Comentario: El Sumak Kawsay (Buen Vivir) y la crítica a la teoría económica como ideología

Pablo Dávalos

Profesor de la Facultad de Economía - PUCE

pdavalos@hotmail.com

Estas reflexiones han nacido al calor de la lectura de varios textos de coyuntura sobre la crisis del capitalismo, pero, en especial, la respuesta formulada por el Sr Pablo Zambrano a un texto mío aparecido en la revista Polémika No. 6, de la USFQ en el mes de marzo de 2011. Por ello, como una forma de contribuir a ese debate, ahora propongo la hipótesis de que el discurso canónico de la economía liberal, en realidad, no está hecho para comprender, y ni siquiera para visualizar el orden del oikos sino más bien para "petrificarlo" al interior de un orden ideológico determinado y legitimarlo desde una estructura epistemológica cerrada y autárquica cuya referencia teórica es, en última instancia, metafísica. La única forma de comprender esta dinámica ideológica es a través de la noción del Sumak Kawsay porque ésta hace referencia a sujetos ontológicamente constituidos por fuera de la racionalidad individual y moderna.

Ideología y orden del saber

En la mitología griega, Atenea entrega a Perseo un escudo que le sirve de espejo y con el cual puede "ver" reflejado el rostro de la Gorgona y evitar, de esta manera, ser convertido en piedra. Gracias a este espejo, Perseo pudo decapitar a la Medusa (1). La mitología ha transformado al rostro de la Gorgona, que quizá debió haber sido bello, en la ejemplificación del horror absoluto: aquellos que la miraban se convertían en piedra. Empero, en este relato mitológico hay un juego de imágenes que quisiera rescatar o, más bien, metaforizar. La primera metáfora es la mirada que evita el rostro de la Gorgona (o de la Medusa), y que utiliza un recurso indirecto para mirarla: el espejo. Y, la segunda, es la mirada misma de la Medusa que convierte en piedra lo que mira.

Quiero abusar de estas metáforas e imaginarme que la "ideología" cumple el rol de la mirada de la Medusa, y que el orden del saber moderno cumple el rol del espejo. Entre la realidad y los imaginarios que la sociedad tiene de ella mediaría, entonces, la petrificación de lo real (ideología) y la negativa a asumir directamente ese horror (el orden del saber). Quizá estas metáforas puedan servir para comprender el rostro de Jano del liberalismo: como ideología tiene el propósito de convertir en piedra a la historia y, como orden de saber, tiene que legitimar el horror de esa misma historia.

Empero, tengo que aclarar previamente lo que entiendo por "ideología". Es un término que cobró validez y vuelo teórico desde la reflexión de Marx. La ideología, grosso modo, para Marx implicaba "falsa conciencia" y estaba adscrita a las relaciones de poder del sistema: las ideas dominantes de una época son siempre las ideas de la clase dominante (2). Ha habido una ingente producción teórica alrededor de la ideología, una reflexión que atraviesa el Círculo de Frankfurt, hasta llegar a las reflexiones de Althusser, Laclau, Sizek, Deleuze, Castoriadis, Lacan, inter alia. No quiero profundizar en ello sino, por el instante, quedarme con esa definición ya canónica de "falsa conciencia" definida por Marx.

Para que esa "falsa conciencia" pueda convertirse en "ideología dominante", es decir, para que las ideas de la clase dominante se conviertan en las ideas dominantes de una época, es necesario un proceso de legitimación de esas ideas. La clase dominante necesita que la sociedad "crea" en esas ideas con la "fe del carbonero". Es tan fuerte esa "fe" en las ideas dominantes, que el pensador italiano Antonio Gramsci consideraba que allí radicaba el fulcrum de la dominación burguesa: cuando las masas creen en lo que le dicen las élites y actúan en consonancia con ello, se genera una condición de hegemonía que permite dominar desde el consenso.

La hegemonía, entonces, es esa mirada que nace desde las relaciones de poder y que se parece a aquella de la Medusa: que cuando ve convierte en piedra a lo que mira. Así, la hegemonía congela a las sociedades en su propia estática y convierte en procesos naturales a las relaciones sociales e históricas de poder y dominación. La conversión de los procesos sociales e históricos que, por definición, siempre son cambiantes y en plena transformación, en procesos terminados, definidos, estáticos y clausurados, equivale a la petrificación o, si se quiere, a la congelación de esa misma sociedad y de su historia, hecha por la ideología.

Así, el orden existente aparece como algo natural y que ha existido eternamente. El capitalismo está hecho para durar para siempre y el discurso de la economía está ahí para, supuestamente, demostrarlo (3). La sola idea de cambio, en ese sentido, aparece como revulsiva. El presente se ha petrificado como si fuese una estatua de piedra, inamovible en su constatación de un tiempo que siempre le es exterior. Así, en la mirada ideológica, el sistema está por fuera de la historia, por fuera del tiempo y por fuera de la sociedad. La mirada de la Medusa de la ideología ha convertido a la historia y, en consecuencia, a la sociedad, en una sombra de sí misma.

Quizá esta metáfora de la Mirada de la Medusa, ayude a comprender mejor al liberalismo y su doble mirada: como ciencia y como ideología. En efecto, como ideología, el liberalismo pretende congelar la historia y las relaciones de poder y dominación en el punto en el que la burguesía ha logrado el consenso suficiente para mantener su dominación de clase desde un modelo de dominación política signado por la lógica del Gatopardo. Como ciencia se ha convertido en el espejo que evita mirar el rostro de la Medusa. Así, por ejemplo, el discurso del oikos (economía), no estaría hecho para comprender la realidad de la economía (el orden del oikos) sino para convertirlo en ideología, vale decir, petrificarlo (4).

El oikos como ideología

Estas reflexiones han nacido al calor de la lectura de varios textos de coyuntura sobre la crisis del capitalismo, pero, en especial, la respuesta formulada por el Sr. Pablo Zambrano a un texto mío aparecido en la revista Polémika No. 6, de la USFQ en el mes de marzo de 2011. En ese texto proponía, a partir de un breve resumen de la teoría económica liberal, y habida cuenta de las múltiples dimensiones que tiene la crisis, pensar en la necesidad de un cambio de paradigma para la economía y hacerlo desde la noción del Buen Vivir (Sumak Kawsay) que, además, ya consta en los textos Constitucionales de Ecuador y Bolivia, y que sirve de apoyo en estos países para pensar la política pública desde una noción sustentada en las solidaridades y no en la eficacia y la racionalidad mercantil.

En ese texto proponía la idea de que solamente una transformación paradigmática podría ayudar a que la economía recupere su sentido y su principio de realidad y, al mismo tiempo, la ayude a salir del empantanamiento conceptual en el que se encuentra a fin de proponer alternativas a la profunda crisis que atraviesa la humanidad. Sin embargo, la "refutación" del Sr. Zambrano a mis ideas tiene como propósito negar la posibilidad de una revisión epistemológica de la teoría económica, en un contexto en el que quizá sea más necesario que nunca pensar en las alternativas al capitalismo, sobre todo por la cantidad de problemas que está provocando a la humanidad la ideología del libre mercado. Es decir, el discurso económico dominante se niega a considerar cualquier alternativa; se clausura a sí mismo la posibilidad de imaginar que la humanidad pueda vivir de forma diferente al capitalismo.

Como es comprensible, en este caso no se trata solamente de una refutación académica a un ensayo, sino que va más allá, se trata de un recurso ideológico hecho para defender las relaciones de poder del sistema y evitar cualquier alternativa a esas relaciones de poder. La apelación a la ideología que hace gala el Sr. Zambrano en su refutación a mi texto, sirve para "petrificar" el orden existente y, de este modo, negar cualquier posibilidad de cambio.

Como ideología, el liberalismo económico se defiende atacando. Se cierra sobre sí mismo y acentúa su esquizofrenia de negar el principio de realidad. Se remite a varios lugares comunes y evita toda discusión que tenga cierto espesor teórico. Utiliza cifras que no tienen ningún contexto y manipula la realidad en beneficio de la doxa. Se trata de un expediente ideológico que el liberalismo ha utilizado como condición de posibilidad de su propia episteme: el liberalismo, en especial el económico, jamás ha propuesto hipótesis para comprender la realidad económica, sino que ha procedido a axiomatizarla desde sus propias prescripciones. El liberalismo económico, en realidad, sería un discurso ideológico que tiene una base metafísica hecha para legitimar las relaciones de poder al interior de sistema capitalista. Es por ello que su núcleo ideológico interno es tan difícil de deconstruir, porque para los economistas liberales, por ejemplo, el mercado no es una hipótesis de trabajo sino una realidad trascendente, casi una epifanía.

Utilizo la noción de "metafísica" para referirme al discurso económico, en el sentido escolástico del término, es decir, como un orden trascendente y ahistórico, desde el cual se define y estructura el orden humano e histórico. Recurro al concepto de metafísica porque es la única posibilidad para comprender los conceptos de base de la economía liberal. En efecto, para el liberalismo sus conceptos de base son ahistóricos y asociales. No forman parte de un proceso de creación histórica, sino que tienen la pretensión de estar ahí desde el inicio de los tiempos. Para Bom Bawerk, por ejemplo, el capital está ahí desde que el ser humano evolucionó como especie. Lo mismo para el mercado, o para los precios. Para el liberalismo económico son dinámicas casi eternas y "milagrosas". Los conceptos de base del liberalismo tampoco son sociales. Excluyen de forma expresa cualquier referencia a la sociedad. Entonces, si sus conceptos no son históricos y no son sociales son, por tanto, trascendentes y ahistóricos, es decir, metafísicos. Tan trascendentes que se ve obligado a utilizar la hipótesis metafísica de la "mano invisible" para explicarlos. (5)

Al proceder de esta manera se parece más a la escolástica medieval que a la ciencia moderna. Ha congelado la realidad económica y social en un dispositivo conceptual que tiene poco de ciencia y mucho de ideología, y una de las pruebas está, precisamente, en la posición epistemológica asumida por el Sr. Zambrano que considera que la propuesta liberal no ameritaría discusión posible. Estos dispositivos conceptuales dan por supuesto precisamente aquello que deben demostrar. Así, el liberalismo es una cinta de Moebius que pretende clausurar la realidad en sus propias tautologías.

Sin embargo, las refutaciones del Sr. Zambrano y su invitación al debate, amén de sus panegíricos sobre el libre mercado y de su exaltación de un personaje bastante tenebroso como Milton Friedman, a quien considera un "verdadero científico social" (sic), me han hecho pensar en que quizá sea necesario ser más radical con respecto al discurso de la economía y el liberalismo, porque considerar a Milton Friedman, por lo demás un fundamentalista de la ideología del mercado, como un "verdadero científico social" es como casi suponer que, en su época y salvando las distancias, y como lo pretendía la ideología oficial de ese entonces, Torquemada fue un verdadero humanista.

Por ello, como una forma de contribuir a ese debate, ahora propongo la hipótesis de que el discurso canónico de la economía liberal, en realidad, no está hecho para comprender, y ni siquiera para visualizar el orden del oikos sino más bien para, utilizando las metáforas propuestas, petrificarlo al interior de un orden ideológico determinado y legitimarlo desde una estructura epistemológica cerrada y autárquica cuya referencia teórica es, en última instancia, metafísica. Ese discurso supuestamente científico, denominado "economía", tiene como propósito contribuir a esa petrificación de las relaciones de poder al interior de coordenadas teóricas, que no buscan comprender analíticamente la realidad económica (el horror de la mirada de la Medusa), sino legitimarla. Complemento mi hipótesis indicando que una de las posibilidades teóricas que existen para demostrar esa deriva ideológica del liberalismo económico consta, precisamente, en la noción del Sumak Kawsay.

La doxa actual del liberalismo económico cumple, por tanto un doble rol: como ideología convierte al orden del oikos en un orden natural y ahistórico, de tal manera produce una cesura radical al interior de la sociedad entre el orden del oikos y la historia, en esta cesura toda idea de cambio y toda esperanza de alternativa al sistema liberal-capitalista aparecen como incongruentes y la historia humana habría llegado a su fin; y, como discurso científico, produce una cesura también radical entre el oikos y la polis, cuya consecuencia más dramática quizá sea el hecho de que la democracia de la polis jamás podrá convertirse en la democracia del oikos.

Los dispositivos y conceptos científicos del liberalismo económico están hechos para garantizar, legitimar y permitir estas cesuras radicales. De esta forma, se clausura el futuro y se petrifica el presente. Para la burguesía, la historia no existe fuera de sus propios imaginarios y, si existe, debe ser pura recurrencia a su propio pasado. La historia, por tanto, debe constatar a la burguesía en su propia realización. La humanidad, en el momento liberal, habría llegado al fin de la historia. (6)

Es precisamente por ello que la economía liberal no pretende comprender la realidad económica, sino más bien todo lo contrario, y lo hace como procede toda ideología: ocultando e impidiendo la comprensión del oikos, naturalizando las relaciones de dominación, positivizando sus hipótesis de base y convirtiéndolas en axiomas. En el moderno y liberal discurso del oikos, la sociedad (polis) desaparece, el poder se naturaliza y el futuro se clausura.

Así, el discurso del equilibrio general, de los agentes que siempre maximizan su utilidad en función de sus preferencias egoístas, de los mecanismos de los precios relativos que permiten la asignación de recursos escasos, de las tasas marginales de sustitución de las mercancías, de los rendimientos decrecientes al margen de los factores productivos, la teoría cuantitativa de la moneda, entre otros conceptos, no explican la realidad del oikos, más bien la hipostasian en sus propias tautologías y, finalmente, la convierten en mero dispositivo ideológico. Como tal, su pretensión de aparecer como discurso científico no pasa de ser apenas un recurso ideológico que busca legitimidad detrás de la consideración simbólica de la ciencia y de la técnica. (7)

El oikos y las tautologías del poder

Las distancias entre lo que dice la teoría económica del liberalismo y la realidad del oikos son abismales mas no por ello dejan de ser estratégicas. Por ejemplo, no hay ninguna casuística, en términos epistémicos y teóricos se entiende, entre déficit fiscal, emisión monetaria e inflación, y las evidencias están ahí para demostrarlo, pero el discurso canónico de la economía liberal establece que todo movimiento del acervo monetario implica, por definición, movimientos de precios (8).

Ahora bien, esta relación entre moneda e inflación contiene una aporía fundamental de la cual los economistas liberales ni siquiera se dan por enterados. Para que esta relación entre masa monetaria e inflación pueda ser coherente en el ámbito epistemológico es necesario que la teoría de los precios albergue a su interior una condición de posibilidad teórica en virtud de la cual la moneda se separe del valor y éste, a su vez, de los precios, de tal manera que la teoría del valor pueda explicar, de una parte, los movimientos de la moneda y, de otra, aquellos de los precios, y, al mismo tiempo, demostrar esa relación. En otros términos, que la teoría del valor explique el valor del dinero sin pensar en éste como una mercancía cualquiera, caso contrario sería una tautología. Pero esa condición de posibilidad teórica no existe. Los precios son explicados por la teoría del costo primo marginal (9) y por la teoría de las preferencias del consumidor y de los equilibrios del mercado (10). La moneda, de su parte, no tiene ninguna explicación desde la teoría del valor vigente; de hecho, se la toma como un dato exógeno al sistema (11). El análisis económico moderno considera que la moneda es como un "velo" que impide mirar el engranaje interno de la economía (12).

Por ello, la economía liberal no tiene ninguna idea de cómo entender teóricamente las crisis monetarias y sus mecanismos de transmisión. Puede describirlas, pero no comprenderlas. Empero, lo que es una debilidad teórica se convierte en una amenaza social cuando, a pretexto del concepto económico de la neutralidad de la moneda, la política monetaria es utilizada en beneficio exclusivo del poder financiero y en contra de las sociedades. Están ahí para constatarlo los países latinoamericanos que en la década de los años ochenta y noventa tuvieron que sacrificar a sus economías y a sus sociedades para salvar a la moneda y garantizar una transferencia neta de capitales hacia el sector financiero internacional. Las políticas de ajuste que legitimaron esa transferencia monetaria y que destruyeron a las sociedades latinoamericanas, cumplieron ese rol del espejo que evitaba mirar el rostro de la Medusa. Esas políticas económicas, asumidas en especial desde la vigilancia del FMI y del Banco Mundial, pueden ser consideradas como verdaderos actos de terrorismo económico contra los pueblos y no se trata de ninguna exageración como lo demuestra Naomi Klein en su libro "La Doctrina del Shock" (13). Constan también como ejemplos los casos de la crisis de los países europeos de fines de la primera década del 2000. Grecia, Irlanda, Portugal fueron sometidos a dolorosos programas de ajuste macrofiscal que ya fueron ensayados previamente en América Latina. Está también la crisis financiera de EEUU y la forma por la cual ésta fue resuelta.

En efecto, cuando en septiembre del año 2008 el Congreso Norteamericano aprobó el programa TARP (Troubled Asset Relief Program), y autorizó la emisión monetaria por 700 mil millones de dólares a ser entregada directamente al sector financiero especulativo norteamericano, por lo demás el causante directo de la crisis, el discurso económico nunca dijo que esa emisión monetaria sería inflacionaria. Dos años más tarde, cuando el entonces presidente americano, B. Obama, propuso una nueva emisión monetaria de 600 mil millones de dólares para reactivar la producción y generar empleo, entonces el discurso económico reaccionó diciendo que esa emisión sí era inflacionaria.

De hecho, en la crisis de 2008-2011, la política monetaria de EEUU, de la zona euro, de Suiza y de Japón fue altamente expansiva. Solo hasta fines de 2008 se calculaba en cerca de tres trillones de dólares la expansión monetaria mundial provocada por la política monetaria para salvar de la crisis al sistema financiero privado internacional (14). De otra parte, la creación monetaria de los mercados sobre el mostrador (OTC's), en productos financieros complejos como los derivados financieros, según estadísticas del Banco de Pagos Internacionales, daba cuenta de una expansión monetaria del orden de los 600 trillones de dólares (casi diez veces el PIB mundial). De ser cierta la teoría monetaria del liberalismo económico, en algún lugar del mundo, esa enorme expansión monetaria debió provocar, asimismo una inflación correlativa. Demás está decir que esa emisión monetaria jamás provocó inflación y que el crecimiento de los precios de ese periodo se debió a la presión por los commodities por parte de la industrialización agresiva de varios países de la periferia del capitalismo y el manejo del mercado global por parte de las corporaciones transnacionales.

Esto nos indica que el concepto de base de la teoría económica vigente, la ley del valor, no es operacional para comprender la realidad económica actual. La ley del valor, en cualquiera de sus versiones, incluida la canónica, no permite comprender ni la moneda, ni la monetización creciente de sectores que antes estaban fuera de las relaciones capitalistas y mercantiles, como la belleza escénica, el ADN humano, el clima, el agua, la geoingeniería, etc., ni a los mercados organizados y la expansión monetaria que producen, como por ejemplo los mercados sobre el mostrador OTC's (Over The Counter) que cotidianamente transan productos financieros complejos, como los derivados financieros, por billones de dólares. Pero, en cambio, la teoría económica liberal un excelente dispositivo político para transferir riqueza desde la sociedad hacia los grupos de poder que la dominan y la coercionan. Es también un excelente mecanismo para consolidar las relaciones de poder y dominación del sistema.

La necesidad de una alternativa

Precisamente por ello es necesario revisar los marcos teóricos de base del pensamiento económico y pensar en las alternativas. Las estrategias de liberalización y desregulación adoptadas a nombre del libre mercado, están haciendo un daño enorme a la humanidad en su conjunto y la teoría económica vigente ha roto todo contacto con la ética y con la solidaridad. A la crisis ambiental hay que añadir la crisis social. Incluso las sociedades norteamericana y europea están sufriendo los embates de la crisis. Las cifras de desempleo, pobreza y marginamiento social, en estas regiones, son importantes.

Empero, para poder posicionar un marco alternativo a la episteme dominante en la economía es necesario distinguir los contornos epistemológicos del discurso de la economía porque es ahí en donde hay que trazar los límites y demostrar sus contenidos ideológicos. El discurso del Sumak Kawsay, como alternativa al discurso de la economía, está llamado a constituirse en el discurso que ponga un límite teórico al pensamiento económico liberal y, en tal sentido, debe demostrar que ese discurso está agotado en sus posibilidades teóricas e históricas. Y lo es porque es el único discurso que plantea un debate no solo al texto de la economía liberal sino al contexto que la alberga y le otorga coherencia y racionalidad: el proyecto civilizatorio de la modernidad occidental y capitalista. Mientras el marxismo estaba aún atado a las promesas emancipadoras de la modernidad, el Sumak Kawsay abre una visión que incorpora en una sola dinámica la crítica a la modernidad y al capitalismo y lo hace desde una visión diferente: aquella de la alteridad radical.

Para tal fin, quizá sea conveniente visualizar las dinámicas más importantes del discurso de la economía liberal y que sintetizan sus mayores esfuerzos teóricos. Esas dinámicas hacen referencia a la forma por la cual el discurso liberal de la economía intenta domesticar al interior de sus propuestas normativas a los seres humanos, las sociedades y, en definitiva, la historia. Si se logran identificar esos ámbitos, el discurso del Sumak Kawsay puede deconstruirlos teóricamente para, finalmente, desalojarlos del horizonte del saber humano. No se trata solamente de una tarea teórica, en realidad, es una misión histórica cuyo trasfondo es detener la deshumanización de la historia provocada por el liberalismo y su ideología de los mercados, el crecimiento económico y los mercados.

Ahora bien, el discurso económico del liberalismo ha generado dispositivos ideológicos tendientes a petrificar, en un orden determinado del saber, las relaciones de poder del sistema y los ha fijado al interior de una estructura epistemológica compleja denominada "economía". Ha creado, al efecto, una parafernalia teórica densa y compleja que hace difícil incluso su completa visualización y que tiene la pretensión de presentarse como un verdadero discurso científico. Para el efecto acude a toda la simbología del positivismo epistemológico para disfrazarse de ciencia. Como discurso científico tiene mayores posibilidades de generar hegemonía, es decir, dominación por consenso. Entre esos disfraces que ha adoptado el discurso de la economía, las matemáticas cumplen un rol fundamental.

La ontología del oikos como biopolítica

En este discurso de la economía liberal hay una intuición de base sobre la cual está construida toda la economía y que puede ser deconstruida desde la trama epistemológica del Sumak Kawsay. Esa noción de base es la consideración de que la sociedad está conformada por la agregación de individuos, y que tal como es y cómo se comporta un individuo aislado así es la sociedad en su conjunto. La sociedad desaparece en los individuos. El todo no es más que la suma de las partes. La sociedad deviene masa. En teoría económica se convierte en "agregados". Sobre esta intuición está sustentada toda la analítica de la economía liberal.

Estos individuos y su comportamiento pueden ser sistematizados al interior de una estructura narrativa supuestamente coherente, si se comprueba un patrón de comportamiento que sea universal y necesario para cada uno de ellos, independientemente de sus características sociales, étnicas, de clase, de género, de ideología, o de edad. Ese patrón de comportamiento puede establecerse desde una lógica que permita identificarlos por fuera de toda consideración social.

La única forma de descubrir esos patrones de comportamiento es, precisamente, alejándose de la sociedad y adentrándose en la psiquis de los individuos y sus sentimientos más primarios. Ahí, en ese espacio en donde cada uno de los individuos construye su individualidad, la moderna economía liberal encuentra sus motivos. Todos los individuos, para la economía moderna, son egoístas en el sentido en el que buscan maximizar todas las circunstancias y condiciones que le brindan satisfacción y, en la misma vía, minimizan todas aquellas que les provocan malestar. Esa trama no es social, es biológica. Apela a los instintos más primarios. No ha sido demostrada científicamente, pero cumple un excelente rol de legitimador ideológico. A partir de ahí puede fundamentar el comportamiento estratégico de los seres humanos como comportamiento económico.

Los seres humanos, para el liberalismo, son seres egoístas que buscan maximizar sus preferencias a espaldas de sus prójimos, de su sociedad y de su historia; esos seres humanos tienen que optar entre fines alternativos los escasos recursos existentes (15). A partir de esta noción de medios escasos y usos alternativos, y también de aquello que Adam Smith consideraba como la propensión natural de los hombres al intercambio, el discurso liberal de la economía abandona toda consideración social e histórica y se dedica a comprender ese "comportamiento" humano estructurado desde la escasez (16).

Entre la elección de bienes escasos para fines alternativos median la dinámica de los precios y del mercado. La compleja y diversa racionalidad humana es vista en términos de comportamiento primario e instintivo (behavior). Todos los elementos que conforman y definen la racionalidad humana se reducen a esta estructura de maximización de satisfacciones en un contexto de escasez de recursos. La acción humana, como la llamaba Von Mises, es estratégica, es "praxeológica" (17).

La economía liberal, de esta forma, empobrece la racionalidad humana y la presenta como un mero rasgo instintivo y biológico. Esta racionalidad primaria y elemental se conecta con el sistema de precios y de mercados, y conforma una estructura de elección que puede ser descrita en términos formales (o matemáticos). Ahí radica la estructura de base de todo el discurso económico moderno. Todos los seres humanos disputan entre ellos esos recursos escasos. Los precios sancionan la eficiencia en la utilización de esos recursos escasos. La economía liberal presenta un entorno de todos contra todos, de ahí que no sea raro que su filósofo político preferido sea Thomas Hobbes.

Los seres humanos optan por diferentes bienes escasos y los utilizan de forma óptima (o racional), utilizando para el efecto su ingreso monetario. No se sabe nunca en dónde nace este ingreso y porqué unas personas tienen más recursos monetarios que otras. Esos problemas a la economía moderna no le interesan. Pero esa relación entre ingreso monetario y trabajo le es funcional para crear un dispositivo ideológico importante, aquel del capital humano.

En efecto, el ingreso, tal como lo definía Irving Fisher, es el rendimiento de un capital. Es decir, el ingreso de los trabajadores que antes formaba parte de la categoría de salario y que de alguna manera remitía a un proceso social e histórico, en la ocurrencia, la clase obrera y la contraposición antagónica entre el capital y el trabajo, ahora se desvanece y puede interpretarse a su ingreso como la renta del trabajo, porque aquello que entregarían los trabajadores no es fuerza de trabajo, ni tiempo, sino "capacidades" u "oportunidades", vale decir, "capital humano" (18). Si para Bohm Bawerk el capital constaba desde los inicios de la humanidad, para los neoliberales modernos, el capital está inscrito en los genes de las personas.

La teoría del capital humano disipa cualquier consideración a la historia y a la sociedad e inscribe las dinámicas sociales al interior de procesos biológicos y naturales (19). Como procesos biológicos, las leyes que los describen no hacen referencia a la sociedad sino a la naturaleza, en consecuencia, las leyes de la economía se convierten en leyes naturales, una dinámica que obedece exactamente a aquella definición que habíamos establecido para la ideología: la petrificación de lo existente.

Las leyes naturales ni se discuten ni se confrontan: se registran y se establecen. La forma de registro es aquella determinada por la ciencia moderna y sus parámetros positivos. La economía, deja de ser ciencia social y se convierte en ciencia natural. Los seres humanos dejan de ser seres sociales e históricos y se convierten en autómatas sometidos al imperio de maximizar sus preferencias en un contexto de escasez. El registro de ese comportamiento ahora hace parte de la ideología del liberalismo en una disciplina denominada "microeconomía", y el epítome de la microeconomía es la "neuroeconomía". En la neuroeconomía el mercado actuaría a nivel de neurorreceptores y neurotransmisores que pueden identificarse a través de estudios médicos y biológicos. La economía desciende de la biología a la fisiología.

El proceso ideológico, de esta manera, cierra el círculo. ¿Qué puede decirse en contra de un determinado neurotransmisor que constata de manera biológica una decisión de optimización en el mercado? ¿Cómo pueden cuestionarse las investigaciones genéticas que buscan mejorar las capacidades innatas del capital humano? Es evidente que el concepto de capital humano es racista, pero ¿ha sido causa para ser desalojado del arsenal teórico del liberalismo económico actual? En absoluto. De otra parte, ¿qué tiene que ver el comportamiento individual y estratégico del homo economicus en sociedades en las que éste, simplemente, no existe? ¿Es esto "ciencia"? Habría que recordar que los creadores de la teoría del capital humano, Schultz y Becker, fueron "Premios Nobel de Economía".

Sin embargo, este discurso que biologiza a los seres humanos y elimina a las sociedades, no es novedoso. Consta en los orígenes mismos de la burguesía como clase y del capitalismo como sistema. Hacia fines del siglo XVIII, Town- send refutaba a Adam Smith el hecho de haber convertido a la economía en una ciencia social y haber olvidado los procesos naturales de selección de los más fuertes. Para Townsend "es la cantidad de alimentos lo que regula el número de la especie humana" (20). Si la cantidad de alimentos está determinada por las condiciones geográficas y por la fertilidad del suelo, entonces es obvio que los recursos serán escasos. Un argumento que sería retomado por Robert Malthus y por David Ricardo a inicios del siglo XIX. En el caso de David Ricardo, por lo demás el tutor teórico de los neoliberales actuales, su adscripción a la escasez de recursos era un recurso ideológico para sustentar su teoría de la distribución de la riqueza, en un contexto en el que la lucha de clases perfilaba el antagonismo radical entre el capital y el trabajo.

Pero regresemos a Townsend, su intención, al igual que aquella de David Ricardo, era otorgar argumentos para eliminar las Leyes de Pobres que en la Inglaterra victoriana impedían la conformación de un mercado capitalista regido bajo las leyes del mercado, es decir, que el precio del trabajo sea establecido por el mercado. Empero, para Townsend, estas leyes eran inoficiosas e irrelevantes, en realidad, el proceso por el cual se puede crear esa fuerza de trabajo que demanda la naciente industria capitalista era el hambre, en efecto: "El hambre domará a los animales más feroces, les enseñará decencia y civilidad, obediencia y sujeción, al más perverso. En general, es sólo el hambre lo que puede aguijonearlos y moverlos (a los pobres) a trabajar … el hambre no es sólo pacífica, silenciosa, una presión constante, sino que, como la motivación más natural para la industria y el trabajo, induce los esfuerzos más poderosos …" (21).

Del hambre como fenómeno político al capital humano como reflexión teórica, media la consideración de que la construcción ex profeso de la economía como una ciencia natural, cuyo objetivo real sería traslapar procesos sociales e históricos y presentarlos como naturales y definidos. De esta manera, la escasez que es un fenómeno político y que está asociado a la acumulación del capital se presenta como un fenómeno natural, ante el cual nada puede hacerse sino registrarla y adaptarse.

No obstante, hay que recalcar que la acumulación capitalista crea la escasez y la utiliza políticamente. Quizá la mejor ejemplificación de esa creación ex machina de la escasez esté en el mismo recorrido histórico del capitalismo, cuando gracias a las políticas keynesianas de demanda efectiva pudo crear las condiciones para el pleno empleo y para una economía sin escasez. Es significativo el hecho de que, durante las tres décadas de Estado de Bienestar, no hayan existido crisis económicas, y que el retorno del paradigma neoliberal esté signado por la presencia de la crisis.

La escasez solo existe en las coordenadas del proyecto de la modernidad y del capitalismo, y es uno de los dispositivos más importantes que la burguesía tiene para el control político a la sociedad (22).

El Sumak Kawsay como crítica radical

Ahora bien, la única posibilidad de realizar una crítica sustentada y coherente a los paradigmas de la economía liberal es desde la noción del Sumak Kawsay, porque esta noción remite la discusión hacia los fundamentos de base de la economía. Hasta el momento, no existe otra propuesta teórica que permita debatir los fundamentos de la economía, porque la matriz filosófica de esos fundamentos no está en la economía sino en la modernidad como proyecto civilizatorio.

En efecto, si se pretende cuestionar la teoría del homo económicas y sus derivas del capital humano y la neuroeconomía, o aquella de la escasez de recursos y la acción estratégica, es necesario establecer una crítica a las nociones de base y éstas constan en el proyecto de la modernidad, incluidas sus propuestas emancipatorias. Como núcleo original y condición de posibilidad del homo económicas está la noción moderna de individuo y su ontología política.

No se puede cuestionar al homo económicas sin, finalmente, remitirse al "ciudadano" de la política moderna, y no se puede criticar a la ciudadanía sin dejar de cuestionar al Estado- nación moderno. La única posibilidad teórica de establecer esa crítica es desde el Sumak Kawsay, porque esta noción plantea algo que es desconocido para el proyecto de la modernidad: el estatuto constitutivo de las alteridades radicales frente a la ontología política del sujeto moderno.

El Sumak Kawsay ha sido propuesto desde los pueblos indígenas andinos. Forma parte de su visión ancestral con respecto a la sociedad y su relación con la naturaleza. En ese sentido, sus referentes civilizatorios son diferentes a aquellos de la modernidad. Más, los Estados-nación modernos los han considerado como una rémora para el desarrollo. Las estructuras de poder crearon dispositivos de dominación sustentados en la idea de raza que invisibilizaron y destruyeron de forma radical los rasgos culturales y civilizatorios que los definían como pueblos. También articularon las estrategias de desarrollo para ayudarlos a "salir’ y "progresar". El mismo discurso del marxismo los ubicaba como pueblos bárbaros o salvajes, es decir, en la antesala de la historia.

Pero los pueblos indígenas no son subdesarrollados, ni salvajes, ni bárbaros. Tampoco adscriben a las nociones del bon sauvage, con la que pretende verlos cierta cooperación internacional al desarrollo. Son pueblos que han sido integrados al sistema mundo capitalista y que ahora se defienden de la globalización y el neoliberalismo apelando a su propia memoria. Para estos pueblos, las ideas de "progreso", "crecimiento económico", "consumo", "acción humana estratégica", "individuo", entre otras, están en contrapunto con su historia, con su memoria, con su vida.

Su sola presencia da cuenta de que el discurso del crecimiento económico, del progreso humano, y de la ideología de los mercados que se equilibran, es ideológica, porque sus pretensiones de que los consumidores o los mercados son realidades trascendentes y, por tanto, universales y necesarias, chocan de manera directa con el mundo de la vida de estos pueblos que no tienen nada que ver con el capitalismo y, de hecho, han vivido siglos por fuera de la racionalidad capitalista.

Pero lo que en el algún momento pudo ser la constatación de los límites reales a la expansión de la racionalidad mercantil del capitalismo, ahora se convierte en la posibilidad de una crítica teórica a esa expansión del capitalismo. Aquello que permite la transición de una forma de vida a un cuestionamiento radical al sistema está en la expansión misma del capitalismo que violenta a todos los pueblos del planeta y los obliga a adscribirse de grado o por fuerza a las lógicas mercantiles del capitalismo. Fue como una estrategia de defensa al avance del capitalismo que las organizaciones indígenas de América Latina propusieron la noción del Sumak Kawsay.

Pero con el capitalismo no hay oportunidades de negociación. El liberalismo es una ideología totalitaria y profundamente antidemocrática. Para aquellos que resisten al mercado el liberalismo utiliza el expediente de la violencia directa. A la expansión liberal acompaña el desalojo de territorios, el despojo de recursos y la criminalización de las sociedades. Rosa Luxemburg veía en este proceso de acumulación de capital por la violencia histórica como una característica fundamental del sistema (23). Acumulación significa siempre violencia.

Es para defenderse a la violencia del capital y posicionar la necesidad de humanizar nuevamente las sociedades que ahora el Sumak Kawsay se convierte en el discurso crítico más importante al capitalismo.

La visión del Sumak Kawsay ha logrado convertirse en un argumento importante para cuestionar al desarrollo y desde ahí cuestionar a la modernidad y a la economía, porque los pueblos indígenas han logrado constituirse en importantes sujetos políticos que han transformado la política en la región. Esta propuesta ha acompañado su resistencia y ahora se ha convertido, en un término que gustaba a los Letristas franceses, en un potlach.

El Sumak Kawsay no es una visión antropológica del etno desarrollo, ni tampoco una recurrencia romántica en contra de la modernidad, sino la posibilidad de mirar de otra manera un discurso ideológico y científico, aquel de la economía y sus prescripciones normativas. Esa mirada está estructurada desde la alteridad a la modernidad. Y no se trata de una alteridad complaciente con la modernidad sino de una alteridad radical a la modernidad occidental.

Ante la presencia de la alteridad radical los supuestos de base de la economía moderna no son pertinentes. En las comunidades indígenas no existen individuos que maximizan su comportamiento en función de su egoísmo estratégico. Ese mismo principio de racionalidad estratégica que calcula el mayor beneficio posible de recursos escasos, no tiene ni sentido ni pertinencia en el mundo andino ni en ningún otro estructurado desde las instituciones ancestrales.

Las nociones de precios relativos, maximización de utilidades, rendimientos decrecientes, equilibrio general, entre otras, se demuestran incongruentes e incluso incoherentes con el modo de vida de esas comunidades y pueblos. El discurso de la economía siempre ha estado consciente de que en esos pueblos había un sedimento de historia que era necesario suprimir de forma radical. Las políticas de modernización buscaban, precisamente, destruir esas instituciones ancestrales o, en el mejor de los casos, adscribirlas a las lógicas modernas del beneficio mercantil. Empero, esas comunidades han resistido la modernización y al capitalismo. La prueba está en que han logrado posicionar el discurso del Sumak Kawsay como horizonte de sentido para la sociedad por fuera de aquel del desarrollo y crecimiento económico.

El discurso del Sumak Kawsay establece que es necesario rescatar esa diversidad que conforma a toda sociedad y que intenta ser destruida por la economía liberal y sus discursos legitimantes.

El imperialismo teórico del oikos

Empero, para la economía moderna el Sumak Kawsay no existe. No es aceptado como una crítica válida y, menos aún, como una posibilidad fáctica de reconstitución social. De hecho, la economía liberal no acepta críticas ni siquiera de aquellos que se inscriben al interior de sus marcos teóricos. Siempre me he preguntado por qué esa resistencia a aceptar críticas y debatir conceptos por parte de la teoría económica liberal.

Creo que el imperialismo teórico de la economía liberal obedece a la existencia de un núcleo interno que no admitiría discusión posible y del cual ni siquiera estarían conscientes los economistas liberales. Ese núcleo estructuraría y daría coherencia a todo su discurso "científico" y lo neutralizaría de cualquier crítica que pueda provenir por fuera de su propia racionalidad. Ese núcleo, creo yo, es la ontología del sujeto moderno. Sin embargo, como es un recurso ontológico, su presencia y consistencia no es científica, al menos en el sentido del positivismo lógico, sino metafísica. Este sujeto moderno, que ha sido denominado como "cogito", es trascendente en el sentido que funda todas las dimensiones de base de la modernidad, incluidas por supuesto, aquellas que fundan la economía. Por ello, al reverso del homo economicus subyace el cogito trascendente y metafísico de la razón moderna.

Considero que la fundamentación de este sujeto de la modernidad, a saber, el individuo poseedor de una razón autosuficiente, es ontológico, aunque la modernidad haya, supuestamente, roto cualquier lazo con la ontología. Y es ontológico porque determina el ser-moderno en todas sus dimensiones, y al fundamentarlo clausura la posibilidad de que puedan existir otros sujetos trascendentales al interior de la modernidad.

Ahora bien, considero que ese sujeto trascendental justifica y legitima las relaciones de poder de la burguesía y del capitalismo, de ahí que el sentido de esa ontología sea siempre político, y quizá la mejor demostración está en la categoría de ciudadano como fundamento del Estado moderno y de la democracia participativa de liberalismo. Esa misma ontología política tiene una deriva teleológica cuando convierte a la ciudadanía en una finalidad en sí misma.

Se considera a la categoría de ciudadano como universal y necesaria al interior de la polis moderna. Así, por ejemplo, los derechos del ciudadano están ontológicamente fundados en el sentido en el que fundan la política moderna y que no admiten discusión posible. Al no admitir discusión se axiomatizan. Al convertirse en axiomas estructuran un discurso en el que se discuten sus prescripciones, pero jamás sus fundamentos de base.

Este mismo proceso se realiza en el discurso del oikos. Se considera que el individuo como consumidor es un sujeto trascendental ontológicamente fundado que es necesario discernir en sus comportamientos más íntimos para descubrir y describir el funcionamiento más fundamental del orden del oikos. No se piensa bajo ninguna circunstancia que puedan existir otros sujetos trascendentales diferentes a aquel del sujeto moderno.

Es precisamente por ello que hago referencia a la ontología, porque en la ontología no hay espacios para considerar a las diferencias. El Ser, por definición, es. Lo abarca todo y no existe nada por fuera de él. Lo que existe es una dimensión de ese Ser. Para la escolástica medieval estaba claro que el Ser era la Divinidad, pero para la modernidad, que ha roto toda amarra con las hipotecas teológicas y especulativas, el Ser no puede adscribir a ninguna idea de divinidad. De ahí su tendencia a romper con la metafísica, aunque tenga, por debajo de la cuerda, suscribir sus pretensiones.

Este proceso es inherente a la conformación de la razón moderna como logos y como techne, es decir, como conocimiento y posibilidad, en un mundo desencantado y profano. Ahora bien, regresando a la noción del Sumak Kawsay, considero que uno de los méritos que tiene esta noción es la de fisurar esa ontología política de la modernidad, porque gracias al concepto de alteridad radical se puede pensar en un sujeto alternativo y diferente que aquel del sujeto moderno. Es decir, la figura del consumidor (homo economicus) solo es pertinente al interior de la ontología política del sujeto moderno, fuera de esa ontología hay otros sujetos que no tienen nada que ver con ese sujeto moderno y que, en consecuencia, ameritarían otro tratamiento conceptual y epistemológico para su estudio y consideración.

La cuestión es que las sociedades son complejas y diversas. La existencia de varios sujetos ontológicamente fundados da cuenta, precisamente, de esa diversidad. Si esa sociedad quiere ser democrática y abierta, como lo decía Popper, tiene que reconocer esa diversidad que la atraviesa y la constituye. Y al reconocer esa diversidad, tiene que comprender que el discurso que fundamenta a uno solo de los sujetos que la constituyen no sirve para fundamentar, describir y prescribir a los otros sujetos ontológicamente fundados que la conforman.

Quizá el discurso del crecimiento económico y el progreso esté bien para un sector de la sociedad, pero no es pertinente para toda la sociedad. De la misma forma con el discurso de la economía liberal y sus nociones de consumo, equilibrio, precios, entre otros. Esos conceptos pueden ser pertinentes en determinadas circunstancias, pero no dan cuenta de la complejidad de las sociedades. Es urgente, entonces, comprender esa complejidad y ese estatuto constitutivo de los sujetos ontológicamente diferentes al sujeto moderno, y la única posibilidad de hacerlo es desde el Sumak Kawsay.

El discurso del Sumak Kawsay no puede enredarse en discusiones estériles, como aquellas propuestas por el Sr. Zambrano en sus "refutaciones", porque son discusiones que invitan a girar alrededor de las propias tautologías del poder. En la actual coyuntura aparece como irrelevante discutir sobre la pertinencia del PIB como indicador de crecimiento24, o de la pertinencia normativa del marxismo y del fracaso de los países socialistas, e incluso en el fracaso del Consenso de Washington y del neoliberalismo en su versión monetarista, al menos en los países latinoamericanos, creo que hay problemas más densos y complejos que ameritan respuestas urgentes.

También, me parece, es ingenuo hablar del "milagro chileno" y presentarlo como vitrina del liberalismo, porque nunca ha existido tal milagro chileno. Chile es una economía tan primaria como el resto de economías de Sudamérica, y el crecimiento económico sustentado en un agresivo extractivismo y en un crecimiento de los precios de las materias primas (commodities) fue a parar directamente al 10% más rico de la sociedad chilena. Para los chilenos más pobres, el crecimiento económico de su país apenas fue un simulacro (25). Lo mismo puede decirse con las otras "vitrinas" que la ideología liberal ha creado, como Islandia, los "tigres asiáticos", etc.

En consecuencia, esta discusión que propone la ideología liberal es irrelevante porque el centro del debate no está ahí. El discurso del Sumak Kawsay, en consecuencia, debe hacer caso omiso de estas provocaciones ideológicas y asumir el cuestionamiento radical a la ideología liberal.

Esa disputa no es trivial ni corresponde únicamente al campo de la teoría. En realidad, es una disputa al interior de las relaciones de poder y su campo de legitimidad y hegemonía por parte de los discursos de poder que la sostienen, entre ellos, el discurso de la economía.

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1 Cfr. Graves, Robert: Los mitos griegos 1, Alianza Editorial, España, 2006, pps 315-326

2 “Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes de cada época; o dicho, en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante … Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, las mismas relaciones materiales dominantes concebidas como ideas.” Marx, Karl: La Ideología lemana. Ed. Cultura Popular. México, 1978, pp. 50-51, cursivas el original.

3 Lucio Colleti toma como ejemplo de esa intención de perennidad del capitalismo la reflexión teórica de Böhm Bawerk de la escuela austríaca. Escribe Colleti: “Como se sabe (La Teoría Positiva del Capital, de Böhm Bawerk, P.D.), se trata de una de las obras más importantes del pensamiento económico después del viraje “marginalista”. En el prefacio a la cuarta edición de 1921 von Wieser escribe que “si se prescinde de El Capital de Marx” ésta “es la obra teórica que más ocupó a los espíritus desde la época clásica de nuestra ciencia”. Schumpeter dedicó a su autor un vasto ensayo que luego fue recopilado en Diez grandes economistas … Pues bien, el concepto de capital que expone resulta tal que para él el capital lo es todo: el arco, la flecha, la piedra o el palo con que el salvaje abate su presa y cualquier cosa que sirva como medio para procurarse otra … En una palabra: es el medio de producción como tal, independientemente de las relaciones históricas y sociales en que se lo emplee … Para él, de hecho, el capitalismo no es un fenómeno histórico, algo surgido en el tiempo y destinado a pasar, sino una institución que subsiste desde los orígenes del mundo.”: Colleti, Lucio: El marxismo y el “derrumbe” del capitalismo. Siglo XXI Editores, México, 1978, pp. 14-15, cursivas el original.

4 Utilizaré en adelante el concepto “oikos” para referirme al discurso de la economía como ideología. Para una comprensión de cómo la noción griega del oikos se convirtió en un dispositivo de poder de la modernidad en la oikonomia (administración de la casa), cuyas bases son teológicas, remito al texto de Giorgio Agamben, en donde éste manifiesta que el discurso de la oikonomia forma parte de la doctrina teológica del “gobierno racional del mundo” por parte de la burguesía, Cfr. Agamben, Giorgio: El reino y la gloria. Por una genealogía teológica de la economía y del gobierno. Pre-Textos Ed., España, 2008.

5 Hay un excelente ejemplo de esa metafísica del mercado como una racionalidad suprahistórica y trascendente, en el texto de Milton Friedman, Libertad de elegir, y su ejemplo del lápiz. Cfr. Friedman, Milton: Libertad de elegir. Ed. Orbis, España,1983

6 Las referencias al “fin de la historia” son una constante en el pensamiento moderno, por ejemplo, están en Hegel, quizá uno de los filósofos más importantes de la modernidad. El pensamiento neoconservador norteamericano ha recogido la reflexión del “fin de la historia”, para legitimar la globalización y la Doctrina Bush. Cfr. Fukuyama, Francis: El fin de la historia y el último hombre. Planeta, Barcelona, España, 1992.

7 En su texto de refutación, el Sr. Zambrano hace referencia, como aval de sus reflexiones, el hecho de que los teóricos de la economía liberal, en su gran mayoría, han sido premiados con el Nobel de economía, mientras que los críticos al paradigma liberal, en especial los marxistas, nunca han ganado dicho premio. Sin embargo, es necesario indicar que el Premio Nobel de Economía, strictu sensu, no existe. En realidad, es un premio que el Banco Central de Suecia otorga cada año y de acuerdo a su criterio a economistas cuya reflexión teórica considera importantes. En todo caso, hay una fuerte relación entre la denominada Sociedad del Monte Peregrino, por lo demás creada por Hayek el verdadero mentor del neoliberalismo moderno, con los premios del Banco Central de Suecia que se conocen como Premios Nobel de Economía y que explican por qué la mayoría de economistas premiados son neoliberales. Cfr. Mato, Daniel: Think Tank, fundaciones y profesionales en la promoción de las ideas (neo)liberales en América Latina. En: Grimson, Alejandro (Comp): Cultura y Neoliberalismo, CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Buenos Aires, 2007. Ver también Dieter Plehwe and Bernhard Walpen, Neunhöffer, Gisela: Neoliberal hegemony. A Global critique. Routledge/Ripe.Studies in global political economy. USA. 2009. Ver también: Plehwe Dieter; Mirowski, Philip: Road from Mont Pèlerin: The Making of the Neoliberal Thought Collective, Harvard University Press, Hardcover Ed., USA, 2009.

8 Esta relación entre oferta monetaria e inflación se conoce en economía con el nombre de teoría cuantitativa de la moneda. Keynes demostró en 1936 que se trataba de una tautología sin ningún poder explicativo ni analítico. Empero, la tautología regresó al corpus de la economía de la mano de Milton Friedman, quien propuso en 1956 a la teoría cuantitativa como una teoría de la demanda monetaria. Ver: Desai, Meghnad. El monetarismo a prueba. FCE, México, 1989.

9 La teoría de los costos de producción fue propuesta por Adam Smith (1776). Esta teoría que también se conoce como teoría del valor-trabajo fue retomada por David Ricardo (1817) y por Carlos Marx (1867). Hasta el momento, una de las aporías fundamentales de esta ley del valor-trabajo es que no puede determinar la transformación de valor a precios. Esta aporía se debe a que esta teoría del valor trabajo carece de una teoría del dinero coherente con la ley del valor-trabajo. Esta teoría considera que el dinero es una mercancía que tiene como valor de uso servir de equivalente general y que el precio es la expresión monetaria del valor. Quienes adscriben a la ley del valor trabajo, incluidos los marxistas, están condenados a “neutralizar” la moneda.

10 La teoría del valor de la utilidad marginal tiene en August Cournot y Jeremy Bentham a sus precursores. Fue desarrollada a fines del siglo XIX (la revolución marginalista) cuando se separó al valor de sus condiciones objetivas de producción y distribución y se propuso al valor desde un punto subjetivo de un sujeto individualizado que toma decisiones pensando en la maximización de su propio beneficio (el homo economicus). El economista británico Alfred Marshall, a inicios del siglo XX, utilizaría la ley del valor subjetivo o de la utilidad marginal para derivar las curvas de demanda del consumidor, uno de los instrumentos teóricos más importantes del discurso económico liberal. Ni Marshall, ni los creadores de la teoría de la utilidad marginal (Walras, Jevons, Menger), tienen una teoría del dinero coherente con la ley del valor de la utilidad marginal. Todos ellos explican la moneda con los precios y viceversa.

11 Hasta el presente, el pensador teórico que propuso endogenizar al dinero al interior del proceso productivo y, en consecuencia, ampliar el alcance teórico de la ley del valor ha sido J. M. Keynes y su concepto de “costo de uso”. De lo que se conoce, éste es el único concepto creado desde la economía moderna que permite escapar a la “neutralidad monetaria” y su consecuencia lógica en la teoría cuantitativa del dinero, es decir, que la emisión inorgánica produce, por definición, inflación.

12 “El dinero es un velo porque un sistema monetario que funciona bien permite el análisis del comercio como si fuera un trueque.” Blaug, Mark: Teoría Económica en retrospección. FCE, México, 2001, pp. 40

13 Klein, Naomi: La Doctrina del Shock. El auge del capitalismo del desastre. Paidós, Barcelona, 2007.

14 “The latest data indicate that the Fed, ECB, the Bank of England, the Bank of Japan and Swiss National Bank have together injected USD 2.74 trillion in outstanding amount of liquidity.” V K Sharma: Genesis, diagnosis and prognosis of the current global financial crisis. BIS Review 34/2009, pp. 1.

15 “Economics is the science which studies human behavior as a relationship between ends and scarce means which have alternatives uses”. Robbins, Lionel: The Nature and Significance of Economic Science. Macmillan, Londres, 1962, pp. 16. (Hay traducción al español: Ensayo sobre la naturaleza y la significación de la ciencia económica, México, FCE, 1981).

16 “En la práctica, desde Adam Smith hasta principio del siglo XX, el análisis económico se atribuyó como objeto, en líneas generales, el estudio de los mecanismos de producción, los mecanismos de intercambio y los hechos de consumo dentro de una estructura social dada, con las interferencias de esos tres mecanismos. Ahora bien, para los neoliberales, el análisis económico no debe consistir en el estudio de esos tres mecanismos sino en el de la naturaleza y las consecuencias de los que ellos llaman decisiones sustituibles, es decir, el estudio y el análisis del modo de asignación de recursos escasos a fines que son antagónicos, o sea, fines alternativos, que no pueden superponerse unos a otros … La economía, por lo tanto, ya no es el análisis de procesos, es el análisis de una actividad. Y ya no es el análisis de la lógica histórica de procesos, sino el análisis de la racionalidad interna, de la programación estratégica de la actividad de los individuos.” Foucault, Michel: El nacimiento de la biopolítica, FCE, México, 2007, pps. 259-260-261.

17 “La praxeología, como las ciencias históricas, trata de la acción humana intencional. Si se menciona los fines, entiende los fines que persigue el hombre al actuar; si alude a intencionalidad, se refiere al sentido que el hombre, al actuar, imprime a sus acciones. Mises, Ludwig: La acción humana. Tratado de Economía. Unión Editorial, Madrid, 8va. Ed., pp. 35, cursivas el original.

18 “El sello distintivo del capital humano es que es una parte del hombre. Es humano porque se encarna en el hombre, y capital porque es una fuente de satisfacciones futuras o salarios futuros, o de ambos.” Schultz, Th., citado por Michel Foucault, op. cit. pp 266. Sobre la teoría del “capital humano”, puede verse también: Schultz, Theodore: Invirtiendo en la gente: la cualificación personal como motor económico. Ariel Ed., Barcelona, 1985. Puede también revisarse: Becker, Gary: El capital humano: un análisis teórico y empírico referido fundamentalmente a la educación, Alianza Ed., Madrid, 1983.

19 “The development of modern biology since the mid-nineteenth century and population genetics in the twentieth century made clear that “human nature” is only the beginning, not the end of the answer … This kind of question has been asked by some geneticits and other biologist … Their work has recently been christened “sociobiology” by Edward Wilson … I believe that a more powerful analysis can be developed by joining the individual rationality of the economist to the group rationality of the sociobiologist.” Becker, Gary: Altruism, Egoism, and Genetic Fitness: Economics and Sociobiology. En: The Essence of Becker. Editado por Ramón Febrero y Pedro S. Schwartz, Hoover Institution, Stanford University, California, 1995, pp. 329-330.

20 Citado por Polanyi, Karl: La Gran Transformación. Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo. FCE, México, 2006, pp. 167.

21 Polanyi, ibid

22 En uno de los textos más trágicos y conmovedores que jamás se hayan escrito sobre los campos de exterminio nazis, el italiano Primo Levi comenta el asombro que le produjo constatar que en el campo de Auschwitz-Birkenau, una vez producida la liberación por los soviéticos, se descubrieron enormes depósitos de comida. En un campo de exterminio en donde los prisioneros destinados a los trabajos forzados vivían poquísimo tiempo por estar sometidos a una escasez inexorable de alimentos, aparecía de manera nítida el control político que los nazis hacían de la escasez. El hambre y la violencia sistemática fueron los dispositivos de disciplina, control y sometimiento que utilizaron los nazis en los campos de exterminio. En Auschwitz, strictu sensu, nunca hubo escasez de alimentos, lo demuestran los enormes depósitos de comida que se encontraron luego de la liberación, más para un prisionero de estos campos, sometido de forma intencional y desde el día de su llegada y selección, a la escasez más aberrante y atroz de la que se tenga conocimiento, y que generalmente los conducía directamente a la muerte, la escasez era parte de su cotidianidad y tenía que defenderse de ella. En los campos (o Lager), las migajas de pan eran utilizadas como moneda por los prisioneros. Quizá haya un hilo conductor entre la apelación al hambre de Townsend, la Ley de Hierro de los salarios de David Ricardo y el Lager. Auschwitz, como heurística del capital y de la racionalidad occidental y moderna, demuestra que la escasez es, en realidad, un dispositivo de control político y dominación de clase. El testimonio de Levi está en: Levi, Primo: Si esto es un hombre. Muchnik editores. Barcelona-España, 2001.

23 Cfr. Luxemburg, Rosa: La acumulación del capital. Ed. Grijalbo, Barcelona-España, 1978.

24 Hay una abundante literatura que cuestiona el uso del PIB como indicador de crecimiento sustentable y coherente a nivel metodológico. Arturo Escobar ha desarrollado toda una teoría alrededor de la pertinencia del PIB y de las teorías modernas del crecimiento económico. De la misma manera Aníbal Quijano, Santiago Castro Gómez, Immanuel Wallerstein, Edgardo Lander, etc. Las teorías del regulacionismo criticaron también al PIB como indicador coherente, la misma crítica fue realizada desde las teorías del decrecimiento. Casi todas las corrientes ecológicas, desde la ecología profunda de Naess, también han criticado la pertinencia del PIB. Lo ha hecho Ivan Illich y su propuesta de “convivialidad”. En su “Principio Esperanza”, Bloch también criticó la visión modernizante del tiempo lineal y cuantitativo inherente al PIB. En América del Sur, en especial en Bolivia, se ha producido una importante producción teórica que critica al desarrollismo y sus indicadores. El mismo gobierno francés derechista de Sarkozy nombró una comisión de expertos para crear nuevos indicadores de crecimiento, desarrollo y equidad. Esa Comisión fue conformada por J. Stiglitz, A. Sen y J. P. Fitoussi. Las Naciones Unidas propusieron como alternativa el Índice de Desarrollo Humano (IDH) como un indicador más completo, aunque incluía para su formulación al PIB per cápita. Decir que un país o una región son más desarrolladas que otras porque ha crecido su PIB, en realidad, es más un recurso ideológico que una constatación histórica. Una sencilla adición metodológica de las economías externas negativas al crecimiento económico y medido por el PIB destruiría por completo la argumentación del PIB como indicador de crecimiento. Si en el caso de China, por ejemplo, se incorporasen al cálculo las economías externas negativas provocadas por la agresiva industrialización china, lo más probable es que su indicador de crecimiento económico (PIB) presente saldos rojos.

25 La Comisión Económica para América Latina tiene varios informes sobre la situación económica y social de los países de América Latina. En su Panorama Social de América Latina, del año 2010, los datos presentados por la CEPAL demostrarían que el modelo de distribución del ingreso en el caso chileno ha sido un fracaso. En el año 1990 el 10% de la población más rica de Chile participaba del 11,1% del PIB, mientras que el 10% más pobre participaba con el 0.3%. Dieciséis años después, el 10% más rico aumentó su participación al 16,4% del PIB mientras que el 10% más pobre había participado del 0.6% del PIB. ¿Es este el milagro chileno? Cfr. CEPAL, Panorama económico social de América Latina, CEPAL, Chile, 2010, pp. 154.

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