinado. En los primeros meses del año, los medios de comunicación consolidaban proyectos relacionados con la seguridad. Otros que ya tenían protocolos para sus periodistas, fotógrafos y choferes, acentuaron la seguridad impartiendo capacitaciones a su personal sobre cómo cubrir situaciones de riesgo.

Todos teníamos desde el año pasado una cobertura básica, desde el desconocimiento, porque no nos habíamos enfrentado a lo que sucedió en 2018, siempre tuvimos la protección del diario [Expreso] pero la capacitación externa adquirió un peso mayor después del suceso con los muchachos de El Comercio. Nosotros procuramos dar todas las facilidades, desde contar con movilización para los periodistas para que puedan regresar a sus hogares y hagan su trabajo bien. (Montenegro, entrevista personal, julio de 2019)

De su lado, el Estado ecuatoriano en el mes de abril creó un Comité Interinstitucional para la Protección de Periodistas y Trabajadores de la Comunicación que buscaba “implementar y operar mecanismos de prevención que garanticen la vida, integridad, libertad y seguridad de periodistas y trabajadores de la comunicación en situaciones de peligrosidad” (Ecuador TV, 30 de abril de 2019). Los medios de comunicación le dieron seguimiento a las acciones del Gobierno en pro de estabilizar la seguridad en frontera. Además, cubrieron la visita de los familiares del grupo de prensa asesinado a la frontera. “Los familiares depositaron ofrendas florales en el retén policial y militar de Mataje. Un hecho simbólico en medio de la exigencia de verdad y justicia ante las autoridades ecuatorianas por el crimen de sus parientes” (Ecuavisa, 12 de abril de 2019).

Ese viaje fue guiado por autoridades militares y policiales. También acudió un gran número de periodistas y fotógrafos para constatar la estabilización del orden que el Estado ecuatoriano afirmaba era existente en la frontera. Entre los comunicadores, Karina Acosta, fotógrafa del diario El Telégrafo, afirmó que la presencia militar tenía nerviosa a la población.

Cuando llegamos, los militares nos dijeron que no caminemos por las veredas, sino por la calle y que no nos alejemos del grupo. Se sentía un recelo por parte de las personas del lugar. Yo me acerqué a los niños, y empecé a interactuar con ellos. Les enseñe a usar la cámara, en un rato estaban haciéndose fotos entre ellos. Fue un lindo momento porque por un rato se olvidaron de los militares, de todos los visitantes extraños que tenían y solo jugaron como los niños hacen, sin violencia. (Acosta, entrevista personal, agosto de 2019)

Un grupo de niños toma fotografías de Mataje con la cámara que la fotógrafa Karina Acosta les enseño a usar. Crédito: Diego Pallero.

Un grupo de niños toma fotografías de Mataje con la cámara que la fotógrafa Karina Acosta les enseño a usar. Crédito: Diego Pallero.

 

Tres meses después, el Ministerio de Defensa y el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas organizaron una capacitación para periodistas con el objetivo de prepararlos para actuar adecuadamente en zonas de crisis. Los comunicadores recibieron nociones de derecho internacional humanitario, manejo de estrés, labor periodística en zonas hostiles, negociación y mediación, con ejercicios prácticos, por parte de Cascos Azules, en un período de 10 días (Expreso, 20 de julio de 2019). Sin embargo, no todos los medios de comunicación han tomado más precauciones acerca de coberturas en la frontera, las normas de seguridad no son estandarizadas y cada medio ha optado por lo que considera más adecuado.

Los periodistas, fotógrafos y conductores cumplen ciertos protocolos. Unos días antes de lo ocurrido con el grupo de El Comercio, fue Christian Torres, un periodista nuestro de El Telégrafo. Christian había estado hablando con unos agricultores, entonces el fotógrafo vio que se acercaban personas en moto, le avisó a su compañero y lo que hicieron es subirse a la camioneta y regresar. Esos son los protocolos mínimos que se toman. (Larenas, entrevista personal, agosto de 2019)

Fernando Larenas, representante del medio de comunicación público El Telégrafo, asegura que la única situación de riesgo que Ecuador ha tenido en estos dos últimos años ha sido lo ocurrido en la frontera norte y que fuera de ellos el periodismo en Ecuador no afronta riesgos. “Actualmente, no estamos en zona de guerra, el periodista no es diferente a ninguna otra persona, no hay un tratamiento diferente por ser periodista. El riesgo es para todos” (Larenas, F., entrevista personal, agosto de 2019).

Cuando mandamos un equipo es con todas las advertencias; Christian Torres es un periodista que ha estado en la otra frontera y sabe hasta dónde llegar. Siempre en todo conflicto, el periodista sabe hasta dónde llegar. No es que todo el periodismo está en riesgo. En el caso de frontera nosotros no mandamos a periodistas jóvenes porque pueden cometer errores. ¡Cuántas veces a colegas se les ha ocurrido desviarse mucho más allá y han terminado en lugares peligrosos! El periodista no está para asumir riesgos. (Larenas, entrevista personal, agosto de 2019)

El procedimiento para cubrir frontera es similar en los medios. La iniciativa del viaje responde a una coyuntura, un periodista es elegido a cubrir la zona, y es acompañado por un fotógrafo y chofer que se designan por turnos. En el desplazamiento el chofer es el encargado de cubrir el viaje con la ruta que él considere más adecuada; el periodista se encarga de manejar los viáticos designados para la cobertura. Tanto fotógrafo como periodista informan constantemente de su ubicación al editor encargado de monitorear el viaje desde Quito.

A frontera vamos siempre que hay un hecho puntual que cubrir. El equipamiento te da el diario: cuando es muy intenso debes llevar cascos, utilizar chalecos antibalas, saber dónde ubicarnos, resguardar la integridad física. Como fotógrafo llevo tarjetas extras, dos cámaras, conozco las seguridades que las autoridades me brindan. Lo importante es no ser imprudentes. (Lapo, H., entrevista personal, julio de 2019)

Cada medio maneja un protocolo, pero en líneas generales todos se ajustan a tener una comunicación frecuente con sus editores. Los equipos llevan logotipos del medio de comunicación y los periodistas, fotógrafos y choferes usan permanentemente sus credenciales. En el diario Expreso, la periodista que por lo general viaja a frontera es Marieta Campaña, encargada de la sección judicial. Ella es la única mujer que conforma la redacción del diario en Quito.

La cobertura en frontera se ha vuelto más compleja, pero nosotros seguimos manejando los mismos protocolos; si las autoridades dicen que podemos entrar a ciertas zonas bajo nuestra responsabilidad para mí eso es tener mis propios límites. Como periodista yo creo que no puedes sacrificar tu vida en nombre de una exclusiva o primicia porque la vida nadie te devuelve. (Campaña, entrevista personal, 16 de abril de 2019)

Sin embargo, no todos los periodistas no se sienten totalmente respaldados por los medios de comunicación ni por el Estado ecuatoriano. En la visita que varios periodistas del país realizaron a la frontera, al conmemorarse un año del asesinato del grupo de El Comercio, pudieron identificar escenarios similares de despreocupación sobre su seguridad.

El Estado no nos da la importancia, los medios tampoco las garantías adecuadas para un trabajo seguro. Se asume que nuestra profesión es como cualquier otra y no es así, porque los periodistas son las únicas personas que pueden llevar la información al resto. (Acosta, K., entrevista personal, agosto de 2019)

Acosta (2019) insiste en que se deberían incrementar políticas públicas para que los periodistas puedan trabajar de forma segura en las zonas de conflicto. “Deberían darnos un seguro, como lo reciben las personas que conforman las brigadas de salud o educación que entran en estos lugares”. Asimismo, cree que estas garantías elevarían proporcionalmente la calidad de la información que los medios pueden ofrecer a sus lectores.

Los medios deberían priorizar su capital humano en coberturas en ciudad y en viajes largos. Cuando en Quito se dan protestas que pueden llegar a ser peligrosas, lo que hago yo —como sé que el medio no me brinda los recursos necesarios para cuidarme— es llevar un casco de construcción o uno de bicicleta para en algo precautelar mi seguridad. (Acosta, entrevista personal, agosto de 2019)

Mientras los medios de comunicación y el Estado no prioricen la seguridad de los periodistas, la información que las personas reciban sobre las problemáticas que enfrenta el país serán limitadas. Un año después del secuestro y posterior asesinato del grupo periodístico de El Comercio, se siente una reserva permanente de los medios para acudir a esta zona. Son muy pocos los periodistas que continúan desplazándose al lugar, y las condiciones en las que lo hacen no son las mejores, pues, en la herramienta que más confían para hacer su trabajo en zonas de riesgo es su intuición.