Crónica 2.0. Análisis sobre el estado del género en Iberoamérica

*Esta investigación es un fragmento del trabajo de fin de máster Crónica 2.0. Periodismo narrativo en internet que el autor realizó en la Universidad Complutense de Madrid.

1. Acercamiento teórico
Érase una vez la crónica

En 1973, Tom Wolfe publicó la primera edición de El nuevo periodismo, destacó a algunos de sus cultores en Estados Unidos y, de un plumazo, le dio nombre al fenómeno periodístico-literario que crecía en su país en los años sesenta y setenta. Cuatro décadas han pasado desde la publicación de esa obra y, sin embargo, aún no existe una delimitación precisa y consensuada para lo que el autor llamó nuevo periodismo, ni tampoco hay unanimidad sobre el momento histórico y el lugar donde se originó.

Dicha ambigüedad ha dado lugar a confusiones, ha propiciado abusos de poder por parte de ciertos periodistas (Casals, 2001, p. 197) y ha servido a la proliferación de términos afines, aunque con ciertas variantes, que han dificultado su estudio: desde periodismo narrativo, literario e interpretativo, hasta literatura de no ficción y periodismo alternativo, pasando por etiquetas como crónica, reportaje, nuevo periodismo y literatura documental, entre otras.

Pero lo cierto es que al nuevo periodismo con el que Wolfe encasilló a algunos autores de su generación, como Gay Talese, Jimmy Breslin y Thomas B. Morgan, entre otros tantos, le antecedió un modelo de reportaje narrativo que practicaban desde los años veinte en Estados Unidos revistas como Time (Larrondo, 2009) y The New Yorker (Carrión, 2012, p. 14). En ese mismo país, incluso hubo “una generación anterior de nuevos periodistas” conformada por escritores del siglo XIX como Lincoln Steffens, Jacob Riis y Stephen Crane(Boynton, 2015, p. 15), y en 1946, el corresponsal de guerra y novelista John Hersey publicó en The New Yorker la historia de seis sobrevivientes de la bomba atómica. Le dio el título de Hiroshima y, aunque en esa época el trabajo de Hersey fue catalogado como reportaje, es considerado otro de los antecedentes del nuevo periodismo.

Al margen de lo ocurrido en Estados Unidos, un puñado de escritores del boom latinoamericano también orientó su trabajo hacia la crónica entre los años sesenta y setenta. Más atrás todavía, los cronistas de Indias ya habían contado la conquista y colonización de América desde fines del siglo XV e inicios del XVI. En el paso del siglo XIX al XX, se desarrolló un modelo de crónica modernista de la mano de José Martí, Rubén Darío, Victor Segalen, Joseph Roth, José Gutiérrez Solana, Josep Pla y compañía (Darrigrandi, 2013). Gabriel García Márquez publicó Relato de un náufrago en 1955 y Rodolfo Walsh lanzó Operación Masacre en 1957, nueve años antes que Truman Capote publicara A sangre fría.

Es decir que eso que empezó a llamarse nuevo periodismo o literatura de no ficción en Estados Unidos no corresponde a una geografía específica ni a un solo momento histórico, sino que es el resultado de un fenómeno impulsado por varias generaciones de periodistas y escritores, y que, aunque existen también referentes en los países de la Europa mediterránea (López Pan, 2010), se consolidó en América. De ahí que, para definir los orígenes de la crónica, quizá convenga remitirse a sus dos vertientes más antiguas: la historia y la literatura.
 
De la historia, la crónica obtuvo la “descripción de hechos extraordinarios basados en los principios de verificación y fidelidad” a partir de la observación de un narrador e información proporcionada por los protagonistas y testigos (Marques de Melo, 2012). De la literatura, tomó el valor artístico. La crónica pasó al periodismo en el preciso momento en el que los antiguos cronistas tuvieron que adaptar su trabajo a los periódicos (Parratt, 2008, p. 132). La crónica es, por tanto, memoria (Carrión, 2012, p. 14), periodismo y literatura.

El libro de Rodolfo Walsh, publicado en 1957, es un ícono de la crónica modernista. Crédito: Wikipedia.

El libro de Rodolfo Walsh, publicado en 1957, es un ícono de la crónica modernista. Crédito: Wikipedia.

 

1.1. Elementos definitorios

Además de prescindir del uso de un lenguaje formal, lugares comunes de la escritura, tecnicismos innecesarios y estructuras noticiosas tradicionales como la pirámide invertida, la crónica se distingue del reportaje y de otros géneros del periodismo por su condición interpretativa y valorativa de los hechos: “Se narra algo al propio tiempo que se juzga lo narrado” (Martín Vivaldi, 1998, p. 128).

Es la mirada particular del autor la que le otorga cierta singularidad(Graña, 1930, p. 203). La crónica responde a las preguntas básicas del periodismo: qué, quién, cómo, cuándo, dónde, por qué o para qué, y, sin desentenderse del objetivo de informar, toma ciertos “recursos de la ficción (...) para contar una historia real” y montar “una arquitectura tan atractiva como la de una buena novela o un buen cuento”(Guerriero, 2010). Se trata, pues, de un género híbrido, un “ornitorrinco de la prosa”:

De la novela (la crónica) extrae la condición subjetiva, la capacidad de narrar desde el mundo de los personajes y crear una ilusión de vida para situar al lector en el centro de los hechos; del reportaje, los datos inmodificables; del cuento, el sentido dramático en espacio corto y la sugerencia de que la realidad ocurre para contar un relato deliberado, con un final que lo justifica; de la entrevista, los diálogos; y del teatro moderno, la forma de montarlos; del teatro grecolatino, la polifonía de testigos (...); del ensayo, la posibilidad de argumentar y conectar saberes dispersos; de la autobiografía, el tono memorioso y la reelaboración en primera persona. (Villoro, 2006)

La crónica aprehendió ciertas técnicas literarias que le dotan de una fuerza única, a partir de cuatro procedimientos básicos: la narración por escenas, el registro de diálogos en su totalidad, el punto de vista en tercera persona (la descripción a través de los ojos de un personaje) y entender que los detalles, por minúsculos que parezcan, pueden ser elementos simbólicos (Wolfe, 1976, pp. 48-50).

Otros elementos clave son la voz o estilo particular de cada autor, la visión de los otros (puntos de vista, lógicas y sensibilidades que el cronista busca en los protagonistas), la forma en la que las voces cobran vida (ir de las declaraciones emitidas por fuentes de información a la construcción de escenas en donde las personas se expresan), los detalles reveladores (descripciones que contribuyen a generar metáforas visuales) y la selección de historias, recortes y enfoques: la mirada (Herrscher, 2013, p. 28).

La crónica es esencialmente, entonces, una historia real, filtrada por la mirada particular y la voz de un narrador, sin escatimar en el buen uso de la palabra ni en recursos aprendidos de la ficción y el periodismo.

1.2. Los años noventa, la convergencia y el estado de la crónica 2.0

En los años noventa convergieron dos procesos históricos: el nacimiento de los primeros medios digitales en el mundo, por un lado, y el auge de la crónica latinoamericana de finales de esa década e inicios del nuevo siglo, impulsado por el surgimiento de instituciones, premios y reconocimientos, pero, sobre todo, por una generación de periodistas escritores empeñados en contar la realidad .

La crónica encontró, entonces, un espacio en revistas, algunos diarios y sellos editoriales, pero también en blogs y nuevos medios nativos e inmigrantes digitales, lo cual provocó un consecuente incremento en la cantidad de lectores de crónicas (Darrigrandi, 2013).

En su vieja lucha por las audiencias y la publicidad, la prensa fue el primer medio que vio la oportunidad de rentabilizar sus contenidos en internet (Cabrera, 2000, p. 39). Los diarios trasladaron sus publicaciones a la red, pero ignoraron, en un primer momento, las potencialidades del nuevo medio que, gracias a la evolución tecnológica y, en particular, al desarrollo de la computadora personal, la Web 2.0 y el internet móvil, se consolidó como el principal espacio de interacción social (Mckenna y Bargh, 2010).

Dos décadas han pasado desde la aparición de los primeros medios digitales. Los viejos géneros del periodismo se han adaptado al entorno digital. La noticia se benefició con la actualización constante que hace posible internet. Algunos reportajes han logrado la categoría de multimedia e interactivos. La infografía digital es considerada un género renovado por sus niveles de interactividad y capacidad informativa. Los géneros dialógicos han alcanzado mayores niveles de interacción con la habilitación de comentarios, chats, encuestas, foros y demás. Los géneros de opinión prosperan con los comentarios y opiniones de los usuarios. ¿Qué se puede decir de la crónica, más allá del uso más o menos regular de hipertextos? ¿Cuáles han sido los factores que la han postergado?

Tal y como fue heredada de la prensa, la crónica depende de una linealidad para la narración escena por escena, diálogos, descripciones, ambientes, argumentos, detalles significativos y demás elementos que la definen. Todo eso en una sola pieza informativa, cerrada y con un estilo particular de entrada y desenlace, lo cual entra en conflicto con la posibilidad de construir rutas propias (López García, 2003, p. 474), mediante nodos e hipertextos, que predomina en el consumo informativo en internet.

En la crónica persiste, además, cierto componente estético a través de la escritura, quizá como en ningún otro género periodístico. Pero el factor determinante parece ser el escaso interés de los productores de contenidos que saben, de antemano, que la crónica es un género más costoso y demorado que la información del día a día, los géneros de opinión o el infoentretenimiento, y que el modelo dominante en la narrativa digital promueve precisamente lo contrario: información breve, fragmentada y directa. Una receta con la que la crónica no cumple.

El nivel de precariedad en el desarrollo de eso que en esta investigación se ha dado por llamar crónica 2.0, en virtud de sus atributos periodístico-literarios y las características de internet, guarda estrecha relación con el interés de los medios en explotar sus posibilidades en la web (López García, 2003, p. 479), por diseñar un modelo de crónica que se reinvente en función de los requerimientos informativos actuales, apoyado en lo mejor de su pasado y en las tecnologías del presente, sin desestimarlas ni sobrevalorarlas. De ese equilibrio quizá dependa su futuro.

2. Metodología

Esta investigación tiene un enfoque cuantitativo y su alcance es de carácter descriptivo. Se realizó a partir de la técnica de análisis de contenido. Su universo de estudio estuvo conformado por nueve medios nativos e inmigrantes digitales, correspondientes a ocho países de Iberoamérica.

Para la selección, se consideraron criterios geográficos (por país), la edad del medio (con al menos un año de publicación regular en internet) y de relevancia (publicaciones reconocidas en sus países de origen). La muestra correspondió a publicaciones del 4 de julio al 4 de agosto de 2017. Se excluyeron del análisis algunos medios con cierto nivel de renombre en cuanto a la producción de crónicas, pues, pese a que tienen presencia en la red, su modelo de negocio se sustenta principalmente en el papel y en contenidos de pago. Por eso publican solo una parte de sus artículos en internet, recurren a estrategias para captar suscriptores como mutilar información o limitar el acceso y no actualizan sus sitios web con periodicidad.

Aclarado aquello, los medios nativos digitales sometidos al análisis de contenido fueron: Anfibia, de Argentina (www.revistaanfibia.com); El Estornudo, de Cuba (www.revistaelestornudo.com); El Faro, de El Salvador (www.elfaro.net); Fronterad, de España (www.fronterad.com); La Barra Espaciadora, de Ecuador (www.labarraespaciadora.com); y Prodavinci, de Venezuela (www.prodavinci.com). En cuanto a los medios digitales con soporte original en papel se analizó: El País Semanal, de España (www.elpaissemanal.elpais.com); Gatopardo, de México (www.gatopardo.com); y Soho, de Colombia (www.soho.co).

Para el análisis de contenido, se utilizó una matriz de codificación propia, en la cual se consideraron elementos fundamentales de internet, como son la hipertextualidad, información multimedia e interactividad. El análisis se realizó con la colaboración de una estudiante de doctorado de la Universidad de Navarra; por tanto, la prueba de intercodificadores es el criterio que lo avala.

Los objetivos planteados son analizar el estado de la crónica en el entorno digital, examinar el uso de las posibilidades que ofrece internet en cuanto a la producción de crónicas e identificar las características y tendencias principales de la crónica en internet.

La hipótesis de partida es que los medios digitales dedicados a la producción de crónicas no explotan en toda su plenitud la hipertextualidad, multimedialidad e interactividad propias de la narrativa digital.

En esta investigación se analizaron nueve medios digitales, seis nativos digitales y tres con soporte original impreso (inmigrantes digitales).

En esta investigación se analizaron nueve medios digitales, seis nativos digitales y tres con soporte original impreso (inmigrantes digitales).

 

3. Resultados

Durante el período analizado, se encontraron 41 crónicas en nueve medios digitales de Iberoamérica. Los medios más activos fueron Anfibia, El País Semanal y Prodavinci, y al otro extremo se ubicaron Soho, Fronterad, El Estornudo y El Faro.

Pese a que los medios analizados gozan de reconocimiento por su orientación hacia el reportaje y la crónica, es claro que, quizá por la complejidad e inversión de tiempo y recursos que implica, la crónica no es el género que más abunda en sus contenidos, ya sea en medios nativos digitales en los que tienen soporte original en papel.

Gráfico 1. Crónicas por cibermedio

Además, se comprobó que persiste la falta de consenso para referirse a las piezas de periodismo narrativo: el 41 % fue etiquetado como crónica; el 34 %, como reportaje; el 20 % no dispone de ninguna identificación respecto al género periodístico al que corresponde; y el 5 % fue catalogado como historias.

Gráfico 2. Identificación del género periodístico

3.1. Multimedialidad

El elemento que predomina en la producción de crónicas en internet es, evidentemente, el texto. De las 41 crónicas analizadas, el 32 % tiene una extensión de 1001 a 2000 palabras; otro 32 % dispone de 2001 a 3000 palabras; el 14 %, de 3001 a 4000 palabras; el 7 % de 4001 a 5000 palabras; el 5 % de 5001 a 6000 palabras; y el 5 % ofrece más de 6000 palabras. Es decir que, al igual que en los medios impresos, en las crónicas de los medios digitales prevalecen los textos extensos: solo en un 5 % de las unidades analizadas se encontraron textos con menos de 1000 palabras.

 

Gráfico 3. Extensión en número de palabras

Extensión en número de palabras

 

El componente con el que más se acompaña al texto en las crónicas analizadas sigue siendo la fotografía, tal como en los medios impresos. Así, el 88 % de las unidades analizadas utiliza fotos para complementar sus textos y, en el 12 % restante, se utilizan ilustraciones o capturas de pantalla.

 

Gráfico 4. Uso de imágenes

Uso de imágenes

 

Mientras que el 88 % de las crónicas analizadas cuenta con fotografías, solo el 20 % ofrece videos y no se encontraron podcast ni infografías. Para el indicador “Otros” se encontraron únicamente un timeline, un tuit inserto y el resto de ese porcentaje (22 %) estuvo dado por ilustraciones y capturas de pantalla.

Gráfico 5. Elementos multimedia

Elementos multimedia

 

De las crónicas que ofrecen videos, el 62 % de audiovisuales son de producción propia y el 38 %, producidos por terceros. Todos los videos tienen características lineales, es decir, carecen de bifurcaciones narrativas e interactividad más allá de la suscitada por la navegación propia de internet.

 

Gráfico 6. Uso de videos.

Uso de videos

 

3.2. Hipertextualidad

A pesar de su utilidad en cuanto a documentación o ampliación informativa y a que es una de las características esenciales de internet, casi la mitad de las crónicas analizadas prescinde de hipertextos. En términos porcentuales, el 49 % de las crónicas analizadas no usa hipertextos, frente al 51 % que sí utiliza este elemento.

 

Gráfico 7. Crónicas con hipertextos