La metamorfosis del periodismo tradicional en Venezuela

La mayoría de los venezolanos tiene recuerdos del momento y el lugar preciso de donde estaban cuando cerró Radio Caracas Televisión (RCTV). En mi caso recuerdo que con mi familia estábamos reunidos en torno al televisor de la cocina. Mi mamá preparaba la cena mientras la pantalla mostraba el piso principal de producción RCTV. Estaba lleno y lo poblaban artistas, productores, periodistas, animadores, personal técnico y de mantenimiento que hacían vigilia ante las cámaras que no dejaban de filmar en vivo a todo el país. El personal de RCTV solo tenía una petición: que el gobierno de Venezuela le renovara la concesión al canal.

Desde 2002, tras el golpe de Estado al presidente Hugo Chávez, la relación entre el poder político y los medios de comunicación se deterioró a pasos agigantados. Un motivo de eso fue que, durante el 11 de abril, día de la revuelta, los principales canales del país se negaron a transmitir la cadena presidencial sin cubrir lo que pasaba en la calle; y partieron nuestras pantallas en dos para mostrar al presidente hablando desde su escritorio y las reyertas entre civiles y fuerzas de seguridad.

RCTV, un canal con más de cincuenta años de tradición en Venezuela, reconocido por ser escuela de periodistas y casa de producción de telenovelas que recorrieron el mundo, daba sus últimos respiros ante una población que no creía lo que estaba pasando. Por cinco años, Chávez había mostrado la posibilidad de no renovar la concesión, de que el canal 2 “por fin” se convirtiera en “un canal de todos los venezolanos”.

Esto como consecuencia de la guerra tácita que mantuvo Chávez luego del golpe de Estado en contra de los medios de comunicación. No solo RCTV, canales de televisión como Venevisión, Televen y Globovisión, y medios impresos como El Nacional, El Universal y Últimas Noticias tuvieron que sortear un cerco gubernamental de sanciones económicas y censura.

Los canales de televisión Radio Caracas Televisión, Venevisión, Televen y Globovisión vivieron una guerra tácita con Hugo Chávez. El primero cerró en el 2007.

Los canales de televisión Radio Caracas Televisión, Venevisión, Televen y Globovisión vivieron una guerra tácita con Hugo Chávez. El primero cerró en el 2007.

 

  Así fue que su proyecto, denominado Televisora Venezolana Social (TVES), fue tomando forma y acechando poco a poco a RCTV. Las lágrimas no podían ocultarse, muchos se tomaban de las manos y rezaban por un milagro; mientras que cada uno de los que trabajaron en el canal hablaban por turnos a través de un micrófono inalámbrico y dejando registro de su paso por la empresa. Dejando registro de lo que RCTV significó para ellos.

Mientras mirábamos el televisor, no recuerdo el momento preciso, creo que estaba más pendiente de ayudar a mi mamá para que la cena no se quemara. Escuché un pitido característico. Ustedes saben, ese zumbido que bordea toda la casa después de la medianoche cuando alguien deja un televisor encendido. El sonido del final. De la estática.

RCTV cesó operaciones, era el 27 de mayo de 2007, y en menos de un minuto, sobre nuestras pantallas, aparecía el logo de TVES como una señal del cambio de los tiempos en la comunicación venezolana. Un cambio que hasta nuestros días carcome las bases de los medios tradicionales y ofrece herramientas a los medios alternativos.

1. Intentos de renovación

Casi un año después del cierre de RCTV, el 8 de abril de 2008 ingresé como reportero a Últimas Noticias, periódico tipo tabloide, con corte editorial popular y un tiraje entre los días de semana que podía llegar a los 200 mil ejemplares según cifras manejadas por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) de Venezuela. Sus dueños, la empresa Cadena Capriles, de las más antiguas del país como impulsores del periodismo, se jactaban de decir que era el periódico más vendido del país.

Para ese entonces las noticias y su distribución aún se reportaban y distribuían de la manera tradicional: una mesa editorial por las mañanas para determinar pautas, ir a las fuentes, tomar la información y redactar por las tardes.

Pero ya se olfateaba el peso de Internet en el manejo de la información. Así, la Cadena Capriles comenzó un ambicioso proyecto para mudar su sede desde el centro de Caracas al oeste de la ciudad en lo que se conocería como la Redacción Única. Un único piso donde todas las marcas de este conglomerado de la comunicación se unirían para reportar los contenidos de manera más rápida y precisa.

Para 2012 la Redacción Única estaba lista, y Últimas Noticias comenzó a potenciar sus plataformas tecnológicas con el entrenamiento de sus reporteros en el manejo de los primeros celulares inteligentes para que pudieran informar en tiempo real a los diferentes productos digitales de la empresa lo que estaba pasando en el país.

Esta manera de pensar abrió la puerta a nuevas formas para tratar la información en Venezuela. Últimas Noticias fue precursor de una redacción multimedia que fue vista con buenos ojos por otros periódicos tradicionales venezolanos como El Nacional y El Universal que también potenciaron sus áreas digitales para llegar de manera más efectiva al público. Se dieron cuenta de que toda la información que necesitaba el lector estaba a un toque de distancia y en la palma de la mano.

Una de las primeras pruebas de fuego para esta nueva visión del periodismo tradicional con el digital llegó el 5 de marzo de 2013, cuando se anunció formalmente la muerte del presidente Hugo Chávez. Cada una de las plataformas digitales de estos medios tradicionales se engalanaron para reportar lo que pasaba en las calles y ofrecer pases en directo mediante las redes sociales.

Todos los que trabajamos ese día en algún medio nunca olvidaremos dónde estábamos en el momento que Nicolás Maduro, para ese entonces canciller de Venezuela, en cadena nacional de radio y televisión anunciaba con lágrimas en los ojos y una voz entrecortada que “se nos ha ido un gigante”.

Hugo Chávez murió en el 2013 tras enfrentar un cáncer de colon. Dejó un pueblo en profunda crisis económica y dividido. Una parte de la población lo idolatra y la otra lo detesta. Crédito: Antonio Marín Segovia, vía Flickr. 

Hugo Chávez murió en el 2013 tras enfrentar un cáncer de colon. Dejó un pueblo en profunda crisis económica y dividido. Una parte de la población lo idolatra y la otra lo detesta. Crédito: Antonio Marín Segovia, vía Flickr. 

 

Posterior a la muerte de Hugo Chávez, Nicolás Maduro le sucedió en el poder en unas elecciones muy cuestionadas en el año 2013. Crédito: Luis Carlos Díaz, vía Flick.

Posterior a la muerte de Hugo Chávez, Nicolás Maduro le sucedió en el poder en unas elecciones muy cuestionadas en el año 2013. Crédito: Luis Carlos Díaz, vía Flick.

 

Como cualquier evento social de gran escala en la historia contemporánea de Venezuela, desde El Caracazo en 1989, pasando por los intentos de golpe de Estado en 1992, hasta las protestas estudiantiles de 2014, la incertidumbre y falta de información en tiempo real se palparon en un ambiente donde la mayoría de los venezolanos salió a las calles para comprar alimentos en caso de que la muerte de Chávez se convirtiera en algo peor.

Pero no pasó a mayores. En los próximos días, los medios tradicionales se dedicaron a la dualidad de hacer análisis sobre lo que había sido la trayectoria de Chávez en Venezuela para sus versiones impresas, y en las versiones digitales se hacían actualizaciones al momento sobre los actos fúnebres que inundaron a todo el país, en especial a Caracas.

Con las elecciones presidenciales entre Nicolás Maduro, el candidato de la oposición y, para ese entonces gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles Radonski, en 2013, el sistema de comunicación digital venezolano comenzó a perfeccionarse. Algunas plataformas digitales de canales de televisión como Venevisión y Televen se aventuraron a mostrar proyecciones, estadísticas y datos recopilados en infografías interactivas para sus sitios web.

No fue sino hasta febrero de 2014, cuando el gobierno de Nicolás Maduro vivió su primera ola de protestas nacionales, que el periodismo digital comenzó a ganar terreno a los medios tradicionales.

2. Una investigación que cambió todo

Era 12 de febrero de 2014 cuando una protesta estudiantil que intentaba llegar a la Fiscalía General del Estado en el centro de Caracas se transformó en una pesadilla. Desde 2002, luego del golpe de Estado a Chávez, la polarización política en Venezuela se palpó de tal manera que había zonas destinadas a los partidarios del oficialismo y los de la oposición en la capital.

El centro de Caracas, núcleo político del país, se convirtió en una zona prohibida para todo aquel que no profesara los “sentimientos de la revolución bolivariana”. Por lo que cada protesta en contra del Gobierno que tratara de llegar a estos lugares, era reprimida por la Policía y la Guardia Nacional.

Pero algo cambió ese 12 de febrero: los estudiantes —más decididos que nunca— lograron burlar dos controles policiales y se acercaron a pocas cuadras de la Fiscalía. Ahí fue cuando se desató el infierno.

Al mediodía ya había noticias de un joven asesinado: Bassil Da Costa. Su cuerpo quedó tendido entre las calles de la parroquia La Candelaria, y aunque sus amigos trataron de auxiliarlo, la bala que se le alojó en el cerebro no brindó ninguna esperanza de supervivencia.

En los días por venir, el Gobierno nacional apuntaría esta muerte a personas infiltradas dentro de la marcha que buscaban generar violencia para afectar al presidente. Pero, un equipo conformado por parte de los reporteros que serían la semilla del medio digital Efecto Cocuyo, se dedicó a recopilar grabaciones de celulares, fotos publicadas en las redes sociales y versiones de testigos oculares para determinar quiénes habían sido los asesinos de Da Costa.

Con toda esta información generaron un video reportaje, que no dura más de seis minutos y medio, que fue publicado en la página web del periódico Últimas Noticias. Ahí se acertó en señalar que los asesinos de Da Costa pertenecían a las fuerzas de seguridad del Estado y que dispararon a mansalva en contra de la protesta.

Tanto fue el impacto de esta publicación que el gobierno de Venezuela debió recular en sus declaraciones y organizó una investigación para capturar a los asesinos. Sin embargo, el costo político sobre el periodismo fue grande: la mesa de investigación de Últimas Noticias fue desmantelada y el reportaje bajado de las redes del periódico. Para ese entonces, el diario sufría la asfixia de un Estado que se dedicó a pegarle donde más les duele a los medios de comunicación: en los bolsillos; por lo que una investigación de este tipo podría acarrear sanciones económicas que significarían el fin de la empresa.